martes, 31 de enero de 2012

Y de nuevo la tauromaquia

Rodrigo Uprimny publica hoy en "El Espectador" un artículo que defiende la posición que he tratado de proponer en este blog. Aquí está el artículo

domingo, 29 de enero de 2012

¡Gracias Vicefiscal!

Unos días después del nombramiento de Juan Carlos Forero como vicefiscal, le dije: “Me alegro mucho como colombiano, no tanto como amigo.”  Para entonces, la hoja de vida de Juan Carlos era tan admirable que difícilmente alguien de su edad la pudiera superar o igualar: conjuez de la Corte Suprema de Justicia, director de la especialización de derecho penal de la Universidad del Rosario y dueño de una prestigiosa y boyante firma de abogados.

Juan Carlos no necesitaba ser vicefiscal, pero aceptó serlo porque el país así lo requería. Su amor a Colombia lo obligó a dar el sí y decir adiós a la tranquilidad que da el anonimato. Y fue un sí como todos los suyos, sincero, de corazón, de entrega. Con la misma pasión con que devoró libros y apuntes para convertirse en el mejor estudiante de su clase, Juan Carlos se dedicó a la ingrata labor de combatir el crimen en un país enfermo de falsedades y corrupción.

La elección de Juan Carlos fue, sin duda, un gran acierto de la Fiscal.  Pocas personas reúnen como él, el conocimiento, la honestidad, la experiencia en el litigio y la pasión por la justicia. En épocas en que la academia cada vez se cierra más en su mundo de burocracia escalafonada, Juan Carlos decidió abrirse al mundo, sin decir adiós a la investigación y al conocimiento.  Sus influyentes libros “El delito de omisión en el nuevo Código Penal” y “El principio de oportunidad en el nuevo Código de Procedimiento Penal,” demuestran sus altas cualidades académicas, el éxito de su oficina, es prueba de sus grandes habilidades en el litigio, su labor como vicefiscal evidencia su amor por Colombia. 

Después de más de un año de servicios a su patria, Juan Carlos Forero deja el servicio público. Como amigo, me alegro. Sé que ahora tendrá más tiempo para compartir con todos quienes lo estimamos y con su familia. Como colombiano, me entristezco, sé que difícilmente podrá alguien superar su capacidad y su calidad humana en la vicefiscalía. 


viernes, 27 de enero de 2012

Test para carnívoros antitaurinos

(I) Cuál de los siguientes animales sufre menos a lo largo de su vida:
  1. Toro de lidia
  2. Gallina ponedora de huevos en galpón comercial
  3. Cerdo en cautiverio
  4. Ternero de cebo
La respuesta depende de las condiciones especiales de cada uno, pero en términos generales la mejor elección es la (1). A pesar del horrible final que le espera, el toro de lidia no sufre las condiciones de hacinamiento, tortura física (castración por ejemplo) que padecen los demás animales. Las gallinas ponedoras viven en general encerradas en jaulas no más grandes de una página A4. La Unión Europea acaba de crear un estándar de 750 centímetros. Un gran paso en materia de respetar la dignidad del animal, pero no una solución al sufrimiento causado a estos animales. La orden de la UE puede leerse aquí. Dos artículos al azar sobre el tema: A y B
Las condiciones del cerdo por lo general son iguales o peores que las de las gallinas. El objetivo en este caso es encerrarlos de forma tal que gasten el menor número de calorías y engorden lo mayor posible. Igual, artículos sobre el tema: C y D  
El ganado, en la mayoría de los casos, es castrado, quemado con hierros calientes y amputados de sus cuernos. En las más inhumanos granjas, son guardados en establos donde no pueden ni moverse, ni ver el sol al día. Más sobre el tema: E y F
No sé ustedes, pero yo prefiero un día de sufrimiento a una vida de pesadilla. Si me pusieran a elegir entre la existencia de penurias o la muerte horrible de los toros, yo preferiría agonizar en la arena.

(II) Cuál de las siguientes acciones es necesaria para la existencia humana:

  1. La tauromaquia 
  2. Consumir carne
  3. Ninguna de las anteriores
En la mayoría de los casos, la respuesta es la 3. Según la FAO, el consumo de carne "no es un elemento esencial de la dieta." Disminuir la ingesta de carne roja, incluso, es una recomendación médica. Por otro lado, si fuera necesario consumir carne para vivir, las proporciones serían menores a una hamburguesa de El Corral a la semana, 200 gramos.

(III) Cuál actividad contribuye más al calentamiento global:

  1. Tauromaquia
  2. Consumir Carne
  3. Los automóviles
  4. Industria en general
Aunque pocos lo crean, la respuesta es 2. La fuente es la FAO citada por Scientific American

Ahora bien, si el consumo de carne es más dañino para el planeta, más doloroso para los animales y tan innecesario como la tauromaquia, ¿Por qué, te empeñas en prohibir una actividad y no la otra? ¿No será que lo que te desagrada es el espectáculo? ¿Debe prohibir el Estado un espectáculo, porque no es del gusto de otros ciudadanos? ¿Tiene el Estado la autoridad de imponer un gusto?

lunes, 23 de enero de 2012

El Estado y el fútbol

Piénselo bien, cuando el Estado patrocina, favorece, ayuda al fútbol, en realidad está tomando dinero de una persona y entregándolo a directivos que llevan años, por no decir décadas, mezclándose con algunos de los más corruptos sectores de la sociedad y enriqueciéndose de una actividad que en su mayoría está constituida por instituciones sin ánimo de lucro.  Imagínese, por ejemplo, a un aficionado a la música que detesta el fútbol. Manuel es un empleado de clase media que cumple oportunamente sus deberes y que hace hasta lo imposible para estirar su sueldo y pagar la hipoteca y la universidad a su hija.  A él, el Estado le saca dinero de su salario para que otros se entretengan con el fútbol, ¿No es eso injusto? 
Aclaro, hablo del fútbol como actividad lúdica, no como la práctica de un deporte con el fin de mejorar la salud de las personas. Hablo del patrocinio a mundiales, la creación de Estadios, el apoyo a equipos profesionales.
Le sugiero que se entretenga en este experimento mental, porque hace días debido a la disputa entre Telmex, Une y la Dimayor, algunos periodistas han venido presionando al Estado para que intervenga en las negociaciones, dado que el fútbol, en sus palabras, es un bien colectivo. Quizás lo sea, yo crecí preguntándome cómo hacía Maradona para pegar su balón y distraer rivales, o qué era lo que tenía Valderrama para pasar el balón en el lugar donde nadie lo esperaba y donde más daño podía hacer a las defensas contrarias. Quizás eso sea arte y quizás eso sea belleza y, por tanto, un bien común ¿Significa esto que el Estado debe patrocinar el fúbol?
Suponga ahora que el serialismo es también un bien colectivo. El mundo sería mejor si existieran orquestas especializadas en las obras de Schönberg, Berg o Webern ¿Por qué no, entonces, crear impuestos para patrocinar orquestas? Si cree que el Estado no debe patrocinar al serialismo, tampoco debe hacerlo en el caso del fútbol. La única diferencia entre una y otra actividad es la popularidad—bueno, y el hecho de que nadie ha muerto asesinado por un fanático de Berg, ¿o sí?. En otras palabras, las mayorías deciden que todos, incluso aquellos que como Manuel detestan el fútbol, deben pagar para satisfacer los gustos de otros, para que unos pocos puedan regodearse viendo a sus equipos levantar un trozo de metal llamado copa. Dicho de otra forma, la mayoría decide que una actividad es valiosa, en este caso el fútbol. Luego, opta por imponer, extraer, robar—elija el verbo que desee— el dinero suficiente para pagar sus gustos. 
Si los aficionados al fútbol, entre los que me encuentro, aman tanto ese deporte, que paguen ellos sin imponer a los demás los gastos de sus pasiones. La alcaldía de Bogotá no tiene porqué patrocinar a Milloanrios o a Santa Fe, no es función de Coldeportes rescatar el fútbol profesional colombiano. Si el fútbol no es una actividad rentable, el Estado no tiene por qué subsidiarla. De hecho, si los clubes están en bancarrota, quizás es porque el fútbol no es tan popular, no es tan colectivo sino que, más bien, es una tiranía que se impone sobre quienes desearían conservar su dinero para gastar en mejores entretenciones.




sábado, 21 de enero de 2012

El aborto, Hursthouse, House y La ley y el orden

Para muchos, antes de responder la cuestión  sobre la moralidad del aborto, es necesario saber si el no nacido tiene vida propia. No es que el debate se defina al resolver esta pregunta, es posible defender el derecho al aborto y considerar que el nasciturus tiene derecho a la vida, tal como lo ha hecho Judith Jarvis Thomson en su clásico artículo “A defense of abortion.” 1  Aún así, parece importante saber que acción se está realizando, si retirando un tumor, una parte del cuerpo, o un ser humano.  La respuesta a cada una de estas preguntas demanda diferentes justificaciones, interpretaciones y posiciones.
Autores en ambos espectros de la discusión utilizan la ciencia para defender sus posiciones.  En Colombia, por ejemplo, el profesor Antonio Vélez realizó en Semana “una acérrima defensa -desde la ciencia- de la posibilidad de interrumpir el embarazo;” 2  en tanto que Nicolás Uribe afirmó en El Espectador que “los proabortistas deberían reconocer que existe un nuevo ser humano desde el momento de la fertilización y que ello no es producto de la opinión, sino de la verdad científica” 3  
continúa

miércoles, 18 de enero de 2012

LA ESTOCADA DE PETRO


Es una estocada magnífica, un pase de político aventajado, ducho en las lides de la administración pública. Petro ha decidido suspender el patrocinio y no prestar más la Santamaría para que se lleven a cabo corridas de toros.  Una simple decisión que acentuará la antipatía de algunos pocos, pero que le granjeará el apoyo de todos aquellos que ven en la tauromaquia un brutal y salvaje espectáculo.

Está bien retirar el patrocinio a actividades culturales como los toros. El Estado no tiene porque gastar el dinero de los impuestos auxiliando a empresas que no tienen el apoyo de la comunidad.  Lo extraño está en que la tauromaquia se prohíba de forma indirecta, en que se les restrinja el acceso al único terreno donde esta actividad es posible.  La justificación de Petro, por lo  demás, raya en lo ridículo.  No solo es falso que el Estado debe intervenir en la cultura para patrocinar la vida, sino que es inconstitucional.  En una sociedad pluralista, como la colombiana, no le corresponde al Estado tomar partido entre las diferentes manifestaciones culturales o artísticas, así algunas de ellas sean repugnantes para la mayoría de la población.  Por otro lado, la distinción entre la cultura de la vida y la muerte es tan arbitraria como las decisiones de Petro.  Un aficionado dirá que en las corridas se celebra la vida del torero y no la muerte del toro, en tanto que no faltará quien sugiera que muchas religiones son hijas del nihilismo ¿No sería necesario, por tanto, prohibirlas, si seguimos la línea de pensamiento del alcalde?

Ahora bien, si la justificación es insuficiente, la decisión es incoherente.  Si las corridas se prohíben, debería restringirse también el consumo de carne.  No existe distinción ética entre las dos actividades, al menos en la mayoría de los casos. Algunos dirán que una se hace por placer, en tanto que la otra por necesidad.  Lo cual es tan falso como hipócrita. Es falso porque hoy en día, salvo en muy contadas ocasiones, las personas no necesitan comer carne. Al contrario, dado el desarrollo de la agricultura, es posible vivir muchos y muy saludables años ingiriendo proteínas vegetales. Es hipócrita, porque la principal razón para degustar la carne no es su valor nutritivo, sino el sabor, el placer que produce su ingesta. Si fuera coherente, el carnívoro que critica las corridas únicamente consumiría el mínimo de carne para vivir y lo haría de aquellos animales tratados con dignidad y no con la brutalidad y salvajismo con los que se crían los cerdos y los pollos en cautiverio.  Porque, no nos digamos mentiras, un toro de lidia sufre solo un día de su vida, en tanto que jamás hay descanso para aquellos destinados a convertirse en el manjar de nuestros amigos anti-taurinos.

Si a Petro le importaran en realidad los animales, si su preocupación fuera por la vida, prohibiría el innecesario consumo de carne, y las condiciones crueles y salvajes en que se crían los animales. A él le importan son los votos, los de aquellos que hipócritamente reprochan las corridas y que saboreando un bistec confiesan que no sienten placer en la muerte y tortura de los animales.

martes, 17 de enero de 2012

La Carraspanda (El Espectador)

Había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.
Alfredo Le Pera.
Es una carraspanda, pensó luego de calcular el dinero que necesitaba para comprar el jeep marca Willys exhibido en la tienda de autos usados.  Hacía treinta años, el carro era un lujo, ahora su precio era inferior al de las reparaciones necesarias para mantenerlo en uso luego de un trayecto largo. A Ramón no le importó, sólo deseaba llegar a su destino, así tuviera que dejar la carraspanda abandonada en el camino.  Aunque no le molestaba pagar una cifra exagerada, le incomodaba saber que lo estaban estafando, que ni siquiera a su edad encontraría el respeto con el que siempre trató a los ancianos cuando era joven.

jueves, 12 de enero de 2012

Mi voto es por Ron Paul

Si pudiera, en las elecciones para escoger candidato en el partido republicano.  No es que sea libertario, que no lo soy.  Creo que la dignidad humana exige una serie de derechos positivos que deben garantizarse para que se pueda desarrollar cualquier proyecto de vida, sobre todo en la infancia.  No pienso, además, que la “mano invisible” sea capaz de proteger al individuo de las empresas multinacionales, en especial aquellas que tienen hoy en día más poder que los mismos Estados.

Por otro lado, hay muchas razones para votar por Ron Paul. La primera es su coherencia. Paul lleva décadas, que no años, fiel a sus principios libertarios.  En épocas en que el encanto de la familia Reagan propagaba el credo de los soldados en la guerra contra las drogas, Paul salió una y otra vez a defender el derecho a la libertad en su más íntima expresión, la facultad de escoger, incluso, el destino de la propia destrucción.  En tiempos en que la histeria colectiva dominaba los corazones norteamericanos y parecía racional invadir a Irak y a Afganistán, Paul se oponía, ilustrando los horrores y los altos costos de la guerra. 

Ser coherente en tiempos de locura es una gran y rara virtud. Sobre todo ahora que presidentes elegidos para reformar el sistema bancario terminan nombrando a los mismos directivos que causaron la peor crisis de las últimas décadas. Por no hablar de Colombia. Un país que parece hipnotizado por un presidente que ha sido defensor del Caguán con Pastrana y de las posturas más guerristas de Uribe. Al mismo tiempo y sin contradecirse.

Por lo demás, hay ideas atractivas en el movimiento libertario. Si bien es cierto que la “mano invisible” ha servido para la consolidación de grandes monstruos económicos capaces de causar más horror que incluso los propios Estados, también lo es que la alianza entre el gobierno y las grandes corporaciones ha sido, quizás, más nefasta.  Gracias a la intervención del Estado en la economía, hoy en día los norteamericanos viven en una nefasta, artificial y peligrosa dependencia del maíz, tal como Michael Pollan ha revelado en sus investigaciones.  La influencia de la industria automotriz, por ejemplo, impidió el desarrollo de tecnologías más eficientes y más amables con el ambiente, como la ferroviaria.  Dejar de subsidiar estos sectores económicos puede tener, sin duda, un efecto muy positivo en la sociedad norteamericana.

También creo que a la juventud actual hay que recordarle la idea de la responsabilidad, la noción de que el Estado no nos debe todo, que nosotros también somos responsables de nuestra educación, de nuestra salud, de nuestro futuro. A mí me cansan algunos indignados que creen al gobierno como el único capaz de solucionar una vida interminable de engaños y mediocridades.

Y si lo anterior no les convence, quizás lo haga su política internacional.  Un mundo sin policía globales, un planeta sin Estados Unidos entrometiéndose  por intereses propios en culturas que no conoce  ¿No es ésta una razón suficiente para votar por el médico libertario?

Ahora bien, confieso que si pudiera, mi razón por votar por Paul sería otra. Estoy seguro que jamás será elegido y así, no tendría que arrepentirme por los errores que seguro cometerá en su gobierno.