viernes, 28 de octubre de 2011

A TODOS ELLOS

Al hincha que salió corriendo a comprar la manija azul de Millonarios, cuando el equipo estaba al borde de la quiebra; al señor que lleva décadas asistiendo al Campín, recordando las épocas gloriosas de Pedernera y Di Stéfano; al joven nacido después de la década del 90 que alienta incansablemente a su equipo a pesar de no haberlo visto campeón en Colombia; al estudiante en otras tierras que mil y una veces intentó explicarles a sus amigos europeos o norteamericanos, las grandezas de Millonarios; a los fanáticos que antes de la Internet, compraban radios de onda corta para tener noticias de su onceno amado; al que se dejó estafar y donó así fuera una moneda para retener a Lunari; a quienes siguieron apoyando al equipo, en las últimas fechas de esos campeonatos en que con anticipación nos eliminaron; a todos y cada uno de mis amigos que me acompañaron alentando en el Campín; a quien gastó todos sus recursos para poder decir con orgullo que era nuevo socio de Millonarios; a quienes crearon foros, blogs y cuanto medio fuera posible para promocionar las soluciones que sacarían a la institución de las trágicas situaciones a las que nos llevaron pésimas administraciones; a quienes se contentan con escuchar los partidos por la radio, porque jamás han tenido el dinero para comprar una boleta para ir al estadio; a todos aquellos que jugaron e hicieron grande a Millonarios; al presidente Arango, a las nuevas directivas; a todos ellos, FELICITACIONES, AYER VOLVIMOS A SER CAMPEONES, VOLVIMOS A SER MILLONARIOS.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Recuerdos de Octubre

Para muchos, octubre es el mes de los disfraces; para mí, en cambio, es la época en que se caen las máscaras.  Sobre todo aquí, en los países del norte, porque es entonces cuando el invierno comienza a devastar los pocos retoños que han sobrevivido al otoño, la luz hace que lo que no es noche solo sea un remedo de día y la nieve haga difícil hasta caminar solo unos pasos.  Al final de este mes, se sabrá si se tomaron las provisiones necesarias, si el abrigo soportará el prolongado frío.

No es, sin embargo, a las dificultades del invierno a las que me refiero cuando digo que octubre es una época en que se acaban los disfraces.  Me refiero a la política, o mejor, a los modelos económicos que han reinado en este planeta durante las últimas décadas.

El 29 de octubre de 1929 ocurrió el denominado “jueves negro.” Ese día comenzaría la caída de la bolsa de Nueva York, en tanto que la sociedad norteamericana empezaría a comprender que era casi imposible escapar de una de las peores crisis económicas en la historia sin modificar el paradigma económico de la época.  A partir de entonces, el capitalismo ya no pudo ocultar su tenebrosa cara, la de millones sin casa, sin comida, sin educación, sin salud.  Para enfrentar la crisis, Estados Unidos tuvo que recrear sus cimientos; modificó su derecho constitucional, creó instituciones jamás pensadas, reguló actividades consideras casi que como tierra santa por la Corte Suprema.  El capitalismo sobrevivió, pero no era el mismo.  Ahora todos conocían su trágica cara, la penosa devastación que la mano invisible deja sobre las sociedades que dejan todo al capricho de la voraz competencia.

También un octubre, en Hungría, las máscaras comenzaron a caerse.  Esta vez se develó otro terrible rostro, este tal vez más inhumano que el descubierto en Estados Unidos, uno cargado de campos de concentración, de persecuciones étnicas, de estultas medidas económicas causantes de terribles hambrunas, el rostro oculto del comunismo.

El 23 de octubre de 1956, la protesta iniciada en Hungría por un grupo de jóvenes se convertiría en un gran movimiento popular. Después de algunos intentos de solución pacífica y de algunos malentendidos, el gobierno soviético aplastó la rebelión, asesinando a más de cuatro mil húngaros y acabando con todas las libertades políticas.  El Gulag, Kwan-li-so No.22, los balseros, las masacres de los Jemeres Rojos, serían realidades ahora innegables, pruebas fehacientes del grado de degradación que han alcanzado los gobiernos comunistas a lo largo de la historia.

Hoy, más de medio siglo después de la revolución húngara, jóvenes se aprestan a soportar el invierno en medio de Zuccotti park, en tanto que miles de estudiantes colombianos nos recuerdan que la educación es un derecho y no un favor.  Nosotros, quienes crecimos en medio de los horres de uno y otro modelo económico esperamos que los jóvenes tengan una mejor solución. Ojalá así sea.

domingo, 23 de octubre de 2011

REIVINDICANDO A HART

Acabo de crear un nuevo Blog, espero sus comentarios y opiniones.  

JUSTIFICACIÓN DEL BLOG

Una estudiante de mi clase de Teoría Jurídica, en la facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, alguna vez me dijo: “Esto es muy distinto a lo que nos enseñaron en Introducción al Derecho.  Hasta donde yo sabía,  la diferencia entre positivismo y iusnaturalismo, es que para uno la moral estaba separada, no existía y el otro se basaba en la moral.” Si no fuera porque ella era una de las mejores estudiantes y porque conozco cómo algunos profesores enseñan la teoría jurídica en Colombia, habría pensado que la opinión de mi alumna era uno más de los errores que los estudiantes atribuyen a los profesores, pero, que,  nacen de una falta de atención o de algún texto que estaba en el programa y que no se estudió...

Puede leerlo aquí

jueves, 20 de octubre de 2011

PRECIOUS: DE LA EVASIÓN AL SUEÑO


Hay algo de Precious (Gabourey Sibide) que recuerda a Selma (Björk), el célebre personaje de “Dancer in the Dark” (Lars Von Trier, 2000); ambas tienen una maravillosa capacidad de perderse de la realidad en los momentos más difíciles de sus vidas.  Justo antes de ser ejecutada en la horca, Selma usa el ruido de los pasos en la cárcel para imaginarse en un gran musical.  Precious, en cambio sueña que ella es la protagonista de un concierto cuando es violada por su padre, quien a la vez es el padre de su hija con síndrome de Down y del niño que espera.

En realidad, Selma y Precious más que sueños, tienen evasiones.  Sus fantasías son un suspiro deliberado, un no fallido intento por no sentir la cercanía de la muerte en el caso de Selma, y la crudeza de la vida, en el de Precious.  Sus fantasías son, en lenguaje de Marx, la rosa que ellas cultivan en medio de la cadena de sus existencias, flores que hacen un poco más llevadera sus cargas, pero que hacen imposible destruir las cadenas.

A diferencia de Salma, Precious aprende que puede soñar.  Una vez ingresa al programa de enseñanza alternativo liderado por Ms Rain (Paula Patton), Precious comienza a enfrentar su vida.  La tarea asignada pudiera parecer simple, relatar en un cuaderno asuntos cotidianos; sin embargo, para Precious, quien a pesar de tener 16 años no ha aprendido a escribir, la tarea es casi imposible.  Lo difícil no es, sin embargo, las labores técnicas de la escritura, lo complicado es relatar su historia, contar que ha sido violada, que apenas puede ver a su hija con síndrome de Down, que su madre también abusa física y sicológicamente de ella.

Precious aprende algo único al escribir sobre vida, reconoce que ella también tiene voz.  Hasta entonces, Sibide interpreta un personaje huraño, una de esas personas que si ocupa una banca en un autobús, uno prefiere quedarse de pie para no sentarse con ella.  Con el simple gesto de dejarnos entrar en sus pesadillas, que no en sus evasiones, Precious nos recuerda que a pesar de su exceso de peso, a pesar de su mirada agresiva, en ella también hay belleza.

Cuando Precious regresa del hospital con su hijo recién nacido, Mary (Mo’Nique) comienza a agredirla.  Físicamente herida y desesperada, Precious busca ayuda en el centro de enseñanza de Ms. Rain.  Es quizás este el momento determinante de la historia, Precious ha aprendido que vale la pena luchar y hace lo posible por tener a su lado lo que más ama, sus dos hijos.

Basada en la novela Push, de Sapphire, la historia de Precious se ubica en la era Reagan.  Más allá del claro mensaje político, la película es un hermoso cuento de hadas moderno.  Al final de la historia, el patito feo descubre que en realidad es un cisne.  Lee Daniels, el director de la película, no disfraza el carácter fabulesco de su obra.  Las hadas sin embargo, están desprovistas de halo, o de la magnificencia de otras narrativas.  Mariah Carey (Mrs Weiss), usando solo una película como maquillaje, es una trabajadora social encargada de enfrentar a Precious y de devolverle la custodia de su hija.  Lenny Kravitz (Nurse John) es un enfermero que se preocupa y compadece por la situación de Precious.  Desprovistos de la parafernalia hollywoodesca, Kravitz y Carey son, como diría un poema de Borges, los verdaderos héroes de la historia cotidiana de Precious.

Casi al final de la obra, descubrimos que Precious tiene SIDA.  Esta vez, la protagonista no se evade, en cambio,  contempla a sus hijos y camina orgullosa por la acera. Ha aprendido una lección muy importante, ahora el patito feo sabe que es cisne y que se puede soñar.

jueves, 13 de octubre de 2011

¡PELIGRO: COLOMBIA SE COSTEÑIZA!


Al menos eso fue lo que me dijo una amiga con quien me encontré casualmente en pleno metro de Nueva York.  Como no quería hablar del tema, mencioné lo primero que se me vino a la mente, “Es triste, se murió Steve Jobbs.”  Lo sé, fue una respuesta tonta, pero no soy bueno para cambiar de tema, lo reconozco.

- ¿No notaste los costeñizada que está Colombia?
- No creo que la cosa sea tan grave, estoy seguro que el calentamiento global no ha creado más costas en Colombia, afirmé seguro de acabar la conversación con un comentario aún más absurdo.
- No seas bobo, me refiero a la cultura costeña. Cada vez nuestro gusto es peor, escuchamos más vallenatos, nos vestimos como costeños…

La verdad a mí poco me han gustado los vallenatos.  Aún así, hay algunos en los que reconozco bellas gotas de sabiduría popular, como aquel de Escalona que dice, “Yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida.” Hay otros que son románticos, sin ser cursis o simples,  como aquel famoso pasaje de La Creciente, “Y así como las nubes se detienen/ después de un vendaval viene la calma/ a todo río le pasa la creciente/ menos al amor que llevo en mi alma.”

Por lo demás, la cultura costeña es tan rica en ritmos y danzas que creer que solo el vallenato la caracteriza es desconocer expresiones artísticas como el mapalé, la cumbia o, incluso, la champeta.  A lo sumo, mi amiga podría decir que Colombia se ha valletanizado, que no es lo mismo que costeñizado.  Quizás en todo eso pensaba y en lo mucho que aprecio a amigos bogotanos que disfrutan profundamente el vallenato, cuando traicioné mis intenciones de no generar más polémicas y dije:

- La verdad, yo antes que el metal, prefiero al vallenato.
- Es que no es solo eso—mencionó… Es todo, es la pereza, la corrupción, el mal gusto…

He tenido varios estudiantes costeños, algunos han sido de los más estudiosos que he visto.  Una de mis mejores compañeras de clase, cuando estudiaba derecho, era también costeña.  Varios de los logros más importantes de Colombia, como “Cien años de Soledad,” la medalla de Bellingrodt, el éxito de Shakira (así a mí no me guste su música), la moda de Silvia Tcherassi, las medallas de la Chechy Baena, el emporio industrial de Santodomingo (así no comparta la forma como se construyó), los triunfos de Edgar Rentería, difícilmente pueden explicarse sin largas horas de dedicación y trabajo.  Me parece imposible creer que ellos o que la cultura que comparten los haga perezosos.

Por otro lado, es claro que la sociedad costeña ha sufrido los desfalcos de una clase política corrupta.  Las últimas sanciones al padre Hoyos son solo la punta de un iceberg de malos manejos administrativos en la ciudad más importante de la costa atlántica.  No obstante, no podemos decirnos mentiras.  En Colombia, pocas ciudades pueden tirar la primera piedra en materia de corrupción ¿Cuánta plata se robaron en el Guavio, en el robo de Caldas, en el metro de Medellín, ¿De dónde era Soto Prieto?

En realidad, la idea de satanizar a la cultura costeña por la corrupción es solo otro eslabón de la cadena de segregación y exclusión que cada vez más destruye a Colombia.  Para no aceptar nuestros errores, inventamos características de otras regiones y comenzamos a creer nuestra mentira, empezamos a pensar que todos nuestros problemas vienen de cualquier sociedad que no sea la nuestra.  El paramilitarismo, por ejemplo, no fue un fenómeno nacional, fue antioqueño.  La corrupción no es nacional, es costeña, o si se vive fuera de la capital, es culpa de los políticos bogotanos. 

Así, poco a poco, nos calificamos y nos segregamos.  Excluir se ha vuelto parte de nuestra cultura, incluso en nuestras más prestigiosas instituciones académicas.  En la Universidad de los Andes, por ejemplo, se decidió no invitar a la Universidad de Antioquia a un foro, porque una profesora estaba cansada de la “paisada.”  En el Rosario, hay profesores que creen que saber enseñar es divertir a sus estudiantes mediante la burla soterrada de aquellos alumnos que son de otras regiones… “La constitución no tiene ese acento,” suele decir un profesor a aquellos estudiantes que vienen de otras tierras.  En nuestra visión de Colombia, los culpables son los otros, jamás nosotros, nunca nuestra región, nuestra cultura.

Cansado de discutir con mi amiga, decidí bajarme en la próxima estación.  Sé muy bien que ella criticará a los estadounidenses por pensar que nosotros los colombianos somos narcotraficantes.  A lo mejor, mi amiga creerá que ellos nos condenan para olvidar que en ese trágico y criminal comercio, los norteamericanos son tan responsables como nosotros. 

Salí del tren caminando meditabundo.  Recordé a Cabral por un momento, “No soy de aquí, ni soy de allá/ no tengo edad, ni porvenir/ y ser feliz es mi color de identidad.” 

miércoles, 12 de octubre de 2011

PAROS Y MARCHAS ESTUDIANTILES: LO JUSTO, LO ANODINO Y LO PREOCUPANTE

Pocos dirán que las marchas son injustas.  Salvo los más radicales libertarios y los plutócratas en pánico, usando la expresión de Paul Krugman, la mayoría de personas entiende que la educación es un derecho y que el Estado tiene la obligación de brindarla de forma universal y gratuita.  La reforma a la educación no garantiza este derecho en su plenitud, ni siquiera en las proyecciones más optimistas del gobierno.  Es justo, por tanto, que se proteste y se marche en contra de la violación sistemática de un derecho.

Las marchas son anodinas, sin embargo, porque aunque ayudan a expresar la inconformidad de estudiantes y profesores, son ineficaces.  El gobierno y la sociedad civil difícilmente cambiarán de opinión por las presiones ejercidas por el sector educativo, en tanto que las personas más afectadas por los paros serán los investigadores y estudiantes que verán truncadas sus expectativas por los efectos de las protestas.

Finalmente, son preocupantes, porque aunque han hecho uso de vías legales de expresión política, la reflexión sobre las vías constitucionales de participación política ha sido casi inexistente.  Al igual que sucedió con la ley Lleras y el proyecto alternativo presentado por el Senador Camilo Romero, las universidades han trabajado en la elaboración de otro proyecto que sea más respetuoso de los derechos a la educación de los colombianos.  No obstante, nada se ha hablado de otras vías constitucionales de participación ciudadana como el referendo. 

Es cierto, las protestas apenas comienzan y la reforma a la educación es apenas un proyecto.  Es muy probable que en etapas posteriores de la discusión, se acudan a otras vías jurídicas que hasta ahora han sido inexploradas.  Es preocupante, sin embargo, que las vías de participación que con tanta esperanza fueron creados durante la redacción de la Constitución del 91 permanezcan todavía como imposibles políticos o como últimos recursos de acción para  la población.  Pareciera que la sociedad desconfiara de sus instituciones, que solo acudiera a ellas en caso de última necesidad y cuando ya se han agotado todas las otras vías. 

Algún pensador manifestó que la biblioteca de Alejandría fue quemada cuando la población dejó de creer en la importancia de la ciencia. Que algunos sectores salgan a marchar a favor de la educación sugiere que pese a nuestra constante indiferencia, todavía hay colombianos para quienes la protección de los derechos es un tema vital.  Que las vías de participación constitucional sean ignoradas, sugieren que el derecho no ha sido capaz de cumplir su función de articulación y coordinación entre las diferentes facciones políticas.  Puede que esta desconfianza no sea mala, puede que a partir de ella se generen métodos más democráticos de participación política. Es preocupante, sin embargo, porque al igual que en Alejandría, nadie moverá un dedo para salvar las instituciones políticas en las que ya no se cree.

lunes, 10 de octubre de 2011

La moral en contra de la moral

Esta vez el argumento fue usado por María Jimena Duzán para criticar el proyecto de acto legislativo que castiga el aborto en los casos despenalizados por la Corte Constitucional mediante  la sentencia C-355 de 2006: “Desde ese podio [el del procurador] donde el derecho y la moral son uno solo, hasta las mujeres que no puedan tener hijos y opten por hacerse una inseminación in vitro serán vistas como transgresoras de la ley.” Desde el opuesto espectro político, George Will había utilizado el mismo argumento para criticar la posición del procurador general de California, Jerry Brown, quien se opuso a la aprobación por referéndum de la proposición que derogó el derecho a matrimonio a las parejas del mismo género.  En palabras de Will, “¿Qué es la justicia natural? Gente educada y honorable disienten. Es por ello por lo que el consenso que se alcanza es codificado en una constitución.”

En realidad, el argumento es el mismo, los jueces deben fallar según lo dispuesto por la ley y deben dejar a lado sus convicciones morales.  El procurador Ordóñez falla, en la versión Duzán, por querer imponer su moral católica mediante un proyecto de acto legislativo; Jerry Brown se equivoca al preferir apoyar su moral liberal en contra de los deseos de la mayoría californiana.

Más allá de las ventajas retóricas del argumento, en realidad es contradictorio, ingenuo y perjudicial.  Es contradictorio porque se fundamenta en las mismas convicciones morales que se critican en la otra parte.  Duzán, por ejemplo, fundamenta su crítica al proyecto de acto legislativo en que las mujeres verían afectada su dignidad si quedan reducidas a su función procreadora. Will, por su parte, justifica su posición en el derecho de las mayorías de crear sus propias leyes.  En otras palabras, tanto Duzán (la dignidad) como Will (la democracia) utilizan la moral para contradecir a quienes también la usan al momento de tomar ciertas decisiones jurídicas. El argumento de Will y Duzán podría ser resumido de la siguiente forma: hay razones morales para no usar la moral en el derecho. A no ser que expliquen por qué sí están facultados ellos para apelar a la moral para favorecer ciertas decisiones jurídicas, Duzán y Will critican a los procuradores por usar las mismas armas que ellos usan.

Es ingenuo porque parte de la equivocada premisa, suficientemente rebatida desde la aparición de los primeros movimientos escépticos frente a la norma, según la cual la moral no influye en la aplicación de las disposiciones jurídicas.  Las contradicciones internas y la textura abierta, por ejemplo, obligan a acudir a sistemas normativos diferentes al derecho para la solución de las controversias jurídicas.

Finalmente, es perjudicial, porque si se excluye a la reflexión moral de estas discusiones, la solución de los conflictos se deja a la simple mayoría parlamentaria o, en el peor de los casos, a la fuerza bruta.

El artículo de María Jimena Duzán se puede leer aquí
El artículo de George Will se puede leer aquí
Para la sentencia de la Corte Constitucional, presione aquí 

miércoles, 5 de octubre de 2011

55 expresiones hoy comunes que jamás usé cuando niño

Internet, e-mail, celular, Windows, formatear, virus (programa), portátil (computador), drive, memoria (informática), google, facebook, twitter, youtube, bajar (descargar programas), quemar (copiar cd), streaming, chat, chatear, hacker, hackear, tableta, (informática) ipod, ipad, mp3, mp4, iphone, blackberry, cámara digital, enter, postear, blog, blogger, troll, link, thread, pdf, mouse, televisión por cable, messanger, antivirus, wi-fi, nintendo, wii, consolas, DVD, CD, playstation, USB, impresora, imprimir, Xbox, arcadia, googlear, textear, resetear…

lunes, 3 de octubre de 2011

MOCKUS Y PARODY: LA COHERENCIA EN PRINCIPIOS

No cabe duda, de todas las últimas alianzas electorales, la más coherente es la de Antanas Mockus con Gina Parody.  Peñalosa, por ejemplo, se contradice drásticamente cuando acepta el apoyo del candidato a quien hace poco gritaba “No todo vale.”  Petro, esta vez se alejó de Clara López y todo lo que recuerde a la administración Moreno, lo cual, aunque está bien, contradice su pasado más reciente por el Polo--¿se acuerdan quién era su fórmula vicepresidencial?

Quien no se contradice es Mockus. De hecho, al adherir a Parody continúa con una larga historia de cuidadosas y serias adhesiones políticas que quizás empezaron con su participación en la campaña de Nohemí Presidente, en 1997.  En realidad,  Parody se asemeja tanto a Sanín que es difícil no recordar a Marx en el “18 Brumario de Luis Bonaparte,” en eso de que la historia se repite, primero como una tragedia, luego como una farsa.

Sanín siempre se caracterizó por extrañas alianzas. En plena campaña política manifestó que votar por Uribe era hacerlo por Castaño, años después hizo parte de su gobierno y se proclamó la verdadera heredera de las políticas de seguridad nacional.  Parody, por su parte, creo su caudal –chorrito, diría yo—político, gracias al apoyo de Uribe. En sus campañas al Congreso, se publicitaba como una gran defensora de las políticas de seguridad nacional y solo cuando los índices de popularidad del presidente comenzaron a bajar y los escándalos comenzaron a destaparse, Parody abandonó su puesto y entró en un extraño silencio.

Al igual que Sanín, Parody se vende como la tercera opción, aquello que no es Pastrana ni Serpa, ni Petro ni Peñalosa.  Al igual que Nohemí, poco sabemos del proyecto político que incitó la alianza con Mockus.  Cuando le preguntaron a Antanas, ¿Qué tenían en común las dos campañas?, manifestó sin sonrojos: “Ella también está de acuerdo en que no todo vale.” En realidad, ese es el único punto de acuerdo, sobre lo demás, nadie sabe. 

Al fin y al cabo, a Mockus poco le han importado las realizaciones políticas, porque él confunde administrar con predicar.  En las pasadas elecciones presidenciales, más que un candidato explicando su programa, parecía un tele-evangelizador, un sacerdote del movimiento carismático enseñándole a cantar a sus fieles “no todo vale,” mientras el Espíritu Santo se posaba sobre sus corazones para iluminarlos con la honestidad del gran líder. Por eso, también, cuando lo han elegido, se ha caracterizado por todo menos por ser un administrador eficiente. Sin programas es difícil ejecutar obras, su desempeño como alcalde respecto del IDU es prueba de ello.

Decía que Mockus es coherente con su historia política al aliarse con Parody.  Como siempre ha hecho en el pasado, se ha aliado sobre abstractas premisas morales y con candidatos pronos a cambiar de opinión según la dirección de las encuestas.  Porque, Parody no solo recuerda a Nohemí, también a Peñalosa y a Garzón (a propósito, ¿no es “curioso” que Uribe haga campaña con el partido político cuyo jefe es Lucho Garzón?)  Esa también fue una alianza sin proyectos.  A semanas de las elecciones presidenciales, por ejemplo, el partido “verde” todavía no tenía un proyecto ambiental y andaba en conversaciones con profesores universitarios para que les contribuyeran, en caso de ser elegidos.

Afirmaba, también, que Mockus da la razón a Marx en eso de que la historia se repite.  Y en estas elecciones se repetirá. La alianza Mockus-Parody perderá, será la tercera nunca consolidada vía, Antanas quedará cada vez más rezagado en las encuestas y en las opiniones de los colombianos, en tanto que Gina esperará que otro Uribe, otro Mockus, le proporcione el carisma que ella nunca ha tenido.

domingo, 2 de octubre de 2011

PETRO, EL CANDIDATO

Solo una vez me he encontrado con Petro, corrían las elecciones para escoger al candidato a la presidencia por el Polo Democrático y él se encontraba haciendo campaña en el centro de Bogotá, en la séptima muy cerca a la calle 19.  Lo acompañaba un pequeño grupo de escoltas y uno más grande de seguidores que aplaudían y gritaban cada vez que hablaba el candidato.  Me acerqué y le pregunté por su voto a favor del procurador Ordoñez, me contestó, “Si gana Gaviria, habría una dictadura.”

No sé qué me quiso decir con su respuesta.  En realidad, es difícil entender, dilucidar,  interpretar a Petro.  De joven, hizo parte del M-19, un grupo tan enigmático como el propio candidato a la alcaldía. Era un movimiento de izquierda que nacía como reacción a las elecciones que robaron a quien fuera el último declarado dictador de Colombia; era un grupo revolucionario que defendía a un dictador ya depuesto.

A lo largo de su carrera, Petro ha sido tan contradictorio como el movimiento que lo bautizó en la vida política. Fue él uno de los principales detractores de la administración Moreno, pero sin ambages hizo pactos con ella para las pasadas elecciones presidenciales. Cuando Uribe estaba en su mayor grado de popularidad, Petro lo atacó en un Congreso más proclive a las lisonjas que a las denuncias; no obstante, cuando más se necesitaba su voz, cuando se discutía la moción de censura en contra del ministro de agricultura, Petro dejó de asistir, inventando una excusa que solo creerán sus más fervientes aduladores.  Para algunos comentaristas, esas contradicciones son solo pragmatismo, quizás “corrupción” sea un nombre más oportuno. 

Más contradictorias son las críticas recientes hechas a Petro. A él no se le cuestiona su pasado guerrillero, sus relaciones con la administración Moreno, sino el hecho de no estar preparado para la alcaldía de Bogotá.  Quizás, una sociedad más seria recordaría que una cosa es perdonar a los delincuentes en aras de encontrar la paz, otra muy distinta elegirlos como senadores o alcaldes de nuestras ciudades.  Porque más allá de las amnistías, más allá de los indultos, más allá de las, estas sí, pragmáticas decisiones, la verdad es que el M-19 secuestró, torturó y asesinó civiles, la verdad es que sus víctimas exiguamente fueron reparadas, mientras los victimarios hoy son reverenciados y aceptados. 

Para quien se autoproclama como un gran abanderado de los derechos humanos, es una gran contradicción no haberse colocado en el lugar de las víctimas de los crímenes cometidos por el M-19.  En vez de disculparse por las acciones cometidas por el grupo guerrillero, Petro las reivindica.  Aún más, no ha desperdiciado la oportunidad de disfrazarse de víctima del Palacio de Justicia, sin reprochar la conducta de sus compañeros que usaron a civiles como rehenes y escudos humanos en ese episodio oscuro de la historia colombiana.

Que Petro sea un candidato de la izquierda colombiana, o latinoamericana, no es de extrañarse. Al fin y al cabo, el sector mayoritario de la izquierda en este continente se ha especializado en mirar solo a las esquinas donde sus representantes  no gobiernan. Por eso, quizás, sigan considerando que no es nepotismo si Fidel elige a su hermano, o que enviar a los homosexuales a campos de prisioneros no es vulnerar los derechos humanos, o que perseguir a los contradictores políticos y querer gobernar hasta el año 2030, como lo ha dicho Chávez, es un sano y democrático liderazgo.

Lo que escandaliza, aunque no extraña, es que la sociedad bogotana quiera elegirlo y lo proclame como la alternativa a la típica corrupción colombiana.  Escandaliza como escandalizan las acciones de un país fácil en perdonar a los victimarios y olvidar a las víctimas; no extraña, porque aquí se han elegido candidatos con peores historias y peores crímenes.