sábado, 28 de mayo de 2011

5 Razones por las que quiero que gane el Barcelona

1. Messi. Si Calamaro le cantaba a Maradona, "Dale alegría a mi corazón", hoy hay que hacer lo mismo con el genio 10 del Barcelona.
2. La Cantera. Es cierto que la nómina del Barcelona es muchísimo más costosa que la del Manchester United. Messi, Iniesta, Piqué, Puyol, Xavi, Valdés, Pedro, entre otros son de la cantera.
3. La leyenda. El Nou Camp cantando en Catelán ante la represión de Franco.
4. Mourinho: ¿Habrá que explicarlo?
5. La seguridad: El Barcelona juega a lo que él propone, convencido de que puede imponer las condiciones y ganar por sus virtudes, no por los errores de los otros.

martes, 24 de mayo de 2011

Blog sobre cine y derecho

Al principio, pensaba incluir mis reseñas sobre derecho y cine en este blog, pero dado la importancia de este tema en mis lecturas y trabajos, he decidido crear uno aparte. Aquí está la primera entrada. Espero comentarios.

http://derechodelcine.blogspot.com/2011/05/la-conspiracion-de-las-formas-legales.html

domingo, 15 de mayo de 2011

The apartment de Billy Wilder, la política, los seres humanos y los números




Decidí ver The apartment, porque Ricardo Silva habla de ella en el libro sobre cine y derecho que edité con Julio Montañez y que, espero, pronto salga al mercado. Igual, la actuación de Jack Lemmon es siempre una razón para ver una película, sobre todo si ella es dirigida por Billy Wilder.
Para describir su vida, C.C. Baxter, el protagonista de The apartment, (Jack Lemmon) nos cuenta al inicio de la película, “El primero de noviembre de 1959, la población de la ciudad de Nueva York era de 8.042.783 habitantes. Si acuestas a todas estas personas, suponiendo una estatura promedio de cinco pies y seis y media pulgadas, alcanzarían desde Times Square hasta Karachi, Pakistán.” La descripción va acompañada de planos largos en los que se observa a Baxter como uno más de esa imaginable línea de seres humanos capaz de casi darle una vuelta al planeta.
En A nous la liberté (1932), Alexandre Trauner había diseñado la puesta en escena de una fábrica cuyos protagonistas no podían distinguir de una cárcel; en The apartment, Trauner crea una oficina con escritorios alineados en líneas paralelas que parecen perderse en el infinito, entre las cuales parece imposible descubrir el rostro de Lemmon o de algún otro ser humano. Aún así, alguien reconoce y descubre a Baxter en medio de la multitud, Fran Kubelik (Shirley MacLaine) la ascensorista de la Compañía, quien no pasa por alto que Lemmon es la única persona que se quita el sombrero al entrar al elevador.
Ninguno de sus compañeros de trabajo parece sentir empatía alguna por Baxter, su presencia pasa tan desapercibida como las sillas, las máquinas de escribir o los escritorios que los rodean. En la película jamás lo vemos saludar a alguno de sus compañeros, despedirse o preguntarle sobre cómo está su familia, su mascota o su equipo favorito. En el único momento en que Lemmon habla con un colega de oficina, lo hace para apostar un dólar sobre su futuro, una vez se enteran que ha sido llamado por el director de personal de la compañía.
La vida de Baxter sería tan común, como la de casi todas las personas en la empresa, si no fuera porque por las noches presta su apartamento a algunos directivos de la compañía, para que tengan allí sus encuentros casuales con sus amantes. No es una situación que desee Baxter o de la que quiera sacar provecho. Es un favor que no supo negar y que lo llevó, incluso, a padecer noches en la intemperie cuando uno de los momentáneos inquilinos olvidó dejar la llave en el lugar respectivo
Cuando el director de personal, Mr Sheldrake (Fred MacMurray), conoce de la existencia del apartamento de Baxter, comienza a usarlo a cambio de promover a su inquilino en la compañía. Lemmon parece satisfecho con el trato hasta que descubre en la fiesta de navidad de la empresa que Kubelik, la ascensorista de quien está enamorado, es la amante de Sheldrake. Luego de la misma fiesta, Kubelik se encuentra con Sheldrake, en el apartamento de Baxter. Antes de partir, Sheldrake le entrega cien dólares de regalo. Kubelik, decepcionada, decide intentar suicidarse tomando sedantes que encuentra en el gabinete del baño de Baxter.
Lo que lleva a Kubelik a querer suicidarse es saber que, en realidad, no era nadie especial para Sheldrake. De labios de su secretaria, se entera que él siempre lleva a las mujeres al mismo restaurante chino, que siempre dice las mismas palabras, que siempre inventa las mismas excusas. Los cien dólares que le ofrece de regalo, comprueban que su amante jamás ha dedicado algo de su tiempo para descubrir quién es ella, cuáles son sus ambiciones, que desearía de regalo.
Cuando Baxter borracho regresa a su apartamento descubre a Kubelik sedada en su dormitorio. Gracias a la ayuda de su vecino, el doctor Dreyfuss (Jack Kruschen), Baxter logra salvar a Kubelik. Cuando ella se recupera, Lemmon decide renunciar a su cargo y marcharse a otra ciudad. La noche antes de entregar el apartamento, Kubelik aparece y le pide que jueguen cartas en lo que parece ser el inicio de una relación sentimental.
A pesar de ser un director que conscientemente deseaba crear un cine ajeno a cualquier manifestación política, The Aparment, es en realidad una manifiesto a favor del individuo y una crítica descarnada a la estructura social de la época. Sumergido en el mar de otros seres humanos, Baxter recuerdo a Chaplin de Modern Times (1936), solo que ahora la estructura no es una máquina, sino un complejo de relaciones y actividades en las que el ser humano pierde la posibilidad de ser distinto.
Baxter recupera su dignidad, precisamente, cuando decide negarse a hacer lo que le ordenan, prestar su apartamento; su vecino, el doctor Dreyfuss, (quien cree que todas las mujeres que visitan el apartamento de Baxter son sus amantes) logra salvar a Kubelik cuando decide actuar como amigo y no como médico, el rol que la sociedad le ha impuesto. La relación entre Lemmon y MacLaine nace precisamente de la habilidad de ella en reconocer un gesto único suyo, quitarse el sombrero.
Los biógrafos de Wilder cuentan que a pesar de ser un director que celosamente buscaba respetar y seguir los libretos, modificaba en ocasiones el guión para acomodar el drama a las características propias de los actores. Al hacerlo, Wilder parecía reconocer el límite de la capacidad dramática de sus actores y su condición humana, la lucha que tenemos cada uno de nosotros de no dejarnos dominar, domesticar o conquistar en aquello que consideramos más importante en nuestras vidas. Quizás por esta razón, Wilder, quien escapó muy joven de los horrores del nazismo, despreció la política; al fin y al cabo, es en ella donde de forma más frecuente los seres humanos se convierten en votos o números.