lunes, 28 de mayo de 2012

A mí que me expliquen

1.      ¿Cuál es el alcance del secreto de sumario en Colombia? ¿Es verdad, como dice Lombana (ver aquí) que todos los abogados filtran pruebas? ¿Es legal esa actividad? ¿Cuál es la posición del Fiscal General y de la Academia sobre la materia?
2.      ¿Ganaba algo Colombia con la presidencia de Angelino en la OIT? ¿Cuánto se gastó en la fracasada campaña? ¿Se justificaban esos gastos? ¿Se justificó dejar de apoyar a Ocampo en el Banco Mundial, por apoyar a Angelino? ¿Tuvo alguna seria oportunidad Angelino?
3.      ¿Cuando los Comandos Azules escriben No más paisas en el equipo, quieren decir que preferirían al muy bogotano Chiqui García sobre Arango en la presidencia de Millonarios?
4.      ¿Por qué la derecha critica las especulaciones de la izquierda sobre el atentado a Londoño, pero no cuestiona el uso politiquero que Uribe ha hecho del acto terrorista? ¿Por qué la izquierda critica a Uribe por la politización del atentado, pero no cuestiona las suspicacias que muchos de sus seguidores han generado insinuando que quienes se beneficiarían del atentado son los mismos que lo cometieron?
5.      ¿Cuál es el ideario político de la U? ¿El de Uribe, el de Santos… el de Angelino, el de sus congresistas?
6.      ¿Hay alguna consecuencia jurídica o política derivada del hecho de que Santos mintió descaradamente en su campaña respecto a su política tributaria?

Un bizcochito de esperanza (A propósito de The best exotic Marigold Hotel, de John Madden)

“Al final todo sale bien, si las cosas no están bien es porque todavía no es el final,” dice Sonny Kapoor (Dev Patel) a los huéspedes de su hotel en Udaipur, ciudad india ubicada en el estado de Rajastán.  En el folleto publicitario, The best exotic Marigold Hotel es anunciado como un moderno y sofisticado centro de atención a los mayores de edad. Convencido de que, “Hay muchos países en los que no quieren a los ancianos,” Sonny cree que ellos acudirán y harán rentable el negocio que heredó de su padre.
Atraídos por las falsas promesas de Sonny y apremiados por sus propios dramas en Inglaterra, siete adultos mayores llegan al Marigold Hotel.  Evelyn Greenslade (Judi Bench) acude al darse cuenta que su marido recién fallecido no le dejó dinero para vivir de forma independiente en Inglaterra.  Graham Dashwood (Tom Wilkinson) viaja para reencontrar al amor de su vida, el hijo de uno de los sirvientes que su familia tenía cuando era joven y vivía en la India. Muriel Donnelly (Maggie Smith) es enviada por su servicio médico para que le hagan un trasplante de cadera. Douglas y Jean Ainslie (Bill Nighty y Penelope Wilton) escapan de los problemas económicos que sufrieron al perder el dinero de su retiro apoyando a su hija en una empresa de internet.  Norman Cousins (Ronald Pickup) y Madge Hardcastle (Celia Imre) van a encontrar el amor y la pasión que los acompañe por el resto de sus vidas.
Como era de esperarse por las palabras de Sonny, ninguno va a encontrar lo que espera, sino lo que necesitan para darle un mayor sentido a sus vidas. El Hotel no solo no es moderno, sino que carece de las atenciones mínimas a las que están acostumbrados sus huéspedes, las camas son polvorientas, las cucarachas abundan, los teléfonos no funcionan y algunas de las habitaciones ni siquiera tienen puertas.
Aún así, cada uno descubre algo de su propia identidad en esas extrañas tierras, algo que los lleva a desear quedarse en ese exótico hotel. Evelyn descubre que puede trabajar y ese sabor de independencia le recuerda la dignidad que acalló al vivir a la sombra de su marido, Graham encuentra al amor de su vida y llorando, descubre, que nunca dejó de ser amado.
Pese a que al igual que muchas de las películas de John Madden (en especial, la insoportable Shakespeare in Love, 1998), The best exotic Marigold Hotel es demasiado rosa, demasiado cuento rosa de hadas como para ser creída, hay varios elementos que la rescatan de sus problemas y la hacen una película interesante, digna de ser vista en más de una ocasión.  En primer lugar, el trabajo de esos veteranos monstruos de la actuación que son Judi Bench, Tom Wilkinson, Maggie Smith y Bill Nighty. Bench actúa con una asombrosa y serena dignidad, su elegancia y su carisma la hacen, sin duda alguna, una de las figuras más importantes de la cinematografía británica contemporánea.
Es también interesante la forma como se muestra las relaciones entre la India e Inglaterra. Muriel, por ejemplo, es una amargada británica enferma de racismo. Aún así, despierta el cariño de la encargada de asear el hotel, una paria que se alegra de ser, al menos, notada por la insoportable Muriel.  Cuando cuenta la historia de su vida, Muriel descubre que no existen mayores diferencias entre ellas y los parias, que ella gastó su vida cuidando los hijos de una familia adinerada y luego de su retiro, cuando estaba vieja y sola, se volvió invisible para una sociedad que oculta a los mayores de edad. En su país, Muriel también es una paria.
The best exotic Marigold Hotel es un sensato y ameno filme, una bizcochito que se toma con el té en una tarde descansada para seguir soñando que la vida puede ser de otra forma y que si las cosas van mal, pues bueno, es porque no ha llegado el final de la historia.

sábado, 26 de mayo de 2012

LA RELIGIÓN Y EL ESTADO (A propósito de una columna reciente de Mauricio García Villegas)

En una pasada columna manifesté mi opinión en contra de cierta definición de corrupción dada por Mauricio García Villegas y Catalina Ruíz Navarro (ver aquí). En esta ocasión, quisiera referirme a su última columna respecto a la relación entre moral y Estado. Me parece que este es un tema importante para la filosofía del derecho, uno sobre el cual debería debatir la comunidad académica. Para continuar leyendo, presione aquí

viernes, 25 de mayo de 2012

IDIOTECES VUESTRAS

En ocasiones, me indigno cuando mis amigos hispanos en Estados Unidos pretenden pintar a los países latinoamericanos como repúblicas bananeras.  Cada país tiene un largo historial de hechos ridículos que quizás solo sean explicables, que no justificables, desde cada cultura. Aquí va una lista de ridículos de países económicamente desarrollados,
·         Monarquía: España, un país que atraviesa una de las peores crisis económicas de las últimas décadas, gasta más de ocho millones de euros anuales para mantener su monarquía.  ¿No es absurdo que todavía existan cargos públicos que sean heredados?  ¿No es ridículo que deban pagarse impuestos para mantener los privilegios y ostentaciones de puestos que ni siquiera son elegidos? Algo peor podría decirse del Reino Unido que gasta más de 50 millones de euros anuales en su Corona, o Suecia cuyo presupuesto anual para la monarquía es superior a los 11 millones de euros.
·         Evolución: Alguna vez el New York Times reveló que en Estados Unidos hay más personas que creen en los ángeles que en la teoría de la evolución. De hecho, hay un batallón de pastores y feligreses convencidos que Darwin es un agente del mal y que fósiles y pruebas de carbono 14 son mentiras de los científicos creadas para sacarnos del camino del bien.
·         Irak: ¿Qué más ridículo que las pruebas fabricadas por Estados Unidos e Inglaterra para invadir a Irak? Toda la justificación de la guerra fue absurda, la falsa conexión de los atentados del 11 de septiembre don Saddam Hussein y las armas de destrucción masiva que nunca existieron, por ejemplo. Aún así, los estadounidenses reeligieron, (de verdad, reeligieron), al presidente que los engañó para ir a la guerra.
·         Berlusconi: Un político con un prontuario más amplio que el padrino ha sido jefe de gobierno en Italia, en tres ocasiones.
·         Bush-Gore: No solo es escandaloso que haya sido reelegido un presidente que condenó a una nación a la guerra con mentiras, lo es que haya ganado las primeras elecciones (si es que las ganó). Según muchas encuestas, Gore ganó en los diferentes debates que se hicieron, pero la gente prefirió votar por Bush porque era una persona con la que se sentirían más cómodas tomando un trago (¿Será por eso que Guillermo León Valencia fue elegido presidente en Colombia?)
·         Nepotismo: Este es un mal no solo común en la izquierda latinoamericana (¿Han oído hablar de los hermanos Castro y la familia de Chávez?), también lo es de la democracia estadounidense, ¿Recuerdan quién era el fiscal general durante la administración de Kennedy?

Eistein tenía razón, "Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro."

jueves, 24 de mayo de 2012

En las profundidades de la vida (A propósito de Into the Abyss, de Herzog)

Sobre la pena de muerte hay películas para todos los gustos. Las hay aquellas como The Life of David Gale (Parker, 2003) que critican la máxima condena, porque consideran que siempre será posible sentenciar a un inocente. En cambio, hay otras que la defienden bajo el supuesto de que es posible dejar con vida a un criminal horrendo, como en Just Cause (Arne Glimcher, 1995). Para continuar leyendo, presione aquí

martes, 22 de mayo de 2012

A PROPÓSITO DE HOUSE

La mayoría de las veces que veo una serie de televisión que me gustaba en el pasado, me desilusiona en el presente. Hace poco, por ejemplo, vi algunos capítulos de Los Años Maravillosos, un programa que disfruté en la adolescencia, pero que ahora me pareció ramplón, extremadamente predecible e insoportablemente plano.  Los Años Maravillosos es una serie que pretende dar cuenta de lo vivido en los sesentas, pero que jamás reflexiona sobre las luchas raciales de la época. Por lo demás, Kevin (Fred Savage) se la pasa enamorado de Winnie (Danica McKellar), aunque uno nunca entiende  por qué. Ella es distante, iracunda, y se la pasa mirando hacia un punto perdido del horizonte, como si no tuviera importancia nada de lo que está pasando cerca. Jack Arnold (Dan Lauria) es un ogro al que nos invitan a aceptar como un ideal padre de familia, aunque su posición en la casa frente a su esposa y su hija raya en el más descarado machismo.
Creo que con la televisión pasa algo que no sucede con las películas o los libros, con el tiempo, los defectos se acentúan y las virtudes se desvanecen.  En la mayoría de los casos, los programas de televisión son pasatiempos creados para asesinar el tiempo que no para entretenernos, para olvidar el cansancio, que no para descansarnos, para despistarnos de nuestros problemas, que no para entenderlos o solucionarlos.
Ayer vi el último capítulo de la única serie de televisión que veo en la actualidad, House. Como un ejercicio para el futuro, comencé a preguntarme el por qué me atrae tanto este programa y, confieso, me fue casi imposible encontrar alguna respuesta que pudiera satisfacerme. La estructura de House es desesperadamente repetitiva, salvo unos pocos capítulos, la historia siempre es la misma, una persona se enferma, el primer diagnóstico es errado y casi causa la muerte del enfermo, al final House encuentra la solución al problema mientras discute sobre temas que no tienen relación alguna con la medicina. En el diagnóstico alguien sugerirá sarcoidosis, en tanto que el paciente convulsionará justo en el momento más dramático de la serie. La medicina en House, aunque mejor que en la mayoría de series sobre doctores, es tan irreal como su escenografía (¿Habrá algún hospital con paredes de cristal?)
Aún así, House apasiona. Quizás algo tenga que ver con sus personajes y con Hugh Laurie, uno de los últimos soldados de ese batallón de geniales comediantes ingleses de finales de los setenta. Tal vez, sea Olivia Wilde o Jennifer Morrison. Sin embargo, creo que son otras las razones que podrán rescatar a House de mi censura en el futuro. Una es el cinismo. La televisión suele dividir el mundo entre órbitas oscuras, donde reina el crimen y la maldad, y espacios puros—tipo Los Años Maravillosos o Lazos Familiares por ejemplo—donde todos son amigos y se quieren profundamente. House, en cambio, nos recuerda lo peor de los seres humanos, incluso de aquellos que habitan las prístinas habitaciones de las series de Hollywood.  House nos enseña que todos mienten,  que los padres crían sin saber hijos de otros, que los seres humanos somos en ocasiones terriblemente aburridos, que nuestros intereses no son tan altruistas como lo pensamos, que la mayoría de las veces racionalizamos y ocultamos los motivos de nuestras acciones.
No creo que los seres humanos seamos solo eso, pero también lo somos. El problema está en que esa verdad, esas otra parte de nuestra existencia, es la que siempre callamos. La popularidad de House, quizás, esté en que nos desahoga de nuestras propias vivencias, en que él, a diferencia nuestra, puede decirle a los demás lo que pensamos de ellos sin las graves consecuencias que ser siempre sinceros tendría en nuestras vidas.
La segunda razón tiene que ver con las circunstancias en las que comencé a ver House. El cinismo es más que necesario, mientras uno está rodeado de profesores de Teoría del derecho que pretenden enseñarles a los alumnos que para el positivismo jurídico la moralidad es relativa, o que la principal diferencia entre esta escuela y el iusnaturalismo es que para el segundo existe una relación entre el derecho y la moral. Por no hablar de aquel profesor que pretendía que la regla de reconocimiento de Hart “[s]e trata de la práctica generalizada de los asociados y los funcionarios de aceptar como obligatorio el ordenamiento jurídico, de someterse a él, de desarrollar su vida de acuerdo con las reglas, en términos generales.” Ante tanta mediocridad y tantas mentiras, siempre es buena una gota de cinismo.
No fueron estos tiempos oscuros, sin embargo. La persona que me recomendó House es una las personas que más he amado en mi vida. Recordar una serie de televisión no es solo recordar sus protagonistas, es también revivir la existencia nuestra que transcurrió mientras dejábamos engañarnos por esa oscura caja de metal que hipoteca nuestras vidas.

sábado, 19 de mayo de 2012

FILOSOFÍA DEL DERECHO HOY EN DÍA

Bajo el liderazgo de Wil Waluchow la Universidad de McMaster en Hamilton, Canadá, ha creado un importante grupo de estudios en Filosofía del Derecho.  La semana pasada, tuve la oportunidad de asistir a la Conferencia Anual de estudiantes graduados que ellos organizan sobre Teoría Jurídica, en la que fueron invitadores profesores de la talla de Jules Coleman y Mark Murphy. Las siguientes son mis impresiones del encuentro. Continúa aquí

viernes, 11 de mayo de 2012

EL PROCURADOR TIENE RAZÓN

Al menos eso pensé, luego de ver un documental francés en el que se recrea el famoso experimento Milgram en un concurso de televisión (ver aquí).  En el programa, se les pide a los participantes que hagan una serie de preguntas a una persona, Jean Paul,  encerrada en una cabina.  Si las respuestas no son las correctas, los participantes deberán mover una palanca que supuestamente administrará una corriente eléctrica a Jean Paul. 
En realidad, Jean Paul es un actor y  las palancas no están conectadas a corriente eléctrica alguna. El problema es que los participantes no lo saben. Ellos creen que sus acciones producen dolor a una persona encerrada en una cabina. Aún así, más del 80% de quienes hicieron parte del experimento llegaron a infligir corrientes de más de 400 voltios, sin importar el dolor que causarían, a Jean Paul.  Lo interesante del experimento es que ninguno de los participantes estaba de acuerdo con lo que hacían, pero debido a la autoridad de las reglas del concurso terminaron por cometer acciones que en su fuero interno rechazaban. Más del 80% de los concursantes estuvieron de acuerdo en torturar a otro ser humano, solo porque una autoridad así se los ordenó.
El documental francés me acordó de dos artículos publicados en El Espectador. En uno de ellos,  Catalina Ruíz (ver aquí) afirma que la corrupción es creer, “Que la moral está por encima de la ley.” En el otro, Mauricio García Villegas (ver aquí) sugiere que una forma de corrupción es anteponer un tipo de ética, la tomista, sobre la Constitución y la ley. Quizás inspirado en estos artículos, una persona publicó una foto suya con la leyenda “Procura que no tenga el virus de la moral,” en la famosa campaña “Procura que,” en contra de la reelección de Ordoñez.
Confieso que en este tema en especial, en la relación entre la moral y el derecho, estoy del lado de Ordoñez. Desde mi área de investigación, la filosofía del derecho, estoy convencido que nuestra labor es formular teorías que nos permitan, en palabras de Hart,“Enfrentar el abuso oficial del poder.” Una fuerte herramienta para defenderse de los poderes ilegítimos es jamás dejar que la autoridad concluya de forma definitiva nuestras acciones, que nunca reemplace nuestro propio juicio.
La investigación de Milgram se hizo en los estertores de la Segunda Guerra Mundial y la barbaridad Nazi. Sus teorías sugieren que Hitler consolidó su poderío por obedientes jueces, funcionarios no corruptos (en la versión de Ruíz y García) que decidieron aplicar la ley así ella violara sus más íntimas concepciones morales. El autoritarismo siempre se nutre de la obediencia ciega de aquellos funcionarios autómatas que alquilan su juicio moral a las órdenes descaballedas del tirano de turno.
El problema de Ordoñez no está, por tanto, en querer anteponer su moral personal a la ley. Su error está en confundir sus convicciones religiosas con posiciones morales, en creer que una fanática y amañada interpretación de la biblia es la única respuesta posible a la pregunta sobre cómo se debe actuar.
La Iglesia Católica lleva tantos años reclamando que sus enseñanzas son la única válida fuente de moralidad en el mundo que muchas personas han llegado a creer que moral y religión es lo mismo.  La moral se identifica con la censura a ciertas orientaciones sexuales, o al uso de anticonceptivos, por ejemplo. La posición contraria, la que defiende los derechos de las minorías, se considera que solo tiene el peso de la ley. La discusión ética se deja de lado y se reemplaza por un simple argumento de autoridad: es lo correcto, porque es lo legal.
La tesis no solo es simplista, sino peligrosa. Es simplista porque no se fundamenta en ningún argumento sólido.  Quienes la proponen, no explican por qué es debido lo legal, por qué tenemos una obligación de seguir las normas creadas por instituciones que no necesariamente son justas. Es peligrosa, porque al empeñar nuestro criterio al imperio de la ley, dejamos que otros decidan por nosotros. La Alemania Nazi y los experimentos de Milgram son una clara prueba de los peligros de no juzgar por nosotros mismos.

lunes, 7 de mayo de 2012

LAS MENTIRAS SOBRE LA ADOPCIÓN POR PARTE DE PAREJAS DEL MISMO SEXO

Algunos comentaristas han presentado la controversia sobre la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo como un debate entre la moral y las posiciones equivocadas de una minoría. En realidad, la discusión se da entre la moral y un conjunto de afirmaciones basadas en mentiras y engaños, entre investigaciones científicas y falsas suposiciones.
La siguiente es una lista de falacias y mentiras sugeridas por parte de quienes se oponen a la adopción de menores.
                                                          
1.      Permitir la adopción de menores es algo que atenta contra la sociedad colombiana, porque hasta ahora solo las parejas heterosexuales pueden tener hijos.

La verdad es que las parejas del mismo sexo han tenido y educado hijos desde hace muchos años en Colombia. Una pareja de lesbianas, por ejemplo, puede procrear a través de la inseminación artificial. No existe ningún requisito legal que le impida tener el hijo. Ser heterosexual no es una condición ni legal ni natural para poder tener hijos.

2.      Los menores adoptados por parejas homosexuales sigan la orientación sexual de sus padres

La evidencia científica sobre el tema es abrumadora y sugiere lo contrario. No existe correlación alguna entre la orientación sexual de los padres y la de los hijos.[1] Por lo demás, en un Estado pluralista, como Colombia, el Estado no debiera intervenir en la constitución de una familia por el simple deseo de favorecer un tipo de familia, la heterosexual, sobre la conformada por personas del mismo sexo.

3.      Los menores adoptados por parejas homosexuales son más susceptibles a abusos por sus padres.

El primer error de esta afirmación es igualar la homosexualidad con la pedofilia. Por lo demás, la mayoría de abusos de menores, el 90%, son cometidos por heterosexuales.  Aún más, estudios sugieren que los riesgos para que un menor sea molestado por un familiar identificado como heterosexual son 100 (¡sí, cien!) veces mayores que por una persona identificada como homosexual.[2]

En segundo lugar, si el proceso de adopción es serio, deberá ser capaz de detectar aquellos casos de pedofilia que hay entre parejas del mismo sexo de igual forma que lo hace en las parejas heterosexuales. El problema del abuso no está en la orientación sexual de las parejas, sino en los procesos de selección.

4.      Los hijos de padres homosexuales tienden a sufrir mayores depresiones

Estudios hechos por Charlotte Patterson por más de 20 años, revelan que, “Las cualidades de las relaciones familiares están más estrechamente relacionadas con el desarrollo de los menores que la orientación sexual de sus padres.”[3] Luego de comparar la adaptación de los niños adoptados por diferentes grupos, el estudio concluyó que, “No existen diferencias significativas entre adolescentes viviendo con parejas del mismo sexo y aquellos viviendo con parejas heterosexuales en las evaluaciones sicológicas sobre su bienestar, tales como la auto estima y la ansiedad, las notas en los colegios.”[4]

Los argumentos dados en contra de la adopción de menores se basan en engaños y mentiras. No son fruto de reflexiones morales, sino de supersticiones religiosas. Por el contrario, la defensa de los derechos de los menores a ser adoptados y de las parejas a adoptar, sin importar su orientación sexual, nace de un profundo respeto por valores como el respeto y la preocupación por el bienestar y desarrollo de los menores de edad.


[1] Sobre el tema ver, entre muchos otros, Bailey, J.M., Bobrow, D. Wolfe, M. y Mikach, S. “Sexual orientation of adults sons of gay fathers,” Development Psychology, 31 (1995): 124-9.
[2] Ver: Jenny, Carloe. “Are children at risk for sexual abuse by homosexuals?” Pediatrics (1)99 (1994).
[3] Patterson, Charlote. “Children of Lesbian and Gay Parents.” Current Directions in Psychological Science. (15)5 (2006): 241
[4] Charlote, “Children of Lesbian,” 242.

domingo, 6 de mayo de 2012

El rol del director (A propósito de Das Experiment de Oliver Hirschbiegel)

Si Philip Zambardo hubiera querido conocer la naturaleza del ser humano cuando en situaciones extremas asume cierto tipo de roles, le habría bastado leer al Señor de las Moscas (1954), o escuchar las historias de quienes sobrevivieron a una guerra, la de Vietnam por ejemplo. El celo científico, no obstante, llevó al investigador a usar a seres humanos en una prueba que sería mundialmente conocida como el experimento de la Universidad de Stanford. 12 jóvenes harían de prisioneros mientras otros 8 serían los guardas en una ficticia cárcel creada en los sótanos de la Universidad estadounidense... Continúa aquí

sábado, 5 de mayo de 2012

EL TIPO DISTINGUIDO DE LA BLANCA PORCELANA


Casi siempre que tomaba unos tragos, un amigo muy cercano de mi familia solía cantar Píntame angelitosnegros, ese bello bolero de Álvarez Maciste y letra de Eloy Blanco. En otras ocasiones, se ponía más melancólico y entonaba el Romance de la niña negra (Perdón por la versión).  Mi amigo no era negro, era trigueño. Al menos, eso decía. Algo similar decían unos mellizos que estudiaban en mi colegio y a los que llamábamos “negro.” “Mi abuela me explicó un día que yo no soy negro, soy canela,” me confesó uno de ellos, en una clase de educación física.
Jamás pude entender de niño el por qué mis amigos hacían tanto esfuerzo por separarse de un color.  Por entonces, no sabía que “negro” en Colombia no es una propiedad de la piel, es un insulto. En los estadios de fútbol, las hordas de hinchas gritan “Negro Hijueputa” a los jugadores que odian, como si ser “negro” fuera un complemento del insulto, una palabra que unida a la otra aumenta la gravedad del improperio.  Por si fuera poco, en los programas de televisión, en la radio, abundan los chistes en los que se muestran a los negros como tontos, incultos o salvajes. Incluso, una revista que ha sido de avanzada en muchos temas como Soho, en su edición 41 presentó a Claudia Lozano como “la belleza Salvaje.” Soho comparaba a Lozano con modelos blancas como María Fernanda López, a la que consideraba como “sofisticada,” o Manuela González, quien era “frágil.”
Colombia es un país racista.  En ocasiones, la discriminación es tan evidente como las deformidades físicas del Hombre Elefante de Lynch.  Basta recordar, por ejemplo, que el 50% de la población desplazada es afrocolombiana, que sus mujeres viven en promedio 11 años menos que las demás mujeres, que el 45% no tiene seguridad social. En otros casos, la discriminación es como un virus latente, oculto, silencioso, preparándose para dar la estocada que destruirá el cuerpo.
El racismo en Colombia en ocasiones es cotidiano y sutil. Se deja ver en expresiones como “Esa persona es de tipo distinguido,” para referirse a quienes son blancos de ojos azules, o “Pelo Indio,” o “Es maluquito, no tiene porte.” No es tan ostensible como El Hombre Elefante, pero es tan pernicioso, porque detrás de las prácticas ocultas y diarias de racismo, se justifican y legitiman los actos más horrendos de discriminación.
En su obra “Blanco Porcelana,” la artista Margarita Ariza ha hecho una bella e inteligente contribución a la visibilización de estas prácticas enraizadas en la sociedad colombiana.  El proyecto consta de una cartilla, Un cuento de Ada S, fotografías intervenidas  y una instalación. Su objetivo es, en palabras de la autora, proponer, “Una reflexión en torno al racismo a partir de frases  cotidianas y  prácticas de belleza en las cuales la discriminación se asoma de manera velada.”
El proyecto de Margarita Ariza es inteligente, porque nos pone en contacto con prácticas que muchas veces hemos recibido de forma no deliberada de patrones racistas heredados de la colonia.  Al hacerlo, estas prácticas enconadas en nuestro cotidianidad se transforman en objeto de debate, materia de reflexión sobre lo qué somos y sobre el tipo de sociedad que queremos.
Los colombianos tenemos una increíble habilidad para negarnos, para creer que el país está bien aunque reina la pobreza, que olvidando las masacres del pasado y sepultando los problemas con toneladas de dinamita la injusticia desaparecerá. Comparándonos con otros países nos ufanamos proclamando que aquí no hay racismo. Obras como “Blanco Porcelana” son el antídoto que permite que los virus no se propaguen y que las monstruosidades de nuestra exclusión e indiferencia desaparezcan.
Para la obra Blanco Porcelana, presione aquí.