lunes, 4 de diciembre de 2017

CATALINA RUÍZ NAVARRO: PIDA DISCULPAS

Primero porque cometió un plagio tan grande como evidente. En su trabajo de grado, Catalina omitió 53 referencias bibliográficas. 53 casos en una tesis de 127 páginas indica un metódico esfuerzo por apropiarse de ideas que no son las propias y no un simple error mecanográfico o tipográfico.

También debe pedir disculpas, porque sus justificaciones son un insulto al trabajo académico y a la inteligencia de sus lectores. En su página de Facebook, Catalina Ruíz afirma que los supuestos plagios se cometieron en, “el Marco Teórico de mi monografía, un espacio que, por definición, recoge las ideas de otros autores para construir eso; un marco teórico basado en el estado del arte de un problema filosófico.” Lo cierto es que ningún académico que se respete considera que la elaboración de un Marco Teórico da derecho para reproducir frases enteras sin la respectiva referencia bibliográfica. Contrario a lo que dice Catalina Ruíz, las referencias aquí son fundamentales, porque permiten al evaluador juzgar la bibliografía utilizada por el investigador. (Para una opinión similar, presione aquí)

Tercero, porque su defensa consiste fundamentalmente en tergiversar las acusaciones en su contra. Para ella, referirse a las frases que copió sin dar el crédito oportuno es un cuestionamiento a los argumentos de su tesis. Lo cual es una clara tergiversación de aquello que se discute. Una cosa es juzgar la originalidad de una obra, otra muy distinta dudar de la coherencia y consistencia de sus argumentos.

Finalmente, porque compara a PLAGIO SOS con grupos paramilitares, por su decisión de hacer público el plagio cometido por Catalina Ruíz. Esta defensa es tan absurda como contradictoria. Catalina afirma, “Es necesario dejar algo claro: el plagio es un delito. Un delito tipificado en el Código Penal, cuya prueba se establece siguiendo conductos regulares y ante las autoridades competentes, como ocurre con cualquier otro. Si todas las autoridades pertinentes han declarado que Sánchez no ha cometido plagio, nada tiene qué [sic] hacer un portal que declara que resolverá el asunto por su cuenta, al mejor estilo paramilitar.” Renglón seguido, afirma que la página está hecha sólo para, “calumniar, injuriar y atacar moralmente a las personas en su honra e intimidad.” Así las cosas, si PLAGIO SOS decide denunciar el delito de plagio, entonces Catalina considera que sus acciones se parecen a las de los paramilitares, pero si ella los acusa de calumniar e injuriar, entonces eso hace parte de la libertad de expresión, ¿no?

Catalina Ruíz Navarro debe pedir disculpas no sólo por violar derechos de autor en su tesis de grado, sino, y fundamentalmente, por haber utilizado la causa feminista para defender sus actuaciones. Cuando Catalina afirma que PLAGIOS SOS ya había acusado a una estudiante, “que también tuvo tutora mujer y jurados mujeres,” está sugiriendo que todo se debe a una persecución por el hecho de ser mujer.

En un país, como Colombia, en el que tan necesaria son las voces de quienes defienden los derechos de las mujeres, es triste comprobar como una de sus más escuchadas representantes utiliza el movimiento para justificar sus errores. Si a alguien debe disculpas Catalina Ruíz es al movimiento feminista, en especial a todas las mujeres a las que no les creerán sus denuncias.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Adenda

Los últimos acontecimientos vividos en la Universidad del Rosario han llevado a varios amigos a preguntarme si todavía sigo sosteniendo las mismas opiniones que me llevaron a publicar, ¿Porqué dije adiós a la Universidad del Rosario?, en este mismo blog, hace más de cinco años . A todos ellos quisiera decirles que esa entrada fue el producto de las circunstancias que me llevaron a renunciar a mi Alma Máter, en enero de 2011. Desde entonces, poco o ningún contacto he tenido con la Universidad, así que mal haría en afirmar que los problemas que entonces diagnostiqué existen todavía en el presente.
También quiero manifestarles que confío plenamente en la labor de las directivas de la Universidad. Tanto al Rector como al Decano de la Facultad de Jurisprudencia (para leer mi entrada sobre el nombramiento del Doctor Juan Carlos Forero, presione aquí) los conozco desde que estudiaba derecho, hace más de 20 años. Estoy convencido de las capacidades académicas, personales y morales de ambos, así como de su amor y compromiso por la Universidad del Rosario. Nadie como ellos está más capacitado para conducir a nuestra amada institución a feliz destino, a pesar de las eventuales tormentas que siempre se presentan en todas las universidades.
El tiempo nos da el privilegio de cerner nuestras experiencias y de valorar los momentos cuya suma forman nuestras vidas. Por mi Alma Máter, sólo siento un profundo agradecimiento, orgullo y amor. Ella me permitió conocer algunas de las mejores personas con las que he tenido contacto en mi vida. Allí, Sáchica me enseñó, como lo manifesté alguna vez,  (leer aquíque el claustro es un lugar en donde las opiniones que defienden los demás rosaristas jamás serán motivos suficientes para negar una amistad, o para que no podamos sentarnos a tomar un café que sirva de pretexto para poder hablar; allí, también, Francisco Herrera Jaramillo me contagió del amor por la filosofía y por comunicar a mis estudiantes la importancia de estudiar la historia del pensamiento, Escobar Sanín me enseñó a investigar y a leer con ojo crítico las sentencias de la Corte Suprema, Edgar Ramírez me mostró todo el profundo contexto doctrinario que hay detrás de la normativa civil, Guillermo Salah Zuleta con su ejemplo me inculcó que era eso, como diría Rocha Alvira, de profesar y vivir la virtud.
No estoy enterado de los acontecimientos recientes vividos en el claustro, pero sé que el Rosario superará esta prueba como lo ha hecho con todas las anteriores, con el diálogo y reflexión que la ha caracterizado a través de sus más de 350 años.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

MANUALITO PARA CONVERTIRSE EN UN COMENTARISTA DEPORTIVO POPULAR

La estrategia a seguir depende de su grado de afinidad con el director técnico de los equipos que usted comenta de forma habitual. Si usted es amigo de uno de ellos, entonces deberá procurar que le ayude con información privilegiada que le permita chiviar a su competencia. La gente lo escuchará entonces, porque sabrá que usted les puede brindar información de primera mano sobre los pormenores del equipo de sus pasiones.
Con el fin de conservar su relación con su técnico amigo, deberá defenderlo ante toda posible eventualidad. Si el equipo gana, usted mencionará el gran aporte táctico y la sabiduría con la que cada jugador fue seleccionado. Si las cosas salen mal, diga que el equipo está en un proceso y que poco a poco está jugando mejor, que los resultados no siempre acompañan a quienes hacen un buen trabajo y que todo se está haciendo en aras de un futuro muy prometedor. Como el mañana no existe, si en el presente las cosas andan mal, usted puede enfocarse en lo que va a pasar y nadie podrá rebatirlo.
Es posible que el equipo pase por una muy mala racha, entonces deberá tomar medidas más drásticas. Para salvar el honor de amigo, deberá echarles la culpa a los jugadores de la plantilla. Podrá usar frases como: Con esos jugadores, antes se ha hecho mucho. Ojalá para el próximo año los directivos se metan la mano al dril y traigan jugadores que valgan la pena. Recuerde, la idea es culpar a los demás de cualquier fracaso y resaltar cualquier logro de su técnico.
Aunque no lo parezca, esta será una de las variables que más le ayudarán. El técnico, criticado por otros colegas y asediado por los malos resultados, no sólo le dará primicias, sino entrevistas y declaraciones en exclusivas. Sus oyentes serán los únicos que escuchen los motivos de la debacle de su equipo y pensarán que usted es una persona muy informada, con grandes conocimientos del tema, porque los técnicos lo escogen a usted para comentar el futuro del equipo.
Ahora bien, si, por el contrario, no existe afinidad con el técnico, o si éste se rehúsa a concederle entrevistas, entonces deberá seguir el plan del crítico ofendido. Al comienzo, la crítica deberá ser ponderada, dubitativa, con recelo. Dirá que casi no conoce al nuevo entrenador y que quiere darle un buen margen de espera para poder juzgar sus habilidades.
Antes de lanzar cualquier tipo de crítica, usted deberá comenzar a preparar el terreno. Hablará de la cualidad innata de los jugadores, dirá que el equipo tiene una plantilla única y que todo se debe a los esfuerzos indigentes de los generosos y visionarios directivos. También dirá que con esos jugadores, la única opción viable es ser campeón o disputar la final, cualquier otro resultado será sólo cumplir con la obligación debida a un equipo con tan buena nómina y tantos pergaminos.
Si las cosas van bien, no se preocupe. Aun así, usted podrá criticar al técnico. Primero, deberá deslegitimar la victoria diciendo que se enfrentó a un equipo muy pequeño o a la peor versión que ha tenido el contrincante en la historia. Los hinchas estarán alegres y, al comienzo, dudarán de sus críticas, así que deberá asumir la posición de un experto incomprendido. Dirá que los demás no entienden sus posiciones, porque sólo usted analiza los partidos sin los apasionamientos de los hinchas y, por tanto, es capaz de ver que en el futuro muy cercano se verán las falencias del equipo. También dirá que a usted no le importa que no le crean, que lo importante no es ganar sino cómo se gana, que su compromiso es con la verdad, que usted es un periodista serio y que la función de un comentarista no es complacer a sus lectores, sino decir la verdad sobre lo que está ocurriendo. Si, por alguna razón, el técnico hace un cambio en la forma de jugar de su equipo, alábela varias veces. Eso sí, diga que usted había sugerido algo parecido y que es muy raro que el entrenador se hubiera demorado tanto en caer en la cuenta de algo que era tan obvio. De esta forma, la gente pensará no sólo que usted es un comentarista ecuánime, sino que usted ve el fútbol mejor que el técnico y que los comentaristas que no se habían dado cuenta del problema que tenía su equipo.
Si la racha del equipo es muy buena, es posible que en esos momentos pierda audiencia, pero, como verá, en realidad usted está invirtiendo. La gente podrá pensar que usted está equivocado, pero valorarán su independencia, su compromiso con la verdad, la valentía con que expresa sus opiniones. Por lo demás, no se preocupe. Es imposible que un equipo no tenga malos partido y a los entrenadores tarde o temprano les llegan una serie de malos partidos.
Entonces, será el momento de cosechar lo sembrado. Sus oyentes corroborarán así que usted sí tenía la razón sobre las críticas al entrenador. A usted lo juzgarán como un visionario, un gran periodista capaz de oponerse a los demás comentaristas que se dejaron convencer por los fáciles triunfos del equipo.
Esta será su mejor época, pero no es una en la que deba quedarse dormido. Al contrario, deberá incrementar las críticas y la indignación hacia el entrenador. Una muy buena estrategia es la de recordar en todos sus programas el salario del técnico. Dígale a la gente que es el colmo que en un país tan pobre se le pague tanto dinero a alguien que hace tan poco. Recuerde entrenadores que hicieron más con un menor sueldo y una peor nómina.
Acháquele todos los errores al entrenador. Si el equipo recibe un gol por un error de un defensa, diga que eso es falta de trabajo del técnico, que se nota que en la jornada no se cubrieron ese tipo de falencias. Si el gol se da por una jugada maravillosa del equipo contrario, también culpe al entrenador. Diga que el club contrincante siempre hace esos goles y que si se lo hicieron a su equipo es porque el técnico no estudió el partido de la forma adecuada. En todos los comentarios, diga que se nota la falta del trabajo del entrenador. Las personas no pueden ver las prácticas de su equipo, así que cualquier cosa que usted diga en ese sentido será bien recibida y hará que los hinchas se enojen más en contra del técnico.
Elija a uno o dos jugadores del equipo y sugiera que ahí están por capricho o amiguismos del técnico. Intente culpabilizar a ese jugador de todos los problemas del club. Si es un volante de marca y no se anotan goles, diga que es porque él no saca el balón de forma limpia y correcta. Si se reciben muchos goles, diga que es porque el jugador no cubre las espaldas de los laterales, o porque es muy lento, o porque no tiene dominio del balón.
Estas críticas son muy efectivas. Los hinchas comenzarán a odiar al entrenador y a insultarlo en cada partido. Pensarán que es un perezoso, un estafador, un rosquero. La presión irá creciendo y hará casi imposible que el técnico pueda concentrarse en su labor, lo que, a su vez, traerá peores resultados al equipo. La gente pensará que usted es el paladín de la verdad, el único comentarista que está luchando por el bien del club.
Al final, cambiaran de entrenador. El nuevo inquilino del banco, con seguridad, sabrá la historia de lo sucedido y le concederá entrevistas y primicias. Él verá los riesgos que corre si osa no ser su amigo.
Consejos finales. La anterior estrategia debe respaldarse con un adecuado manejo de perfil. Hágase llamar doctor. En Colombia, quienes no lo son tienden a no ser tenidos en cuenta. Hable de su amistad con periodistas extranjeros, así creerán que su reputación es internacional y no sólo local, como la del entrenador de su equipo. Invente términos complejos y hable de forma que pocos lo entiendan. En lugar de decir que los jugadores atacan y defienden, diga que son pistones, por ejemplo.
La competencia es dura. En Colombia, hay muchos periodistas deportivos, pero si usted sigue esta estrategia, podrá mantenerse varios años en el medio.

miércoles, 4 de octubre de 2017

¡Que vuelvan los narcos!

 No lo dicen en público, pero lo piensan. Puede, incluso, que no se percaten que lo piensan, pero lo que un sector de la hinchada de Millonarios busca es el regreso de un narco, de un patrón estilo Rodríguez Gacha que contrate los mejores jugadores del continente, sin importar si el equipo tiene o no dinero con que pagarles.
No otra cosa expresan los hinchas cuando denuncian a los actuales dueños por querer enriquecerse con el equipo ¿Quién en nuestro medio desea invertir 15 millones de dólares en una empresa sin esperar contraprestación alguna? Los mismos hinchas que consideran un exabrupto gastar unos cuantos pesos para comprar un abono al inicio de temporada, porque no están de acuerdo con las políticas de las directivas de Millonarios, esperan que los dueños del equipo gasten millones sólo por el amor que se debe tener a la camiseta.
Algunos racionalizan su posición y sostienen que el modelo a imitar no es el de Rodríguez Gacha (o el de los Orejuela en el América o Pablo Escobar en Medellín), sino el de don Alfonso Senior cuando creó a Millonarios. Si se contratan jugadores de prestigio, el estadio se llenará, el club ganará campeonatos y se recuperarán las arcas del equipo. Los sueños, claro está, jamás están acompañados de análisis contables y de mercado que permitan planear un futuro tan promisorio. Tampoco tienen en cuenta que durante El Dorado, los jugadores argentinos estaban en huelga, por lo que a Millonarios le salió muy rentable la contratación de leyendas como Pedernera y don Alfredo Di Stéfano. Por no hablar de lo astronómico que han llegado a ser los sueldos de los futbolistas o la competencia que el rentado nacional enfrenta con los partidos que se transmiten por televisión y que permiten ver jugar a Messi o a Cristiano Ronaldo todos los fines de semana.
Al inicio de la bonanza marimbera, cuando las terribles sombras del narcotráfico apenas se posaban sobre Colombia, a los narcos los llamaban mágicos. No era un nombre casual, los narcos en realidad hacían magia. De la nada, levantaban centros comerciales, fincas especializadas y equipos de fútbol. Gracias al Cartel de Cali, América tuvo una especie de selección latinoamericana con jugadores que aún hoy son considerados como algunos de los mejores de la historia de sus respectivos países, Millonarios tuvo en sus filas a leyendas del fútbol argentino que harían parte de la selección argentina campeona del mundial de 1986 y Nacional se convirtió en la base de la selección Colombia que le anotaría cinco goles a la Argentina. Desde entonces nunca se jugó un mejor fútbol en nuestras canchas.
La magia en el fútbol, sin embargo, trajo más desgracias que alegrías. Los goles que con arte convertían los futbolistas iban acompañados por los terribles crímenes que cometían los dueños de los equipos. Si alguna lección nos dejó esa época es que el narcotráfico sólo deja una estela de muerte y odio en cada lugar en el que se aposenta.
Cuando no hay magia, cuando no hay patrocinadores que puedan votar millones de dólares fruto de negocios turbios, los equipos de fútbol exitosos se construyen con procesos largos y espinosos. La Organización Ardila Lulle adquirió a Nacional en 1996 y consiguió sólo una estrella en los siguientes nueve años. Yo recuerdo a finales de la década de los noventa a sectores de la hinchada de Nacional agolparse al frente de la planta de la Avenida de las Américas gritando consignas para que vendieran el equipo.
En los últimos años, Millonarios inició un proceso deportivo serio. Ha construido una estructura que cuenta con sede propia y con jugadores formados en el equipo que garantizan que el equipo esté entre los primeros de la reclasificación cada año. El proceso apenas está empezando, por lo que a pesar de contar con una nómina que cuesta alrededor de 40 mil millones de pesos anuales, faltan todavía jugadores que garanticen mejores resultados. Sin duda, esto es preferible a embarcar al equipo en contrataciones costosas que no necesariamente darán los mejores resultados. Un edificio no puede construir lujosas terrazas sin buenos cimientos. Una buena nómina no puede contratarse en un equipo que como Millonarios en el 2017 reportó más de 6 mil millones de pesos de pérdidas.

La hinchada del equipo no debe dejar de observar con ojo a las críticas, pero debe ser realista y respaldar el proceso. El país ha hecho mucho por superar el trágico tiempo de los mágicos en el fútbol, así algunos sectores de la hinchada quieran revivirlo entrando pólvora al Campín o destruyendo las tiendas del equipo. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

En torno a la cadena perpetua

El horripilante crimen cometido contra Yuliana Samboní ha traído una vez más al debate público la discusión sobre la cadena perpetua. El problema, sin embargo, es que en Colombia se discuten los temas a partir de coyunturas muy específicas, lo que termina llenando los debates de argumentos pobres con ninguna profundidad académica. En el caso de la cadena perpetua, el diálogo se ha caracterizado por indignados que ven en su dolor ante el horror la única justificación para la pena y quienes se les oponen con argumentos más que débiles.

Algunos, por ejemplo, sostienen que la cadena perpetua no debe permitirse, porque se ha probado que el aumento de las penas no reduce el número de crímenes, y porque hay medidas más necesarias y efectivas para atacar este tipo de violaciones. El argumento es una clara falacia de falso dilema. Tomar medidas educativas y políticas para cambiar la sociedad patriarcal en la que vivimos no impide que se aumenten las penas a quienes cometan crímenes atroces. Por otro lado, la cadena perpetua puede defenderse con justificaciones diferentes a la prevención general. Uno podría argumentar que ella, al menos, evita que criminales como Rafael Uribe continúen cometiendo horrendos crímenes.

Los opositores a la cadena perpetua sugieren también que es posible prevenir la reincidencia de los culpables de delitos sexuales mediante terapias sicológicas y otro tipo de tratamientos. Rodrigo Uprimny, por ejemplo, cita el siguiente artículo para sustentar la tesis de la posible resocialización de ciertos criminales: http://www.apa.org/monitor/julaug03/newhope.aspx, y para sugerir que, “la tasa de reincidencia es del 17% y baja al 10% si la persona recibe tratamiento mientras recibe la pena.” (para leer el artículo de Uprimny, presione aquí)

A pesar de lo llamativo del argumento, no deja de ser muy superficial y lleno de problemas. En primer lugar, la cita no es correcta. El nivel de reincidencia al que hace referencia Uprimny se da en un período de cinco a seis años luego de cometido el crimen. En un lapso de tiempo mayor, de 15 años, la reincidencia se duplica al 24%. Además, Uprimny no menciona que hay tipos de criminales con un mayor porcentaje de reincidencia. Generalistas (aquellos que cometen un mayor tipo de delitos sexuales) tienen un nivel de reincidencia del 36%, en tanto que la reincidencia de los abusadores de menores es del 35% (Para leer un artículo sobre el tema, presione aquí). Si se quiere discutir con seriedad un tema tan importante como el castigo para quienes abusan de nuestros menores, uno esperaría de investigadores tan serios como Uprimny que, al menos, no tergiversen sus fuentes.

Ahora bien, es cierto que el nivel de reincidencia es bajo, mucho más bajo de lo que muchos creen. No obstante, la reincidencia para abusadores de menores es tres veces mayor de lo que menciona Uprimny. La diferencia es grande, por decir lo menos.

El argumento, sin embargo, tiene problemas diferentes al mal uso de sus fuentes. En primer lugar, es equivocado suponer que introducir la cadena perpetua para un tipo de delitos significa que los criminales tendrán que recibir este tipo de pena. Cualquiera que sepa algo de dosimetría penal sabe que los tipos penales dan varias posibilidades de adecuación del castigo. Penas menos severas podrían imponerse para cierto tipo de criminales y la cadena perpetua podría reservarse para ese 10% que reincidirá, según la errada lectura que hace Uprimny sobre los estudios del tema.
En segundo lugar, no es cierto que la cadena perpetua sea una pena inmodificable. En varios países en los que se aplica esta condena, existe la obligación del Estado de revisarla cada determinado tiempo para que un grupo de especialistas determine si el criminal merece o no una segunda oportunidad. Así las cosas, si se prueba que no es posible que haya reincidencia, la persona podrá recuperar su libertad. Esto en nada contradice la existencia de la cadena perpetua. Por tanto, los bajos niveles de reincidencia (repito, en la mala lectura que hace Uprimny) tampoco son un argumento sólido en contra.

El tercer problema está en creer que todos aquellos que cometen crímenes sexuales tienen la misma patología. Sicópatas, por ejemplo, tienden a reincidir tres veces más que quienes no lo son. Teniendo en cuenta que el sujeto pasivo de crímenes como los de Rafael Noriega son los niños, el Estado debería guardarse la potestad de imponer la cadena perpetua para quienes muestren grandes niveles de sicopatía o para quienes reinciden. En los demás casos, sería posible pensar en penas más benignas. Por lo demás, sería interesante saber qué piensan quienes se oponen a la cadena perpetua de los criminales que reinciden en este tipo de atrocidades luego de salir de la cárcel ¿Merecen una pena que les permita salir de la cárcel?

Otro argumento que sugieren algunos es que no hay necesidad de imponer la cadena perpetua, porque en la práctica ya existe en Colombia. Rafael Uribe, dicen algunos, recibirá una pena de 50 años. Si este tiempo se  le suma a los 38 que tiene, saldrá de la cárcel con más años de los del promedio de vida en Colombia.

Claro, el argumento sólo sirve si el criminal tiene 38 y si el juez le impone una pena de 50 años. Por lo demás, cabe preguntarse, si la cadena perpetua en la práctica existe, ¿por qué no regularla? ¿Acaso no es mejor llamar las cosas por su nombre? ¿Prefieren que la cadena perpetua exista pero que usemos subterfugios para no darnos cuenta?, ¿o lo que proponen es que se bajen las penas para este tipo de horribles crímenes?

El crimen de Yuliana es uno más de una larga lista de atrocidades que suceden en Colombia. La cadena perpetua no es la solución. En eso, creo, todos podemos estar de acuerdo. Pero si ella permite que salvemos aunque sea a un menor, estaría más que justificada ¿No lo creen?  


domingo, 11 de diciembre de 2016

BOLEROS, REGGAETÓN Y MACHISMO


Después del escándalo que produjo la canción Cuatro Babyes, cantada por Maluma, muchos comentaristas han sugerido que las letras de reggaetón no se diferencian de las de otros géneros que escuchamos desde hace varias décadas. Algunos advierten, con razón, que la música escuchada por los jóvenes siempre ha sido criticada por las generaciones mayores y que el reggaetón es sólo uno más de muchos géneros que han sido machistas y que han defendido horribles crímenes como el feminicidio y el abuso de menores.
A mí me parece que comparar las letras de reggaetón con las de bolero es no sólo un sinsentido, sino una afirmación que se justifica en claras falacias y errores interpretativas. Quienes defienden la anterior tesis, por ejemplo, a menudo caen en una clara falacia de secundum quid. Señalar que algunos boleros contienen letras de un claro contenido machista no significa que el género como tal lo sea, o que la mayoría de sus canciones presentan este tipo de contenidos.
Para afirmar sin incurrir en falacias que el bolero es comparable al reggaetón, habría que hacer una profunda investigación en la que se discutiera el contenido de una gran cantidad de canciones en ambos géneros y se hiciera un análisis estadístico de la frecuencia en las que la invitación al feminicidio o la cosificación de la mujer se presentan en el bolero y el reggaetón. A la fecha, lo que que uno lee en artículos de prensa y comentarios de crítica que se presume calificada son referencias esporádicas a una que otra canción. Jamás la evidencia necesaria para sostener una afirmación tan fuerte.
En segundo lugar, la crítica en ocasiones parte de interpretaciones bastante sesgadas y no contextualizadas de las letras de los boleros. Doy dos ejemplos que son citados en ocasiones para sugerir que las letras de los boleros son tan machistas como las del reggaetón.
La copa rota, compuesta por el boricua Benito de Jesús, es considerada por unos como una invitación al feminicidio, porque dice: “Mozo, sírvame la copa rota/ quiero sangrar gota a gota/ el veneno de su amor” ¿Una invitación al feminicidio?, ¿no? Bueno, sólo si uno no lee la canción. La sangre a la que se refiere es la del bohemio que está bebiendo en una cantina y que está destrozando su propia boca al beber de una copa rota. La sangre es la propia, como queda más que claro en el siguiente verso: “No te apures compañero si me destrozo la boca/ No te apures que es que quiero con el filo de esta copa/ borrar la huella de un beso, traicionero que medio.”
Se requiere un mínimo nivel de comprensión para entender que el bolero no está sugiriendo un feminicidio, sino relatando la historia de un borracho que se rompió la boca en una cantina. Además, el bolero no está cantado en la voz del bohemio, sino de su amigo, “Aturdido y abrumado, por la duda de los celos/ Se ve triste en la cantina a un bohemio ya sin fe.” El bolero está reportando una historia, una de muchas que pasan a diario en los bares del mundo. Jamás sugiere que esa sea la conducta correcta o festeja la actitud del bohemio. De hecho, lo único que celebra la canción es el consejo que le da el mejor de sus amigos, dejar el alcohol y el llanto.
La segunda canción es Cosas como tú. Para los críticos del bolero, la canción es una invitación a la cosificación de la mujer, porque se refiere a la amada como una cosa. Aquí todo depende de la interpretación y de cómo usamos el lenguaje. Una cosa no es un objeto, es todo lo que existe, “Lo que tiene entidad,” dirá la RAE. Por tanto, usted y yo somos cosas, así como el computador desde el cual escribo y la canción que escucho en este momento.
Por lo demás, si se lee bien la canción, verá que a la mujer no se le compara con objetos, sino con momentos que despiertan ciertos sentimientos, “Un rayo de luna que nos acaricia… el perfume de una rosa desmayada” Y no son objetos para atesorar, sino para llevar en el alma, como deja claro el estribillo de la canción. Es importante resaltar, que la comparación en sí no se hace con los objetos, sino con lo que ellos despiertan, la caricia del rayo de luna, la frescura de la fuente del patio.
La canción jamás trata a la mujer como un objeto, lo que hace evocar su recuerdo con referencia a ciertos objetos. En el fondo, ese es uno de los motivos de la poesía. Cuando no somos capaces de narrar algo, lo comparamos con objetos. Uno dice, era firme como una roca. Lo cual, no quiere decir que para uno la persona sea un mineral. Igual, uno puede decir, sus ojos eran como el mar, pero con eso no se quiere decir que sólo sean los ojos lo que lo atrae a uno de la persona, o que se pretenda que uno trate a la persona como a una playa.
Ahora bien, supongamos que mi interpretación es errada y que los textos sí son una invitación a las conductas machistas que encuentran los críticos ¿Tienen el mismo nivel de cosificación de la mujer el bolero que letras de reggaetón que invitan de forma directa a la violación? ¿Si sigues con esa actitud voy a violarte, así que no te pongas alzadita es comparable con decirle a una mujer que se parece a la caricia de un rayo de luna? ¿Alardear de querer enviar a una mujer a cuidados intensivos (Ella se vuelve loca cuando le metro agresivo, cuando la cojo por el pelo, la pego a la pared y le digo la voy a mandar pa’intensivos) se parece en algo a querer destrozar uno su propia boca por la tristeza que le dejó la partida de una mujer?

No caigamos en engaños. La sociedad de los boleros fue sin duda menos justa e incluyente y mucho más sexista que la actual. Aun así, fue capaz de dejarnos bellas canciones, muchas de las cuales son boleros. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

Colombia Duele (A propósito de "Retratos en un mar de mentiras", Gaviria, 2010)

Y mucho. Duele, como dice Fernando Vallejo, cuando uno recuerda  “algún momento de dicha efímera vivido [allí] e irrepetible en otras parte,” así como cuando un recuerda lo jamás vivido, los campos que las minas antipersonales nos impidieron visitar, las carreteras que no transitamos por miedo a ser secuestrados por la guerrilla, los amigos con los que jamás pudimos celebrar, porque murieron en atentados, en secuestros, por balas perdidas, por misiles que llegaron a su objetivo.
A veces, para que no duela tanto, uno cubre los recuerdos con mantos de olvido. En eso, los colombianos somos expertos. Así como mi generación apenas aprendió esbozos del horror que fue la época de la violencia,  las nuevas generaciones creerán que Trujilo, el Chengue, la Chinita, Tacueyó son nombres de sitios turísticos, de pueblecillos perdidos a la vera de la economía. Creerán, además, que los ríos colombianos sólo están contaminados por desechos de fábricas y similares porquerías, y olvidarán que cuerpos y pedacitos de cuerpos humanos le disputaban a los peces el curso de los ríos.
En olvidar y negar somos expertos los colombianos, repito, en cubrir nuestro dolor con telones. Por eso, Jairo (Julián Román), el personaje principal de Retratos en un mar de mentiras, nos parece tan cercano. Jairo es uno de tantos fotógrafos que se rebusca la vida en las plazas de las grandes ciudades, uno de los tantos cuyo oficio es levantar telones de mar, para que la gente no descubra a Bogotá, o forzar a sus clientes a que sonrían, para que no se vea el cansancio de sus vidas, o forzarlos a que cubran sus cabezas con sombreros de mariachis para olvidar de una vez por todas que  estamos en Colombia.
Quizás por eso, su prima Marina (Paola Baldión) lo ama en silencio. Ella ha visto los horrores de la guerra. Ella sabe bien el valor de Jairo, un rostro que sonríe a pesar de todo es un oasis en medio de un desierto de desdichas. Porque la vida de Mariana ha sido eso. De niña, nos cuenta la película en flashbacks, tuvo que abandonar la casa en la que vivía con su abuelo Nepomuceno (Edgardo Román), sus hermanos y sus padres (Carolina Lizarazo y Carlos Hernández). Marina tiene la mirada de muchos desplazados. Yo los vi de cerca cuando trabajaba en el CICR, cuando paraba en los semáforos de Bogotá, cuando cerraba mis párpados por la noche. Son ojos que miran como observando el recuerdo y rehusando el presente, que se escabullen de las miradas y buscan refugio en el anonimato, quizás creyendo que son invisibles cuando no establecen contactos con quien los mira. Yo conozco muy bien esos ojos, a pesar de haber dejado Colombia hace ya varios años no dejan de atormentarme todos los días de mi vida.
El desplazamiento no es un crimen del pasado, es una tragedia que se perpetúa en el presente. Marina lo sabe bien. Lo sabe cuando tiene que llegar a su casa con lo poco que puede comprar para comer, lo sabe cuando recuerda a sus padres asesinados y encuentra a su abuelo borracho, incapaz de afrontar el dolor de sus penas. En su tugurio de hojalata, Marina se encierra en su habitación para que su embriagado abuelo no la golpee. Entonces, reza al Divino Niño y él la escucha, por eso envía un deslizamiento que causa la muerte a Nepomuceno. Gracia divina, dirán algunos.
Luego del entierro de su abuelo, Jairo y Mariana deciden ir al lugar de origen de su familia para recuperar las tierras de su familia. Lo hacen en un Renault cuatro. Mariana, como siempre, observa desde las murallas que el dolor ha construido en su vida. Jairo, en cambio, habla y habla. A su prima, le dice que se tranquilice, que nada malo le va a pasar, porque él está con ella. Se lo dice, mientras la cámara nos muestra casas destruidas por recientes combates, soldados armados hasta los dientes, letreros que avisan de la cercanía de la guerra.
En medio de un páramo, Jairo y Mariana se encuentran con un retén de la guerrilla. El ejército llega pronto y comienza un tiroteo. Por fortuna para Jairo, Mariana logra percatarse a tiempo y le salva la vida a su primo. En Colombia, es el que desconfía el que sobrevive.
Marina y Jairo atraviesan las montañas con nieves perpetuas, los valles de calores pegajosos y fauna variopinta, las cordilleras interminables que surcan carreteritas y trochas de mulas. Al final, luego de perder su carro, llegan a su destino.
El pueblo de Marina y Jairo celebra fiestas, y, como siempre en Colombia, todos parecen alegres. Marina, sin embargo, cual Pedro Páramo es capaz de ver los muertos: Los Quezada, el tendero, su familia, todos aquellos que murieron en quién sabe cuál de tantas masacres que han existido en Colombia. Jairo, en cambio, piensa que la fiesta es una oportunidad para tomar fotos y recuperar en algo el dinero perdido. De forma imprudente, Jairo termina confesando a dos paramilitares no sólo el motivo de su viaje, sino la existencia de las escrituras que pueden probar que él y su prima son los dueños de las tierras que le dejó su abuelo.
El final, ya lo imaginarán. Basta leer las noticias para saber qué le pasa en Colombia a quienes desean recuperar los terrenos que alguna vez fueron suyos. Igual, poco importa. Porque sobre ese mar de dolores, construiremos mil telones de mentiras. La verdad sólo se verá a destellos, en películas como Retratos en un mar de mentiras o en otras obras de arte.

Durante muchos años de mi vida, yo caminé desde la calle diecinueve hasta la Avenida Jiménez de Quesada. Recuerdo muy bien los rostros de dolor que habitaban esas nueve cuadras: un invidente que tocaba un acordeón y que decía, Mi Dios se lo pague y se lo multiplique, cada vez que alguien dejaba una moneda; un señor con las piernas flácidas que acostaban en el costado occidental de la avenida séptima, cerca de la Iglesia de San Francisco; los niños que dormían en la calle y que a la entrada de la Universidad del Rosario nos vendían chicles y golosinas. Carlos Gaviria en un travelling muestra esa misma cuadra, con varios de sus personajes. Es extraño, después de muchos años y a muchas millas de distancia, debo decir que inmortalizar el dolor le da cierta dignidad al infierno que está a nuestro lado y que no vemos, enceguecidos por mares de mentiras.