martes, 21 de agosto de 2012

¿POR QUÉ DIJE ADIÓS AL ROSARIO?


Llevo casi dos años escabulléndome de responder esta pregunta. La he contestado solo a unos pocos, a quienes más amo, en quienes confío. Creo que es el tiempo de hablar, es hora de contestar a todos los alumnos que de forma constante me atiborran con suposiciones, malentendidos, mentiras sobre las razones que me obligaron a terminar mi relación laboral con la Universidad del Rosario. A ellos les debo confesar esta verdad. A ellos y a mi alma mater, la institución a la que siempre estaré atado en mis sentimientos, en mi cariño, en todos los bellos recuerdos que viví allí como estudiante y profesor por tanto tiempo.
La respuesta es simple, renuncié al Rosario, porque me era imposible desarrollar cualquier proyecto académico serio en una facultad, como la de jurisprudencia, con tantos problemas. Así suene contradictorio, fue una decisión libre a la que me vi obligado. Elegí retirarme, luego de profundas reflexiones y noches de insomnio, aunque convencido que no había alternativa posible. Mi acción fue el fruto de mi discernimiento y la consecuencia de circunstancias en las que nunca fui partícipe.
Es el amor al Rosario y a mis estudiantes los que me llevan a hablar luego de un profundo y meditado silencio. Lo hago tranquilo y contento, confiando en que el conocimiento de la verdad puede transformar las instituciones.
Las razones, los motivos de mi renuncia, son los siguientes:

1.      Estabilidad Laboral
En los últimos años, al menos ocho profesores nos hemos visto obligados a renunciar a la facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario. Cada uno tendrá razones diferentes que sería importante tener en cuenta. Lo preocupante, sin embargo, es que la estabilidad laboral es uno de los más importantes elementos para el desarrollo de un ambiente académico serio.
Un profesor con miedo a perder su puesto no tiene la paz que demanda la investigación académica. En muchas ocasiones, será un docente temeroso de expresar sus opiniones, incapaz de juzgar sus alumnos con severidad por miedo a granjearse nuevos enemigos y nuevos problemas.
A veces pienso que es precisamente ese ambiente de miedo el que impulsa a varios docentes a comportarse de formas tan contrarias al decoro y a la decencia.   Mientras estaba en la facultad de Jurisprudencia, existía un grupo de tres profesores  que cada vez que me veían comenzaban a insultarme, a inventar apodos, en medio incluso de estudiantes y empleados de la Universidad. Uno de ellos, al menos, repetía la misma actitud con varios profesores que no eran de su agrado. Se paraba junto a las escaleras cercanas al OMA y perseguía a los catedráticos con insultos hasta el segundo piso.
Siempre me he preguntado que lleva a profesores universitarios a comportarse como críos, como niños en el recreo del colegio. La respuesta, creo, además de problemas serios en su carácter, puede encontrarse en lo turbio del ambiente en una universidad donde muchos temen perder sus puestos.
En ese éxodo de catedráticos, varios excelentes docentes han dejado la Universidad. En ellos, la facultad ha perdido años de experiencia y de formación en especializaciones en el exterior.
2.      La distribución de las cátedras

La Universidad del Rosario y el programa Fulbright me dieron en 2002 una beca para prepararme, especialmente, en filosofía del derecho. Cuando regresé a Colombia, luego de terminar mis estudios y de enseñar esta materia en la Universidad Estatal de Nueva York, en Binghamton, me encontré con que no podía dictar la clase para la que me había preparado. La razón era que los profesores de cátedra, en opinión de la directora del área, eran muy buenos y no valía la pena  que yo los remplazara.
Ninguno de los profesores de cátedra había iniciado estudios de doctorado y ninguno tenía la experiencia o publicaciones que yo tenía sobre la materia. En términos claros, la Universidad del Rosario decidió enviarme al exterior a estudiar para que cuando regresará tuviera que dictar cualquier materia diferente a aquella en la cual me especialicé.
Confieso que al inicio acepté sin protestar la decisión de la facultad. No obstante, luego me enteré que los profesores de cátedra se retiraban y en lugar de llamarme a mí a enseñar la materia, contrataban a otros profesores que jamás habían enseñado la asignatura, pero que, curiosamente, habían sido compañeros de clase de la directora del área. La lección era clara, para enseñar en el Rosario no basta con ser profesor de planta, o tener estudios en el exterior, o ser bien evaluado por los estudiantes, o tener publicaciones sobre la materia. Lo único necesario es ser amigo de los directores del área, punto.
Con el tiempo, aprendí que mi situación era común en el Rosario. Los directores de área de la Universidad defienden su cuota burocrática con celo y enojo. Salvo contadas excepciones, no dejan entrar a profesores del área “enemiga.” Conozco varios docentes que jamás pudieron enseñar en la facultad mientras eran empleados de planta, pero que ahora enseñan como profesores de cátedra, porque se han desvinculado de un área cuyo director no es querido por los demás directores.
A mí, de hecho, me sucedió algo similar. Luego de muchos intentos y súplicas para que me dejaran dictar la clase para la que me había preparado—y la que, de paso, enseñé en el Rosario desde 1998—por fin pude dictar la materia algunos semestres. No obstante, rápidamente fui separado, porque, en palabras del decano, yo ya no hacía parte del área respectiva.
La decisión, sin lugar a dudas, tendría sentido, si los profesores que enseñaran la materia fueran todos de planta, dedicados exclusivamente a la investigación en la filosofía del derecho. La verdad fue que mis clases fueron llenadas por profesores que nunca habían dictado la clase y que no hacían parte de la Universidad. Uno de ellos, incluso, tuvo que ser retirado al siguiente semestre por las críticas de muchos de sus alumnos.   
El día en que la decanatura me comunicó su intención de retirarme de todas las clases que dictaba, me di cuenta que para el Rosario no importaba mi esfuerzo, ni mis calidades académicas. De nada servía que mis alumnos me hubieran calificado con 4.9 en las últimas evaluaciones, o que estuviera a punto de lograr la primera publicación indexada en SCOPUS en teoría jurídica en la Universidad del Rosario. Para ser docente en la facultad de jurisprudencia eso no importa. Lo único necesario, repito, es ser amigo de quienes tienen el control de nombrar a los profesores en las materias que hacen parte de sus áreas.
Quisiera añadir que jamás recibí alguna crítica o comentario sobre mi calidad en la enseñanza de mis clases de pregrado. Solo una vez, el decano me manifestó que había varios comentarios sobre lo fácil que eran mis evaluaciones o mis calificaciones. La verdad, nunca presté mayor atención al comentario, porque era mentiroso y absurdo. Era absurdo, porque discutir la dificultad de una prueba sin conocimiento de los fundamentos pedagógicos de la misma es un sinsentido. Era mentiroso, porque el promedio de mis estudiantes era 3.8, algunas décimas por debajo del de otros profesores que dictaban la misma materia.
3.      Los dueños de la investigación
Si un profesor no puede enseñar, entonces se dedica a la investigación. Para muchos docentes, no es mi caso, la cátedra es un lastre que deben llevar y que les impide trabajar en lo que más les gusta, investigar.
El problema, sin embargo, es que para mí la investigación tampoco era un refugio posible. La facultad de jurisprudencia del Rosario es, quizás, la única en el mundo en el que los temas tienen dueño, en la que a los profesores se les impide investigar sobre un tema, a no ser que cuenten con la anuencia de los directores de los grupos de investigación.
A mí, se me prohibió investigar en temas de teoría jurídica. La directora del grupo de derecho público llegó al ridículo de creer que proponer una línea en teoría jurídica era un atentado personal en contra suya, un intento de mi parte por competir contra ella ¿Desde cuándo proponer una investigación puede ser una afrenta personal? Por lo demás, jamás deseé competir con nadie, pero si así lo fuera, ¿Qué problema hay? ¿Qué de malo tiene en desear trabajar un tema de forma más profesional y académica que los demás? Atemorizada por un peligro que no existía, temerosa de perder su feudo burocrático, a mí se me prohibió crear cualquier línea de investigación en el área en el que llevaba trabajando más de diez años. Así funciona la facultad de jurisprudencia, si a un profesor con poder no le gusta lo que haces, no hay poder que valga, así seas bueno en lo que haces, deberás dedicarte a otros temas.

Para finales de 2010 mi situación era crítica. Había sido despojado de mis clases y de la investigación. Asustado veía cómo varios profesores eran forzados a renunciar o se retiraban a otras universidades en búsqueda de mejores horizontes. Por lo demás, trabajaba en medio de profesores que como críos se sentaban a insultar a sus compañeros y a manipular a los estudiantes en contra de los que consideraban sus enemigos. La decisión era fácil de tomar, lo único que me impedía tomarla era el profundo amor que siento por el Rosario y la esperanza de poder cambiar las cosas desde dentro. Es imposible desarrollar un proyecto académico serio en una institución en la que calidades académicas no cuentan para ser elegido para enseñar una materia, en la que los temas tienen dueños y uno tiene que pagar con falsas atenciones para poder investigar. No tenía alternativa viable, debía renunciar al Rosario.
Era una decisión inevitable, pero fue muy difícil, no solo por mi reiterado amor hacia mi alma máter, sino por el cariño y aprecio que aprendí a sentir hacía la mayoría de docentes que trabaja en la facultad, en especial quienes fueron mis compañeros en el área de derechos humanos y en mi oficina en el primer piso. Ellos constituyen la esperanza de la Universidad del Rosario. De todo corazón, espero que permanezcan en la institución—algunos, de hecho, ya se han ido—y que lo hagan sin perder el carácter, sin caer en la tentación de creer que la academia es una guerra de egos donde se usa el poder burocrático para aplastar a quienes piensan o entienden el derecho de una forma distinta. 

17 comentarios:

  1. Andrés,
    mil felicitaciones. Se requiere tener un alma valiente para tomar una decisión de esas y más aun para explicarla con tal serenitud.

    Precisamente por esa estructura que siempre respondía más a la lógica burocrática del sector público que al interés académico me desvinculé hace muchos anos del Rosario.

    Felicidades, y buena mar en la busca de nuevos horizontes. Finalmente, nadie es profeta en su propia tierra. Apuesto que sus cualificaciones y preparación serán bien ponderadas en el lugar menos pensado.

    Saludos,

    Ricardo Rueda.

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    1. Ricardo, muchas gracias por tu comentario. También te deseo una buena mar, espero que las corrientes de la vida algún día nos reúnan y podamos discutir sobre temas más alegres.
      Un fuerte abrazo,
      Molina

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  2. Andrés.

    Es así como te recuerdo. Siempre consecuente, valiente y con la capacidad especial de expresar el amor por las cosas en las que cree.
    Esta combinación es la que te hace ser un ser especial y un excelente docente.
    Fue el Rosario quien perdió, recuérdalo siempre.

    Me alegra saber que es un duelo en resolución.

    Besos
    Mary.

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    1. Mary,
      No sabes lo importante que so tus palabras. Que lo digas tú que has sido tan fuerte, tan coherente, es un orgullo para mí, algo que me pone muy contento.
      Tienes razón, es un duelo en resolución. Es tiempo de construir nuevos proyectos y abrirse a nuevos horizontes.
      Muchos besos,
      Andrés

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  3. Doc, me encanta tu sensatez. Tal vez te lo he dicho en otras ocasiones, o tal vez esta sea la primera, eres una de las personas más valientes que he conocido, quien enfrenta su esquema de vida, y supo elegir sobre sus arraigados sentimientos. Sé que muchos echarán la cabeza para un lado y apartarán la mirada fingiendo que nada pasa, pero, creo, que para todos es un hecho notorio, yo siento que la calidad de la Universidad disminuye cada vez más. A mi también me duele el Rosario. Lo que muchos desconocen es la razón de ser de este fenómeno, ojalá, esta historia de vida llegue a sus manos, y a los tiranos del relato, que se enteren que su careta les ha sido arrebatada.

    Un abrazo gigante! Me cuentas sí estas cerca y nos tomamos un café.

    M.R.

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    1. Ojalá pronto podamos tomarnos un café y conversar sobre temas más agradables. Ojalá este gesto sirva para construir un mejor modelo académico. Esa era mi principal intención. Construir mi respuesta desde el afecto y el amor que siento por el Rosario. Solo desde los sentimientos positivos es posible construir algo, al menos eso creo.
      Te mando otro abrazo, más grande,
      Andrés

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  4. La siempre presente e inagotable manía de pensar que la Facultad de jurisprudencia es la Universidad del Rosario. Ya reaccionen!!

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    1. Federido,
      Tienes toda la razón. La verdad escribí el artículo pensando solo en la facultad de jurisprudencia y espero que así se entienda. Pido excusas si no logre expresarme en este aspecto

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  5. Profesor.

    Tal vez no me recuerde, pero yo sí mucho a usted. Tuve la fortuna de toparme en mi primer semestre de estudios con el mejor docente que hasta ahora, cursando noveno, he tenido, lo cual siempre se lo he hecho saber a mis compañeros. Aprovecho para mandarle un afectuoso saludo y deseando que tengamos la oportunidad de encontrarnos de nuevo.

    César Pion

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  6. César.
    Claro que me acuerdo. Te sentabas al lado derecho mío cerca de Dago y Abel. Me acuerdo, además, que participaste en un festival vallenato... ¡Cuánto diera por asistir a uno de ellos!
    Muchas gracias por tu comentario y espero también que podamos encontrarnos pronto de nuevo.

    Andrés

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  7. Juan Felipe Jaramillo Castillo22 de agosto de 2012, 18:39

    "Molina", tener que escuchar toda este serie de atropellos contra una de las personas mas integras y brillantes que he conocido solo me queda decir que siento dolor de alma mater.... No entiendo como no solo en este caso sino en otros mas han dejado ir a docentes que solo buscan una formación crítica de los estudiantes.

    El rosario no solo ha perdido a un excelente profesor (de los mejores que he tenido en la carrera) sino un ser humano admirable y mentor ejemplar.... Proyectos como cineforo, electivas de teoria juridica y Cine, teoria del derecho en inglés (idioma original de muchos teoricos) ... Son cosas que no se si podremos recuperar o que por lo menos yo como estudante del rosario podré experimentar de nuevo....

    En mi opinión personal y asumiendo las consecuencias que pueda tener esta publicación tengo que decir a viva voz ....
    LO EXTRAÑO DR MOLINA, y espero saber de usted prontamente...

    Gran Abrazo, y ojala este año sea la 14

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    1. Juan Felipe,
      Muchas gracias por tu mensaje. Tienes razón. Durante mi paso por el Rosario pude desarrollar importantes iniciativas gracias al apoyo, sobre todo, de los estudiantes. Recuerdo con mucho cariño al cine foro y a todos los que acudían. Pienso que hicimos reflexiones importantes, discutimos seriamente y pasamos un buen rato a una hora en la que difícilmente se hace Academia, viernes a las 4 de la tarde.
      Estoy seguro que de alguna forma, pronto nos reuniremos y celebraremos la 14.
      Muchas gracias de nuevo,
      Andrés

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  8. Querido Andrés
    Qué lástima que una institución tan prestigiosa, con una facultad que ha hecho historia y que busca formar excelentes profesionales, se encuentren estas situaciones tan desagradables que traen como consecuencia la desmejora de la calidad académica y profesional de sus egresados.
    Y más pesar me da que todo el talento humano que tiene se pierda por la existencia de las roscas y así lo único que se le logra es el anquilosamiento del conocimiento.
    Definitivamente, hay que estar en el sitio que a uno le guste, haciendo lo que más le guste... sin presiones, sin estrés y viendo con alegría el legado que uno puede dejar y esa es una gran ventaja que tienes y se ve reflejado en el gran afecto que tienen tus estudiantes y colegas.
    Un abrazo.
    Ma. Paula Ballesteros

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  9. Doctor:

    Esta pequeña nota es la clara muestra de que una persona no puede cambiar el mundo, pero sí puede hacer la diferencia. La corrupción actual del Rosario no solo la promueven aquellos que de manera arbitraria, fraudulenta y torcida abusan de su poder para imponer sus arcaicos y monocromáticos pensamientos, es promovida tristemente también por aquellas personas nobles y buenas que, no se si por temor o cobardía, guardan silencio ante este tipo de injusticias. Es soportada por un conglomerado de estudiantes que se han visto maniatados y arrinconados por unas ansias de poder enceguecido, por comportamientos infantiles, ridículos y corruptos de las directivas y de las grandes roscas que gobiernan hoy en día la universidad.

    ¿En que momento teñimos de corrupción el nombre de esta honorable institución? ¿en que momento el ser jurista se volvió la forma de lavar un prontuario antiético? Más que un diploma, el título de muchos se asemeja a una patentente de corso.

    Quiero contarle, aunque tal vez ya lo sepa, que en el rosario las cosas cada día van de mal en peor, hoy en día hemos perdido la lbertad: de cátedra, de expresión y, tristemente, hasta de pensamiento. No hay privacidad, porque tienen vigiladas hasta las redes sociales.

    Gracias porque su voz hoy más que nunca es que nunca, es una luz para muchos.

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  10. Maria Camila Rincón Escobar29 de agosto de 2012, 22:49

    Profesor Molina,

    Casualmente hace poco discutía con varios compañeros de mi semestre que usted ha sido uno de los mejores profesores que hemos tenido, y que extrañamos que haya alguien que nos enseñe a pensar y no a memorizar. Hoy en día estoy convencida que la moral es objetiva a pesar de todas las veces que insistí en que era completa e indiscutiblemente subjetiva, por esa razón y porque recuerdo con gran alegría sus clases le agradezco profundamente por ser un profesor tan dedicado y tan lleno de pasión por enseñar.

    Es usted un gran maestro, lo extrañamos mucho.


    Maria Camila Rincón Escobar







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  11. Dr. molina,
    Aunque tuve que retirarme por causas de fuerza mayor del Rosario, aun recuerdo las clases con mucho agrado, y sobre todo, con una profunda nostalgia, porque en algunos otros escenarios, no he tenido la oportunidad de pensar sin miedo a sentirme de la diferencia. Como estos atropellos no han sido nunca un secreto, tampoco lo es el hecho de la "discidencia rosarista", esa que aun con un profundo cariño por su alma mater, desde la docencia, ha procurado encender iniciativas para abrise camino por lo que realmente el derecho significa.
    Han perdido ellos! colegas, estudiantes... porque de estos escenarios ya no hay rastro, porque como dice, fueron obligados a irse.
    Del Rosario... no queda mucho... ya ni los colegas Rosaristas creen en el Rosario.
    La vida me forzó a salir... pero no hay mal que por bien no venga... mi dificultad pretendió ser suplida con una felicitación de excelente desempeño académico pero ninguna alternativa de continuar allí... la que sí me fue ofrecida en otros lugares. Hoy, y luego de conocer otras instituciones educativas, creo firmemente en que hay mejores plazas... se hacen con quienes se han ido, y estoy segura que encontrará un espacio donde toda esta preparación y conocimiento den sus frutos. Habrá quienes sepan y puedan sacarles mejor provecho.
    Un abrazo y espero me recuerde,
    Con profundo aprecio,
    Diana Rivera

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  12. Esto es completamente indignante y desagradable, ahora resulta que para investigar en el rosario hay que tener corona, y si se quiere ser alguien se debe pertenecer a la rosca. No es el primer caso que conozco de los abusos de la universidad, no solo con profesores sino también con estudiantes. Hace poco me comentaban el caso de una niña que fue asediada con correos electrónicos con los cuales suplantaron su identidad, amenazaban profesores y enviaban montajes pornográficos a los estudiantes; el acoso fue de tal magnitud que el director de su tesis tuvo que renunciar, y la universidad no hizo absolutamente nada, le puso un director que injustificadamente renunció tras la entrega de la tesis. El asunto es si un estudiante deja un proyecto de investigación abandonado entonces asume las consecuencias, pero cuando el profesor de forma irresponsable lo abandona entonces es el estudiante el que asume igual el perjuicio? si se vulnera el buen nombre y la honra de un profesor se llega hasta las últimas consecuencias, pero cuando es el de los estudiantes entonces no hay ninguna medida tendiente a garantizar los derechos de los estudiantes? Es una pena ver en lo que se ha convertido una universidad tan maravillosa: en un sistema burocrático y completamente endogamico donde estudiantes y profesores están supeditados a los designios arbitrarios e incoherentes de dos o tres sanguijuelas que se tomaron el poder.

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