martes, 12 de junio de 2018

LOS LÍMITES JURÍDICOS AL GOBIERNO DE DUQUE


Imaginemos un escenario oscuro: Iván Duque es elegido presidente y propone una reforma constitucional que modifica la estructura política del Estado, sustituye las altas cortes por un alto tribunal cuyos magistrados son elegidos por el presiente, crea la reelección indefinida del jefe de Estado, ¿se acabaría la democracia en Colombia? ¿Estaríamos en frente de una nueva dictadura?
La verdad es que así Duque tuviera mayorías en el Congreso, no podría modificar la Constitución como deseara, porque la Corte Constitucional ha venido aplicando la doctrina de la sustitución constitucional desde julio de 2003. Según esta doctrina, los Actos Legislativos pueden modificar la Constitución, mas no pueden sustituirla o cambiarla.  En otras palabras, una reforma podría alterar aspectos no esenciales de la Constitución, mas no aquellos fundamentales como por ejemplo la separación de poderes o la protección de los derechos fundamentales.
No es fácil determinar qué es esencial y qué no lo es en la Constitución. La misma Corte ha incurrido, en mi opinión, en algunas contradicciones al respecto. De todos modos, es claro que una reforma que pretenda cambiar las garantías de los derechos fundamentales y la división de poderes sería una clara sustitución constitucional, según los mismos parámetros definidos por la misma Corte.
La Corte, de hecho, ha impedido reformas constitucionales menos drásticas que las que supusestamente haría Duque, como el otorgamiento de poderes legislativos al Consejo de Estado[1] y la alteración de la Carrera Administrativa.[2] Aun más, en pleno apogeo del Uribismo, cuando controlaba el Congreso y la mayoría de la opinión pública, la Corte se opuso al referendo que buscaba la reelección de Uribe y manifestó:
“El referendo como mecanismo de reforma constitucional es, siempre, manifestación del poder constituyente derivado y ni siquiera la intervención del electorado para votar la propuesta, después de haber sido tramitada en el Congreso y revisada por la Corte Constitucional, tiene la fuerza jurídica suficiente para transformar el referendo en acto constituyente fundacional, primario u originario. Es así como en la sentencia C-180 de 2007 se señala que cuando la ciudadanía participa en la convocatoria de un referendo actúa como órgano constituido y, por ende, con poder limitado, porque una es la situación cuando el pueblo, en un acto de afirmación y por fuera de todo cauce normativo, decide reformar la Constitución o darse una nueva y otra distinta aquella en la cual a la luz de las previsiones constitucionales, el pueblo es convocado para que decida si convoca una asamblea nacional constituyente o para que exprese su afirmación o su negación a una propuesta de reforma a la Constitución,  pues en el primer caso el pueblo actúa como constituyente primario, en tanto que en el segundo obra en el ámbito de los poderes constituidos.”[3]
En otras palabras, dada la doctrina de la sustitución constitucional, Duque no podrá hacer mediante actos legislativos o referendos las enmiendas que ha sugerido al poder judicial, así como Uribe no fue capaz de llamar a un referendo que alterara la estructura básica de la Constitución. Duque tampoco podrá nombrar nuevos magistrados, porque de los actuales sólo a uno, Alberto Rojas Ríos, se le vence su periodo durante el próximo gobierno.
Así las cosas, no es cierto que Duque en su gobierno no tendrá control jurídico, porque cualquier intento que haga para acabar la estructura de la rama judicial será bloqueado por la Corte Constitucional, la cual hará uso de la doctrina de la sustitución constitucional. La única opción de Duque, de hecho, para alterar la Carta Política es la de convocar una Asamblea Constituyente, pero es Petro y no él quien la ha propuesto.



[1] Sentencia C 1040/05, Magistrados Ponentes: Manuel Cepeda Espinosa, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy Cabra, Humberto Sierra Porto, Álvaro Tafur Galvis y Clara Inés Vargas Hernández.
[2] Sentencia C-588/09, Magistrado Ponente:  Gabriel Eduardo Mendoza Martelo
[3] Sentencia C-141/10, Magistrado Sustanciador: Humberto Sierra Porto.  

lunes, 11 de junio de 2018

Petroeconomía

En el plan económico de Petro hay dos elementos centrales que ameritan una profunda discusión. El primero se refiere a las ventajas de cambiar una economía extractiva por una agrícola. El segundo es su propuesta sobre el sistema de pensiones.
Empecemos con la transición a una economía agrícola. Según Petro, Colombia sufre de enfermedad holandesa, gracias a los altos precios del petróleo, lo que hace poco competitivas las exportaciones de otros sectores, en especial el agrícola.
La imagen que presenta Petro es la siguiente: Las exportaciones petroleras hacen que muchos dólares entren al país, lo cual produce una revaluación del peso. Como los sectores exportadores venden en dólares que deben cambiar en pesos, sus industrias dejan de ser competitivas. Supongamos que una persona exporta mesas, cada una a 50 dólares. Si cada dólar vale 3.000 pesos, el exportador recibirá 150.000 pesos por silla, cuando ingrese el dinero al país. No obstante, si el precio del dólar es sólo 2000 pesos, el mismo exportador recibirá sólo 100.000 pesos.  Un importador, al contrario, se verá beneficiado con un dólar barato, porque recibirá más dólares por los pesos con los que sus clientes les comprarán sus mercancías.
Para acabar de agravar las cosas, las industrias petroleras emplean a pocas personas. Como los sectores exportadores no son competitivos, por los bajos precios del dólar, empiezan a despedir a sus empleados. Si no se produce un cambio en la economía, el desempleo será aún mayor, porque cada vez habrá menos personas con capacidad adquisitiva. A menor consumo, menos comercio y más desempleo.
Así las cosas, Petro sugiere que no necesitamos el dinero del sector minero. En el momento en que nuestra dependencia por el petróleo disminuya, las exportaciones mejorarán y la economía colombiana será más sólida y competitiva. Para sustentar esta tesis, Petro señala que la producción de café aumentó una vez los precios del petróleo cayeron. Como este caso sugiere, no sólo las rentas mineras son innecesarias, sino que son dañinas para la economía del país.
El argumento de Petro, sin embargo, tiene tantos errores que a mí me asombra que no hayan sido mencionados en las entrevistas que se le han hecho. El primero es que agrupa al sector minero, como si fuera un sector homogéneo. En términos ambientales, laborales y económicos, no es lo mismo la extracción de petróleo, carbón, oro o sal, por sólo mencionar algunos casos. Para que la propuesta y el diagnóstico de Petro tuvieran sentido, sería necesario que discriminara entre todas las diferentes actividades mineras y dijera cuáles pretende estimular y cuáles no.
En segundo lugar, no es cierto que la exportación de crudos sea una condición suficiente para que exista una enfermedad holandesa. Noruega, por sólo mencionar un caso, es el séptimo exportador de petróleo en el mundo (Venezuela, a propósito, es el noveno) y tiene un desempleo menor al 4%. Es posible evitar los efectos de la enfermedad holandesa de muchas formas: guardando parte de los ingresos por fuera del país o invirtiendo en infraestructura. Asimismo, no es cierto que sea imposible conservar la exportación minera y tener un sector agrícola productivo al mismo tiempo. Como señaló el Senador Robledo hace pocos días, México es el mayor exportador de aguacates en el mundo y ocupa el lugar 12 entre los mayores productores de petróleo.
Tampoco es cierto que exista una correlación entre el precio del petróleo y el desempleo, como sugiere Petro. Entre 2011 y 2014, el petróleo se mantuvo en precios cercanos a los 100 dólares por barril, sin embargo, durante esos años la tendencia del desempleo en Colombia bajó considerablemente. A finales de 2010, el desempleo en Colombia era mayor del 12%, para finales de 2014, era menor al 9%.
Si vemos los aportes por sector al PIB en los últimos años, podemos comprobar los errores del diagnóstico de Petro. Por sólo mencionar un ejemplo, en lo que va corrido del año, el ingreso minero ha disminuido en 1.165 millones de dólares, pero el sector agropecuario, en lugar de mejorar como sugeriría el modelo Petro, también ha decrecido en 24 mil millones de dólares.   
Ahora bien, como ya mencioné, para defender su teoría de la enfermedad holandesa en Colombia, Petro sugiere que el café ha aumentado su producción gracias a la caída de los precios de petróleo en los últimos años. El argumento es engañoso por varias razones. En primer lugar, es ambiguo. Petro nunca ha especificado si se refiere a la producción del café o a las exportaciones de éste. En segundo lugar, porque existe una mejor explicación que la dada por Petro: el aumento de precio del café. A finales de 2016, el precio de una libra de café era 1,7135 dólares. Al inicio de ese año, la libra estaba a menos de 1,200 dólares.
De todos modos, incluso si Petro tiene razón y la recuperación del sector cafetero se debe a la caída en los precios de petróleo, su argumento no prueba que Colombia deba reemplazar el sector minero con el agrícola. El café es, sin duda, el cultivo en el que más se ha invertido a nivel de infraestructura y tecnología en nuestro país, así que un buen ambiente cambiario podría afectar con facilidad este mercado. No sucede lo mismo con otro tipo de cultivos. El aguacate puede demorar, por ejemplo, hasta cinco años en producir frutos. Para democratizar la distribución de la tierra y volverla productiva, el agricultor necesitará durante este lapso del apoyo del Estado en empréstitos y mejoras a la infraestructura vial. Sin estas ayudas, el campesino no podrá crear cultivos competitivos y no tendrá cómo exportar sus productos. En otras palabras, el cambio del paradigma extractivo al agrícola demanda de una fuerte inversión estatal, así Petro no quiera aceptarlo.
Lo anterior me lleva al segundo punto preocupante del proyecto económico de Petro. El candidato sugiere que el dinero que necesita para hacer la reforma educativa vendrá de un cambio en el sistema pensional colombiano que podría ahorrarle al Estado alrededor de 13 billones de pesos. El sistema actual combina un modelo de pensiones público, de prima media, con uno privado, de ahorro individual. La idea es crear uno público, en el que todos los trabajadores tengan la obligación de cotizar. De esta forma, quienes aportan ahora pagarán las pensiones a quienes están retirados. Los fondos privados serán opcionales para quienes desean incrementar sus pensiones por encima de los cuatro salarios mínimos.
La propuesta tiene varios problemas. El primero es el alto de grado de informalidad del mercado laboral colombiano, el cual no aporta ni a salud, ni a pensiones. El segundo problema es común a todo tipo de pensiones piramidal: el sistema colapsa en el momento en que haya más personas mayores que jóvenes. En tercer lugar, el sistema presupone un manejo idóneo y honrado de los dineros públicos. Colombia ocupa el puesto noventa, de un total de 176 Estados, en el índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional.
Es muy probable, por tanto, que Petro no disponga del dinero que necesita para las reformas sociales centrales a su programa de gobierno. El candidato se verá obligado entonces a empréstitos internacionales o a emitir moneda. Es cierto que muchas cosas pueden pasar en el camino, pero este tipo de soluciones usualmente llevan al control de precios venezolano o al fracaso fiscal argentino. Ese parece ser el destino de las propuestas económicas de Petro.



miércoles, 6 de junio de 2018

El Congreso y la Segunda Vuelta

Uno de los argumentos más manidos en favor de Petro se basa en el estricto control político que tendría, en caso de ser presidente. Duque, dicen algunos, controla al Congreso y pretende modificar las altas cortes. El uribismo de esta forma, afirman, manejaría las tres ramas del poder público, lo que en la práctica sería una dictadura. Petro, por el contrario, tendría la oposición del Congreso y tendría un verdadero control político.
A pesar de la popularidad en las huestes Petristas, el argumento contrasta con la posición del mismo candidato, quien ha sugerido en varias ocasiones que ni él ni Duque tienen mayorías en el Congreso. Al respecto, Petro afirmó en una entrevista dada a la W: “Ninguno de los candidatos tiene mayorías en el Congreso. Duque no tiene mayoría en el Congreso. Yo tampoco tengo mayoría. El dato del 11 de marzo determinó que era como un preludio, que la bancada con más fuerza en el senado es la alternativa.
La verdad es que quien conozca las prácticas políticas colombianas recientes sabrá que cualquiera de los candidatos tendrá mayoría en el Congreso, una vez sea elegido. Petro, por ejemplo, entre el Polo, Decentes y las Farc, tendrá 14 curules. Ahora bien, si a esas curules, les sumamos las de los liberales, conservadores y de la U., Petro podría contar con el respaldo de 57 de los 102 senadores.
Es cierto que estos últimos partidos están apoyando a Duque, pero lo hacen, porque esperan que gane las elecciones, no porque tengan alguna afinidad o compromiso político con el candidato. Esos mismos congresistas, de hecho, fueron los que apoyaron el acuerdo de paz como bandera política. Recuerden cómo Gaviria se desgañitaba llamando a Uribe mentiroso. Las asperezas y desavenencias en esos partidos se liman con una buena partida presupuestal, las mismas que controlará el próximo presiente ¿O hay alguien que todavía crea en la fidelidad política de Roy Barreras? Por lo demás, basta escuchar a Musa Besaile cinco minutos, para descubrir qué fácil se hacen las mayorías en el Senado de la República.
Es cierto también que Decentes sólo tiene dos representantes en la Cámara. No obstante, si a esos escaños sumamos los de los partidos antes mencionados, 35 del liberal, 25 de la U, 21 del Conservador, 2 del Polo, Petro volvería a quedar con una mayoría de 85, de 163 representantes.
A diferencia de sus seguidores, Petro sabe que controlará al Congreso si es elegido presidente, por eso confiesa sin ambages que ya no necesita una constituyente. Son sus seguidores, sin embargo, los que todavía creen que el Congreso en Colombia ejerce algún tipo serio de control político. 

lunes, 28 de mayo de 2018

COLOMBIA EN FRACTALES

La Colombia que votará el 17 de junio no sólo está dividida en sus opiniones políticas, también lo está en la forma cómo han vivido los últimos eventos del país. Para unos, por ejemplo, Uribe es el enemigo de la institucionalidad, un político extremista que realizó seguimientos ilegales a las altas cortes y que pagó a varios congresistas para cambiar la Constitución que le impedía reelegirse. Para otros, Uribe es el salvador de la institucionalidad colombiana, el político valeroso que logró que más de 300 alcaldes pudieran regresar a sus municipios, luego de que tuvieran que marcharse por las amenazas de las Farc. Para unos, el M-19 fue una guerrilla diferente que luchó en contra del tenebroso estado de sitio y la exclusión política en Colombia, para quienes sufrieron sus crímenes, en cambio, el M-19 fue una guerrilla siniestra que secuestró, torturó y ejecutó líderes sindicales.  Unos piensan en Uribe como el gran enemigo de la paz, el líder político que se opuso a unos acuerdos que permitieron la desmovilización de gran parte de la guerrilla política más antigua del planeta, otros lo recuerdan como el que político que hizo posible esos diálogos, aquel que fue capaz de doblegar a las FARC luego de la sevicia y arrogancia mostrada por la guerrilla en el Caguán.  Unos piensan en Petro con esperanza, porque están cansados de un modelo económico que siempre favorece a unos pocos. Otros recuerdan su defensa a ultranza del régimen chavista y piensan con nostalgia en la Venezuela que existía antes de la debacle causada por el Socialismo del Siglo XXI. Unos ven en Álvaro Uribe al culpable de los falsos positivos y de las muchas atrocidades cometidas por el Estado en los últimos años, otros admiran que en ocho años de su gobierno, el número de homicidios haya pasado de 28.837 homicidios en 2002 a 7410 en 2010. Unos recuerdan el valor que tuvo Petro cuando en el Congreso denunció crímenes atroces en una época en la que era casi que un crimen cuestionar a Uribe, otros miran con recelo el silencio cómplice que ha guardado siempre respecto de las dictaduras de Cuba y Venezuela. Unos ven en Uribe al gran enemigo de las clases sociales, al político que quitó las horas extras y que privatizó muchas entidades públicas, otros recuerdan que, gracias al crecimiento económico que Colombia experimentó en su gobierno, la pobreza disminuyó más de veinte puntos porcentuales. Unos ven en Petro al gran defensor de los derechos de las minorías sexuales, otros ven con indignación su falta de solidaridad con las fundadoras de Rosa Blanca. Para muchos, los seguidores de Uribe son incautos que festejan hechos en apariencia irrelevantes como poder ir a la finca. Para otros, poder salir de la ciudad significa escapar de ciudades que parecían sitiadas,  visitar familiares, conocer las maravillas naturales de Colombia y hacer industria en un país que estaba asfixiado en medio de las extorsiones y secuestros. Para unos, Petro es un político alternativo, una persona que lleva décadas denunciando la corrupción en Colombia. Para otros, Petro fue el congresista que vendió su voto en el Congreso por un puesto para un amigo en la Procuraduría.


Esta es la Colombia fragmentada que votará en pocos días. Desde el abismo de nuestras experiencias, los colombianos nos miramos con más recelo que empatía, con más precaución que esperanza. El futuro como nación dependerá de la capacidad de entender el otro que desde un abismo nos observa, mas no nuestras opciones electorales. La patria se construye en el diálogo, no en las urnas.  

lunes, 2 de abril de 2018

No seamos humildes: Ganemos el Mundial

El motivo de la debacle futbolística de Colombia en el Mundial de 1994 fue la soberbia. Si hubiéramos sido humildes, no nos habríamos creído campeones sin jugar el primer partido. El 5-0 contra Argentina nos hizo olvidar de nuestras limitaciones. Para ganar algo en el fútbol, se necesita ser humilde.

Para muchos comentaristas y fanáticos, la anterior es la mejor explicación de la temprana eliminación de Colombia en el mundial de 1994. El relato, sin embargo, omite muchos de los problemas que de verdad dan cuenta de lo ocurrido en territorio estadounidense. En primer lugar, oculta la nociva influencia del patrocinador Bavaria en la selección de los partidos de preparación y las extenuantes jornadas a las que los seleccionados se vieron abocados antes de llegar al mundial. También olvida mencionar la siniestra participación de los carteles de la droga en el fútbol colombiano y el truculento mundo en el que se movían los jugadores de la época.

La versión, además, resta toda virtud a los equipos con los que se enfrentó Colombia. Olvida, por ejemplo, que el campeón de ese mundial, Brasil, sólo fue capaz de derrotar a Estados Unidos con un gol de Bebeto en el último tramo del partido y que Rumania salió de la Copa tras ser eliminada en la tanda de tiros desde el punto penal por Suecia, tercero en ese campeonato. Colombia no perdió ante equipos menores a los que se les habría podido ganar con facilidad, sino ante buenas selecciones en uno de los mundiales más reñidos de la historia.

Por otro lado, no es cierto que la humildad sea necesaria para triunfar en el deporte. Cuando se le pregunta a Cristiano Ronaldo sobre el mejor jugador del mundo, el portugués sin ambages contesta que es él. La poco humilde respuesta es dada por quien ha ganado tres ligas de Campeones de Europa, tres mundiales de clubes y una Eurocopa. Si la humildad fuera un requisito sine qua non para ganar títulos, Ronaldo no habría logrado ningún triunfo. Muhammed Ali no sólo le decía a sus contrincantes, “Soy el más grande, ya lo decía antes de saber que lo era,” sino que hacía de la promoción de sus habilidades un arma para atemorizar a los rivales antes de cada pelea.


A la Selección Colombia no habría que pedirle ser humilde, sino demandarle que no lo sea. En lugar del infame “Vamos a aprender” de Bolillo Gómez, los técnicos deberían decir que van a pelear el Mundial, que van a luchar para ganarlo. Claro, es difícil triunfar en un torneo de esos, pero si no se entrena con el afán de lograr el objetivo, jamás podremos alcanzarlo. Toda victoria en la vida empieza con un sueño y con un acto de afirmación de la propia valía: Yo sí puedo. 

lunes, 19 de marzo de 2018

La brillante propuesta de Petro

La propuesta de Petro es sencilla: sustituir la dependencia del petróleo y de las economías extractivas por energía renovable. A diferencia de muchas otras propuestas electorales, ésta es una que logra sus dividendos de forma inmediata, sin necesidad de que sea puesta en práctica. Con sólo mencionarla, Petro logra distanciarse del caos que destruye a Venezuela sin tener que comentar o criticar el modelo económico del vecino país. Como ha sugerido Petro en muchas de sus intervenciones, son los otros candidatos que insisten en promover una economía extractiva los que cometen el error que tiene en problemas a Venezuela; él, en cambio, es el más opuesto al régimen de Maduro.

Petro tiene razón en cuestionar la economía extractiva. Los problemas de este modelo van desde los efectos en el clima por el uso del petróleo hasta la devastación en ríos y veredas por los efectos de la minería. En la mayoría de las ocasiones, la extracción de minerales es un negocio del que se lucran algunas multinacionales y muchos políticos corruptos, en tanto que el precio lo pagan las comunidades que ven sus ecosistemas destruidos y a sus poblaciones empobrecidas.

Pese a las anteriores ventajas, Petro se equivoca tanto en el diagnóstico de la enfermedad como en la solución que plantea. En primer lugar, la dependencia por el petróleo no puede explicarse sin mencionar el exagerado gasto público, así como el control de cambio y de precios impuesto por el gobierno venezolano. El gasto público generó una desenfrenada inflación que los gobiernos de Chávez y Maduro intentaron detener sometiendo a las compañías a un estricto control de precios. En consecuencia, las empresas se vieron obligadas a vender a pérdida mientras el mercado negro florecía en medio de una corrupción cada verz mayor.

El ingreso de los dólares de la bonanza petrolera redujo el precio del dólar y afectó, por tanto, al sector exportador venezolano. Para solucionar el problema, Chávez introdujo un estricto control de cambio que hizo casi imposible al sector productivo conseguir los dólares necesarios para modernizarse y competir en el mercado internacional. El resultado era más que obvio: empresas poco competitivas que tenían que vender sus productos a precios superiores a los gastos. En pocos años, el sector empresarial venezolano entró en bancarrota y el petróleo se convirtió en la fuente de más del 90% de las exportaciones.

La dependencia del petróleo no es, por tanto, la causa de la enfermedad, como afirma Petro, sino la consecuencia de un manejo macroeconómico deficiente. Chávez habría podido evitar la más que previsible enfermedad holandesa guardando gran parte de los dólares de la bonanza petrolera en el exterior e invirtiendo en infraestructura y desarrollo económico. Por lo demás, el sector minero en Colombia apenas contribuye con el 28% de las exportaciones, por lo que cualquier comparación entre los dos países por parte de Petro no es más que una exageración destinada a atraer electores incautos.

Un diagnóstico equivocado lleva a un tratamiento erróneo. En lugar de deshacerse de la renta petrolera, Colombia debería modernizar el código minero y exigir una extracción que proteja el medio ambiente, así como un manejo más transparente de los recursos públicos. 

Petro como economista debe de saber cuáles fueron los errores que llevaron a la economía venezolana al fracaso. No sorprende, sin embargo, que Petro señale al petróleo como el causante de todos los males en el vecino país. Lo que le importa a Petro, como a casi todos los candidatos, no es proponer un modelo económico viable, sino uno que le permita ganar las elecciones. Para ello, pareciera que tiene que distanciarse de Venezuela sin criticar sus medidas económicas o el autoritarismo rampante ¿Por qué esa necesidad de alejarse sin señalar, de apartarse sin comentar? Usted lector sabe la respuesta.

jueves, 1 de marzo de 2018

A propósito de Wonder (Chbosky, 2017)

Para amar a una persona, no basta con apreciar sus virtudes, es necesario también respetar sus defectos. Eso lo olvida Hollywood en cada película que hace sobre personas en situación de discapacidad. En Rain man (Levinson, 1988), Raymond Babbitt es autista, pero posee habilidades sorprendentes en las matemáticas y otras ciencias; Forrest Gump (Zemeckis, 1994) tiene un coeficiente intelectual inferior a 75, pero tiene capacidades casi sobrenaturales para correr, jugar ping-pong y suerte para estar siempre en el momento adecuado de la historia. No son filmes que nos enseñan a amar o siquiera a respetar a quienes están en una situación de discapacidad. Son películas que nos enseñan a admirar el éxito.

Los defectos de este tipo de películas se hacen más evidentes cuando se comparan con obras como Le Huiteme Jour (Van Dormael, 1996) una película en la que el protagonista Georges (Pascal Duquenne) es un hombre con Síndrome de Down que no tiene habilidades sobrenaturales algunas, pero que aprendemos a amar en su humanidad, en sus limitaciones, en su forma diferente de ver el mundo: “En el octavo día, Dios creó a Georges. Y vio que estaba bien”, dice el protagonista al final del filme.

Wonder (Chbosky) es otra película más sobre personas en situación de discapacidad. El protagonista es Auggie (Jacob Tremblay) un niño con Síndrome de Treacher Collins, a quien su madre decide enviar por primera vez a la escuela en quinto año. Como en todos estos tipos de filmes, el protagonista sufrirá bullying por parte de sus compañeros, pero logrará al final enamorar a todos o a casi todos los estudiantes de la escuela.

La película tiene dos importantes méritos. Es una obra estadounidense en contra del bullying en épocas en las que un acosador profesional fue elegido como presidente. Además, es narrada en la primera voz de los personajes cercanos al protagonista. El segmento de la hermana de Auggie, Via (Izabela Vidovic) con acierto relieva los problemas que sufren los familiares de una persona en situación de discapacidad. Por los cuidados que demanda su hermano, ella ha tenido que convertirse en satélite de un sol y a pesar del amor y comprensión que siente por Auggie, no deja de sufrir porque sus padres han estado ausentes en sus logros y eventos importantes.

Aun así, Wonder padece los mismos errores de las películas de Hollywood sobre personas en discapacidad. Auggie no es sólo un niño con Síndrome de Treacher Collins, es el mejor estudiante en ciencia. Claro, no tiene las habilidades de Raymond Babbitt en Rain Man o la suerte de Forrest Gump, pero no es un niño común con una extraña enfermedad, es un niño especial.  Wonder no nos enseña a amar a personas con apariencias físicas diferentes, nos enseña a apreciarlas porque de pronto pueden ser muy inteligentes.


Al final de la película, en la escuela le otorgan un premio a Auggie y toda la escuela se para a aplaudir. Aquí viene, para mí, la peor lección del filme. Lo importante no es apreciarse a sí mismo, aprender a subsistir sin que importe el qué dirán. El mérito está en que te reconozcan y aplaudan. No en vano dice Auggie que toda persona debiera ser aplaudida al menos una vez en sus vidas. Wonder no nos enseña a enfrentar el bullying, nos vuelve esclavos del qué dirán, de lo que los otros piensan y sienten.