sábado, 7 de diciembre de 2013

MANDELA Y ABAD FACIOLINCE VAN A CARULLA

Confieso que no me gusta Angosta, la popular obra de Héctor Abad Faciolince, sus personajes me parecen planos, el final me parece amañado y predecible. Aun así, creo que la novela tiene una trama maravillosa, es una ingeniosa forma de decirnos a los colombianos lo que no queremos oír, que en nuestro país se vive un Apartheid, que la exclusión social es tan brutal como común entre nosotros.
Me acordé de Angosta y Mandela cuando leí sobre el alboroto causado por los celadores que golpearon injustamente al comediante Leguizamón en una Carulla de Bogotá. (Para un resumen de la noticia y el video del incidente, presione aquí) No voy a defender lo indefendible, la cansina actitud del administrador del negocio, la beligerancia de los guardias, las agresiones a las que fueron sometidos los dos clientes.
Ese  no es el tema que quisiera tratar. Lo que me parece pavoroso es que Leguizamón considere que ser muy pobre es un insulto. “Pobretón H.P.” dijo repetidamente el comediante para agraviar al celador, como si no tener dinero fuera una afrenta, como si se tuviera una mayor dignidad sólo por tener más dinero. Me parece aún más temible que nadie opine sobre el tema, que en los periódicos, medios de comunicación y redes sociales se considere que ese es un insulto adecuado, que se tiene razón en proferirlo, que está bien en humillar a quienes han tenido una peor suerte en esta competencia brutal que se ha convertido la vida.

El incidente en Carulla demuestra que Faciolince tiene la razón. En Colombia se vive un silencioso Apartheid. No sólo las facturas están divididas por estratos, también las universidades, los restaurantes, los clubes sociales, la dignidad con que tratamos a los otros seres humanos. El incidente en Carulla comenzó cuando la compañera de Leguizamón se negó—ni siquiera hizo un gesto—a limpiar su vomito.  “Hay gente de mantenimiento que hace eso,” dijo el comediante. Tiene razón, en nuestra cultura limpiar los excrementos de los otros es una labor que corresponde a una clase, una clase a la que se puede insultar sólo por su condición social. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

MI AMIGO SÁCHICA

In memoriam de Luis Carlos Sáchica

Al escribir sobre Sáchica, es fácil caer en la tentación de obnubilarse por sus luces y negar todo aquello que también era Sáchica. Yo quisiera, por ejemplo, olvidarme por un instante de su intransigencia conservadora, de su obcecada defensa de la Constitución del 86, de su admiración por las monarquías, de su desdén por visiones políticas más democráticas e incluyentes.

Es fácil, decía, obnubilarse por sus luces,  encandiladoras y potentes. Recuerdo, por ejemplo, que el último día de clases, cuando él firmaba la plantilla de los profesores de cátedra que se encontraba bajo la campana, a la entrada de la Universidad del Rosario (¿Todavía existirá esa campana?), Sáchica me dijo con todo amable, “Doctor no, ya somos amigos.” Fue la primera vez, en toda mi carrera, que un profesor se despojaba de la parafernalia, del protocolo, de las diferencias que reinaban antes, y me dejaba ver un rostro humano.
Quienes no conocieron a la Facultad de Jurisprudencia de aquella época no podrán entender el gesto de Sáchica. Eran tiempos en los que un examen final podía perderse por no decirle doctor a un profesor, por no usar una corbata, o por cometer el pecado de pronunciar “vos” en lugar de usted. Sáchica, que solía deleitarnos con su brillante y jocosa vocación iconoclasta, se despojó de la majestuosidad con que siempre nos relacionábamos con los docentes y a mí, que para entonces tenía sólo 17 años, me trató como un igual. Desde entonces, en el último día de clases, repito lo que Sáchica me enseñó con su ejemplo, la relación profesor-estudiante desaparece, ahora sólo hay amigos. Es una de esas paradojas que jamás podré explicar en mi vida. Yo, el anarquista filosófico, aprendí a ser iconoclasta de un conservador empedernido.
Sáchica no sólo era iconoclasta en sus clases, en su forma relacionarse con los estudiantes, también lo era en sus libros, en sus tratados, en sus opiniones. Por aquella época, eran comunes los profesores que enseñaban al mismo tiempo en Universidades como el Externado, la Javeriana, los Andes y el Rosario. Eran tiempos en los que el único syllabus era seguir el libro que el profesor había escrito. Eran textos largos, tediosos, recopilaciones minuciosas de citas que pretendían abarcar complejas problemáticas, pero en las que había poco—por no decir nada—de inspiración propia. Las opiniones de cientos de autores se exponían, en muchos casos, sin ni siquiera un intento de taxonomía propia del intérprete.
Los libros de Sáchica eran la excepción, eran sencillos, cortos, directos, precisos. Sáchica no se regodeaba en superficiales citas escogidas para presumir erudición y no para mejorar la calidad del texto. Para él, lo importante era que el estudiante entendiera, que tuviera un texto “amigo” con el cual comenzar el arduo estudio del derecho. En su texto sobre derecho constitucional colombiano, Sáchica se dio incluso el lujo de incorporar preguntas al final de cada capítulo, algo tan común en los libros de enseñanza, como extraño en los tratados de la época.
Aún más importante, Sáchica se atrevió a pensar en sus libros. En sus escritos no sólo se escuchan recopilaciones de varios autores, también se leen sus pensamientos, incluso sus tesis más extremas. Mientras varios de los profesores de “Teoría del Estado,”decían que el derecho constitucional era una colección de verdades que los franceses habían descubierto y que nosotros, los hispanos, debíamos aprender ciegamente, Sáchica se atrevió a pensar una teoría propia, una forma de entender nuestra caótica realidad a través del derecho. Sáchica fue uno de los pocos autores jurídicos con la valentía suficiente para escribir libros con la finalidad de difundir lo que creía,  a él no le importaba pavonearse con infructíferas y ramplonas recopilaciones de doctrinas jamás entendidas.
Comencé este escrito con lo que, pienso, eran las sombras de Sáchica. Creo que hoy, más que nunca, es importante recordarlas, porque ellas nos permiten reconocer con más claridad la importancia de sus luces. Mientras fue mi profesor, estuve en orillas políticas opuestas a Sáchica. Él lo sabía. Siempre retó mis opiniones con sarcásticas críticas, con duros comentarios, con pertinentes preguntas, siempre, también, valoró mis posiciones y me trató como un amigo.
Para mí, es ésta su mejor enseñanza. Sáchica me enseñó que la Academia es un lugar donde las ideas deben discutirse, analizarse, cuestionarse, donde está bien que se debata acaloradamente en torno a las tesis que creemos. Un lugar, sin embargo, en donde las opiniones que defienden los otros jamás serán motivos suficientes para negar una amistad, o para que no podamos sentarnos a tomar un café que sirva de pretexto para poder hablar.  

Con la muerte de Sáchica, una larga historia del Rosario (creo que también del Externado, de la Santo Tomas, de la Javeriana) también se ha muerto. Confieso que me dolerá mucho no poder volver a verlo. Para mí, más que un excelente profesor, fue un amigo. Alguna vez me dijo que su filósofo preferido era Sócrates. Si después de la muerte, pudieron encontrarse, habrán pasado horas discutiendo. Quizás, ahora mismo, el ateniense esté pensando que con una fina ironía Sáchica puede destruir cualquier argumento. 

lunes, 8 de julio de 2013

¡GRACIAS LOJA!

He vivido tres meses en un paraíso llamado Loja. Lo digo, no sólo por su maravilloso clima, por el sol que calienta sin calcinar, por la brisa nocturna que refresca lo suficiente para sentir el frío que invita al sueño y al reposo, por su comida tan variada como sabrosa, por la sesina, la gallina cuyada, el repe, el tigrillo, los bolones, la guata, el babaco y tantos otros manjares. No, lo digo por la calidez, la amabilidad, la bondad de sus gentes.
Ha sido una temporada maravillosa en la que conviví con profesores y estudiantes que me hicieron sentir mejor que en mi propia casa. Con ellos, entablé un fructífero diálogo profesional que espero perdure durante toda mi vida académica. 

Sólo tengo palabras de agradecimiento para todos aquellos que conocí en Loja. Por su atención, sus preguntas, sus comentarios críticos, sus diálogos, su apoyo, sus invitaciones, ¡Muchas Gracias! A todos, a los profesores ecuatorianos, a los estudiantes del curso en Derechos Humanos, a la legión extranjera, a las autoridades, a quienes me hospedaron, a todos, muchísimas gracias. Ustedes permitieron que viviera tres de los mejores meses en mi vida.

martes, 28 de mayo de 2013

A mí que me expliquen


Confieso que celebro los acuerdos entre el gobierno y las FARC sobre el campo. Por fin, el Estado colombiano realizará acciones tan vitales como la actualización del catastro. Aun así, hay algunas preguntas que, creo, deberían responder las partes:

·         ¿Cuál es la legitimación de las FARC para hablar en nombre de los campesinos colombianos? ¿Se justifica que la guerrilla represente a una población cuyos territorios ha llenado de minas antipersonales y cuyos menores reclutó forzadamente? ¿No es injusto que el Estado negocie las políticas agrarias teniendo en cuenta a los verdugos, no a las víctimas?
·         ¿Sin diálogos, haría algo el Estado por mejorar la condición del campo? ¿Si las FARC no lo hubieran pedido, se habría actualizado el catastro y desarrollado una tributación verdaderamente redistributiva? ¿Así de ineficientes son los dirigentes colombianos que necesitan ser presionados por las FARC para cumplir con sus obligaciones mínimas?
·         ¿Cuál va a ser la relación entre lo pactado con las FARC y lo acordado con el bloque del Pacífico? ¿Son las normas del TLC compatibles con la protección al campo que se acordó entre las partes?
·         ¿Se incluye en la reforma agraria las tierras acumuladas por las FARC? ¿Se le devolverán estas tierras a sus anteriores dueños?
·         ¿En las negociaciones con las FARC, se tuvieron en cuenta variables macroeconómicas que afectan directamente al agro, como la revaluación del dólar? ¿Tendrá voz las FARC en la fijación de las políticas macroeconómicas?


Coda: Después de dos años de abandonar el canto, George Moustaki murió hoy en Niza a los 79 años. Egipcio de nacimiento, francés de nacionalidad, defensor de los argentinos, crítico de los dictadores, amante de Edith Piaf, enemigo de Franco, motociclista descuidado, músico talentoso, trotskista, perpetuador de Sacco y Vanzetti, Moustaki alcanzó la única inmortalidad posible para nosotros los humanos, aquella que da el arte. 

lunes, 22 de abril de 2013

VALENCIA, EXPLÍQUELE A VIVANCO


En un reciente artículo, el columnista León Valencia critica a varios de quienes se oponen a los diálogos con las Farc, porque, según él, “los mismos que defendieron la ley de alternatividad penal y hundieron sin compasión el proyecto de ley sobre las víctimas, sean quienes ahora adelantan una cruzada nacional contra la impunidad y se autonombran defensores de los vejados por este largo conflicto.”
Lo dicho por Valencia es en parte cierto, algunos de los que buscaban un sistema que dejara en la impunidad las atrocidades cometidas por los paramilitares ahora sí parecen interesados en reivindicar derechos que antes desconocían, los de la verdad, la justicia y la reparación. Aun así, el artículo de Valencia es falaz, hipócrita y obtuso.
Es falaz, porque es una crítica ad hominem, las posiciones de Uribe y Compañía son criticadas no por su fundamento, no porque tengan razón o no, sino por la calidad de las personas que las esgrimen. En lugar de explicar por qué es correcto considerar que crímenes tan horrendos como el secuestro y el reclutamiento forzado de menores No son crímenes de lesa humanidad, Valencia simplemente nos dice que esa posición no es válida, porque hoy la defienden quienes antes se oponían.
Es contradictoria, porque lugar alaba a quienes se opusieron a la impunidad en el caso de los paramilitares, pero critica a quienes lo hacen en el caso de las Farc. Valencia no ofrece ningún argumento para explicar por qué unos crímenes deben perdonarse y los otros no.
Finalmente, es obtusa porque desconoce todas las críticas contra el proceso de paz que provienen de personas que también se opusieron a los diálogos con los paramilitares. Sería muy bueno, por ejemplo, que Valencia nos dijera qué opina de las declaraciones de Vivanco sobre el tema.
CODA
Entre el sartal de argumentos tontos en respaldo de Maduro, el de William Ospina ayer merece un sitial especial. Para defender el proceso democrático venezolano, Ospina sostiene que Venezuela es un país muy democrático porque votan en promedio más personas que en Colombia. Según el columnista, debemos creer que las elecciones en Venezuela fueron transparentes, porque allá vota mucha gente y porque la oposición no es capaz de reconocer los logros del chavismo. Parece que a Ospina no le importa por quién vote la gente, sino que voten mucho ¡Qué interesante doctrina!
Por último, sería bueno que Gutiérrez Sanín leyera el último artículo de Rodrigo Uprimny sobre la importancia de la transparencia electoral, así, de pronto, deja de creer que la estabilidad regional implica que apoyemos a Maduro sin saber a ciencia cierta qué fue lo que pasó en las últimas elecciones. 

viernes, 19 de abril de 2013

BUSH Y LA GRANDEZA DE LAS FARC


No, no soy yo quien lo dice, es Rodolfo Arango. Para él, en su último artículo, las Farc demostrarían  su “grandeza,” “si los cabecillas de la guerrilla aceptan reducidas penas de cárcel para delitos de lesa humanidad debidamente demostrados y aplazara un tiempo su posible llegada al Congreso.” Es decir, las Farc demostrarían su “elevación de espíritu, excelencia moral,”—pues esto significa ‘grandeza’ para la RAE—si pagan reducidas penas, muy seguramente inferiores a las que pagan otros colombianos por delitos que no son de lesa humanidad, y posponen su ingreso al Congreso por un “reducido” tiempo.
Digámoslo de nuevo, de otra forma. Los cabecillas de las Farc, según el profesor Rodolfo Arango, demostrarían su excelencia moral si luego de secuestrar, reclutar menores, asesinar civiles, realizar desplazamientos, aceptan una pena pequeña que, incluso, les permitiría hacer política electoral en un poco tiempo. Extraña noción de grandeza, ¿No les parece?
A mí, por lo menos, me parece que la grandeza viene exclusivamente de las víctimas, ellos son los únicos que estarían haciendo un gesto generoso—en palabras también de Arango—y heroico, el perdón. Las Farc, por su parte, sólo estarían aprovechando la oportunidad que la incapacidad e irresponsabilidad del Estado les brinda. Oportunismo no es grandeza, silenciar el clamor de justicia de las víctimas no es excelencia moral, es cobardía.
Bueno, confieso, a lo mejor el equivocado soy yo. Al fin de cuentas, parece que la tendencia ahora es a callar a las víctimas y a la población civil en aras de mantener la estabilidad y el statu quo. En un reciente artículo, el profesor Francisco Gutiérrez Sanín criticó la posición de Kerry de pedir el reconteo de votos en Venezuela:
“Pero es que los Estados Unidos no pueden pontificar en este terreno. Son un alumno (uno que se raja), no un profesor. De hecho, Kerry pertenece a un partido, el demócrata, al que le hicieron un tongo decisivo en Miami en el 2000, cuando el candidato era Gore.”

Uno pensaría que si lo correcto es aceptar sin cuestionamientos la victoria de Maduro, entonces no habría por qué criticar a los estadounidenses por aceptar el triunfo de Bush. En ambos casos, dejó de escrutarse el procedimiento electoral con el fin de garantizar la estabilidad amenazada por el reconteo. Si lo correcto hubiera sido, por el contrario, no aceptar el triunfo de Bush, entonces no entiendo por qué Gutiérrez Sanín propone que se haga algo “no edificante” (en sus propias palabras) y se acepte a un gobierno que no ha sido elegido democráticamente.
De todos modos, es curioso que Gutiérrez Sanín compare la elección de Maduro con la de Bush. En mi opinión, más que la ficticia estabilidad de un gobierno elegido de forma cuestionada, a la región le hace falta más respeto por los procesos democráticos. Creo, además, que Estados Unidos habría estado mejor sin Bush y Venezuela con un gobierno que diera más transparencia a las elecciones. Pero bueno, a lo mejor estoy malinterpretando todo, al fin de cuentas, Rodolfo Arango ya nos enseñó que negarse a aceptar las consecuencias de crímenes atroces es una muestra de grandeza, ¿Por qué no pensar entonces que la verdad democracia es aquella en la que los procesos de elección se hacen turbios para garantizar la estabilidad regional­? Esas son, al menos, las enseñanzas de Arango y Gutiérrez en esta semana. 

miércoles, 17 de abril de 2013

13 FRASES SABIAS Y PREGUNTAS A SUS AUTORES



1.        “Por esa vía, señala, los ‘máximos responsables’ podrían quedar a salvo de la justicia, supuestamente en aras de la paz: “El Congreso tendría la potestad de permitir que los máximos jefes guerrilleros responsables de atrocidades, como ‘Timochenko’ o ‘Iván Márquez’, no pasen ni un solo día en presión. (Pero) Colombia tiene la obligación jurídica de imponer penas por violaciones a los derechos humanos y estas deben ser proporcionales a la gravedad del abuso cometido.”
2.      “Los crímenes atroces, el despojo y el destierro forzados son manifestaciones que ‘entrañan el mal del prójimo’ bajo la forma de la crueldad. En su presencia de pesadilla, ninguno de esos excesos podrá inscribirse en su totalidad en lo simbólico de los códigos legales por mucho que alguno de éstos lograra con justeza calibrar las lógicas del perdón y la reconciliación con las lógicas de la justicia, entre las que se debate la llamada ‘justicia transicional’. No se trata, en absoluto, de que el derecho agote el problema. Pero la impunidad es otra cosa.”
3.      “Se ha puesto de moda lo que llaman ‘visibilizar a las víctimas.’ La pregunta que debe hacerse es qué imagen se quiere proyectar de ellas. Se quiere una imagen ‘discreta’ de seres suficientes que se resignan a la ayuda benevolente y a la compasión. Para […], las víctimas que se resisten a entrar en ese juego son un obstáculo. Sus protestas son indignas, sus exigencias de verdad y justicia son vengativas, pues sostienen autónomamente posiciones críticas y no se acomodan a la manipulación externa de su dolor. Dije que […] no está capacitado ni es idóneo para el cargo que desempeña, porque no respeta ni valora adecuadamente a las víctimas. Me reitero en el escrito: debe renunciar.”
4.      “Durante la visita del fiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo, los representantes de […] le solicitamos que abriera pronto un primer proceso emblemático contra alguno de los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad en Colombia. Le dijimos que esa sería una señal inequívoca de apoyo a los jueces nacionales.”
5.      “Desde la década de 1980, las FARC optaron por el secuestro. Primero lo hicieron como método selectivo de financiación, y negaron públicamente que lo estuvieran cometiendo. Luego lo admitieron y comenzaron a secuestrar de manera masiva. No sólo como negocio para costear la guerra. Justificaron esta práctica también como método de presión política. Exigieron que los cautivos fueran parte de un canje. Pero los utilizaron paulatinamente como instrumento para obtener protagonismo y reconocimiento político en el país e internacionalmente. De esta forma, el secuestro se convirtió en un modo de acción permanente que se fue prolongado en el tiempo. La concentración y movilidad de los secuestrados por un largo período en zonas inhóspitas se logró empleando técnicas de sumisión por medio de tratamientos inhumanos. La degradación de los métodos de guerra a través del irrespeto de los principios básicos de la dignidad de las víctimas llevó a una degradación proporcional de sus captores.”
6.      “Hay un momento en que esas manos podrían ser estrechadas: cuando se hayan entregado a la justicia, cuando hayan reparado a las víctimas, cuando hayan llegado a un acuerdo de paz y convivencia, cuando se hayan comprometido a no matar nunca más. En ese momento serán manos lavadas, manos que se puedan estrechar. Antes no.”
7.      “Si […] se va, quedará el dolor de decenas de miles de parientes de los asesinados que no olerán la verdad de conocer dónde están los restos de los suyos. No habrá justicia y, desde luego, tampoco reparación. No tendrán ni la oportunidad de lidiar con la rabia, sentimiento inevitable que puede ser destructivo o que, como lo hicieron los Andoque, podría contribuir a la paz. ¿Cómo manejar la rabia?”
8.     “En el 2018 los problemas eran otros. Había dos escenarios: en el primero, Colombia tenía que lidiar de nuevo con una alta tasa de homicidios porque, a pesar de que algunos frentes de las Farc habían aceptado la negociación con el gobierno, otros se dedicaron al bandidaje, al igual que algunos grupos reciclados de antiguos paramilitares. Había frustración por la ausencia de verdad, justicia y reparación. Aunque las exportaciones, a pesar de un bajonazo mundial posterior al 2010, seguían repuntando, el 45% de su valor seguía dependiendo de productos tradicionales. Los partidos políticos carecían de la confianza ciudadana. El otro escenario del 2018 fue el resultado de acuerdos políticos y ciudadanos para tratar el período de posconflicto, garantizando que la política de seguridad fuera fortalecida con elementos de cultura ciudadana. Se logró pensar a Colombia como una sociedad del conocimiento con visión de largo plazo. La tasa de homicidios se redujo aún más y hubo planes efectivos de reinserción. A pesar del dolor, hubo un nivel aceptable de verdad, justicia y reparación. El nivel de optimismo era alto. La confianza en los partidos políticos había renacido.”
9.      “Razones de conveniencia política pesan más que los derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición. La falta de voluntad política para investigar la verdad del […] disfraza con nobles propósitos de reconciliación y de presunta lucha contra los cabecillas de la máquina de la muerte. Nada de lo dicho legitima las decisiones legislativas ante la justicia internacional.”
10.  “En Colombia, luego de largas luchas y de algunos avances legislativos, comienza a abrirse paso el reconocimiento de este derecho. No obstante, encuentra aún numerosos obstáculos para su realización universal y plena. La impunidad generalizada es tal vez el mayor de ellos. Pero además existen múltiples formas de distorsionar o estigmatizar la reparación. Las políticas del actual gobierno pretenden convertir medidas de asistencia social en actos que supuestamente repararían de manera satisfactoria a las víctimas. La concepción subyacente a esa clase de políticas consiste en convertir un derecho y un deber en una especie de concesión generosa del Estado.”
11.   “Cursa en el congreso un proyecto para prorrogar indefinidamente la Ley 975 de 2005 (llamada ‘de Justicia y Paz’) que permitiría continuar reduciendo hasta cinco a ocho años, en vez de sesenta, las penas a paramilitares o guerrilleros que sigan masacrando gente de aquí en adelante. Supuestamente, la justificación es que el Gobierno ha logrado desmovilizar, después de la vigencia de la Ley 975, más paramilitares de los que esperaba. Arguye que no sería justo con las víctimas que estos criminales no recibieran los beneficios judiciales que los incentiven a contar la verdad y facilitar que se haga justicia.” Difícil concebir mayor cinismo: la justicia no consiste en reducir las penas a los victimarios, sino en garantizar verdad, sanción y reparación a las víctimas.”
12.  “La verdad es la base para que haya justicia y reparación. En países como Guatemala, El Salvador y Colombia son demasiados los muertos de la última parte del siglo XX y muchos los autores materiales e intelectuales que andan sueltos por ahí. La verdad, escurridiza, es una necesidad imperiosa para quienes han sobrevivido a la muerte violenta de sus seres queridos y requisito para la reconciliación.”
13.  “Nada atraerá tanto no sólo la confianza, sino el respaldo del mundo entero, como la superación a fondo de la violencia, la derrota de la impunidad y la corrupción, una estrategia de legalidad democrática, la modernización física y espiritual del país y una política responsable frente a la naturaleza.”

Las anteriores son afirmaciones hechas por varios columnistas, en su mayoría en torno a los “procesos de paz” que se llevaron a cabo con los grupos paramilitares. He borrado alguna referencia particular, para que el lector no sepa sobre qué grupos se está hablando. Los vínculos donde pueden leer los textos citados pueden encontrarse al final.
Confieso que estoy de acuerdo con lo dicho por estos autores. Creo que el mar de impunidad sobre el que se construyó el proceso con los paramilitares facilitó el nacimiento de las “bacrim,” además de impedir que se develarán los vínculos entre el Estado y los delitos de lesa humanidad cometidos por los grupos armados. En este sentido, me parece que sus clamores fueron valientes, oportunos y acertados.
Hoy, en una coyuntura política distinta, quisiera preguntarles si sostienen la misma defensa del derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Aceptando que dada la vinculación estrecha de ciertos estamentos del Estado con el paramilitarismo, el proceso con la guerrilla tiene que ser diferente, creo que todavía es pertinente preguntarse:

a.      ¿Cree Iván Cepeda que las víctimas de la guerrilla estarán, al menos, visibilizadas, tal como él lo pidió en el caso de los paramilitares, en un proceso en el que el secuestro, el desplazamiento, la tortura, no son consideradas como delitos de lesa humanidad, según declaraciones del Fiscal General de la Nación? ¿Existe algún foro para visualizar a las víctimas de la FARC en la Habana?
b.      ¿Estaría de acuerdo Iván Cepeda con pedirle al Fiscal de la CPI que investigue y castigue a los guerrilleros que cometieron delitos de lesa humanidad y que serán amnistiados por el gobierno, así como lo hizo con los paramilitares?
c.       ¿La crueldad de los secuestros cometidos por las FARC, denunciados por Cepeda, constituyen o no delitos de lesa humanidad?
d.      ¿Cree Héctor Abad que las manos de la guerrilla están limpias para ser estrechadas? ¿Se entregaron a la justicia? ¿Hubo justicia?
e.      ¿Cree Orduz que en el actual ‘proceso de paz’ a las víctimas de la guerrilla le han dado mecanismos para ‘lidiar con la rabia’? ¿Negando el carácter de ‘lesa humanidad’ a los actos cometidos por la guerrilla se logra ese cometido?
f.        ¿Cree Orduz que hay un nivel mínimo de justicia, verdad y reparación para lograr el escenario de desarrollo que cree se dará en el 2018?
g.      ¿No cree Rodolfo Arango que las mismas razones de utilidad son usadas hoy para conculcar los derechos a la verdad y a la reparación? ¿Por qué eran censurables antes, ahora no?
h.     ¿Cree Gustavo Gallón que un proceso en el que los líderes de las Farc no recibirán condenas privativas de la libertad es menos violatorio del derecho a la justicia que una ley que, al menos, garantizaba penas de cinco años?
i.        ¿Cree Orduz que la verdad necesaria para la reconciliación, según sus palabras, está siendo honrada en La Habana?
j.        ¿Pensará William Ospina que la derrota a la impunidad, necesaria según él para el desarrollo del país, se da afirmando que las Farc no han secuestrado, no han cometido delitos de lesa humanidad?

Sólo pregunto. Por mi parte, creo que la paz no se construye con pactos de silencio entre un gobierno celoso por negar sus pasadas alianzas con los grupos paramilitares y una guerrilla ansiosa por justificar sus atrocidades con una supuesta lucha por la justicia social.



3, Iván Cepeda sobre Luis Carlos Restrepo, aquí

lunes, 15 de abril de 2013

Entre los diálogos imaginados y la paz real


Algunos de los más importantes columnistas en Colombia se han manifestado en los últimos días a favor de los diálogos de paz. Confieso que leí sus artículos con detenimiento, tranquilo, esperando encontrar algún argumento que hiciera cambiar mi posición. Lo extraño es que luego de leerlos, no sólo me ratifiqué en mi rechazo al proceso llevado en la Habana, sino que me convencí que ellos están de acuerdo con la postura que defiendo, aunque no se han dado cuenta.
Aldo Cívico (para leer el artículo, presione aquí), sostiene que, “Enterrar el hacha de la guerra significa abrir el espacio a la reconciliación, que no es olvido sino la conjugación de verdad, justicia y reparación.” De acuerdo, enterrar el hacha de la guerra, en las poéticas palabras de Cívico, implica reconciliarse sin darle la espalda a la historia y al país. Algo, de paso, muy distinto a la continua serie de negaciones que vienen ocurriendo en La Habana. La verdad necesaria para enterrar el hacha de la guerra no es aquella en la cual se afirma, como dijo el fiscal, que las Farc no han cometido delitos de lesa humanidad, como si las torturas y asesinatos llevados a cabo por el grupo guerrillero fueran productos de la imaginación de las víctimas. La verdad es que las Farc han secuestrado, han torturado, han reclutado menores, delitos atroces que han sido constantemente negados por los guerrilleros y sus interlocutores.
El profesor Francisco Guitérrez Sanín a su vez (para leer el artículo, presione aquí), enseña como ejemplo de un proceso de paz el llevado a cabo en Sudáfrica, uno en el que las confesiones cometidas por los perpetuadores de crímenes fue divulgada en el programa de más difusión del país.  Algo distinto a lo sucedido en Colombia,  país en el que en el proceso de paz no ha habido ni un solo reconocimiento a los crímenes cometidos por los bandos en conflicto. De La Habana, no se sabrá, por ejemplo, cuál fue la participación de los líderes de la Farc en el reclutamiento de menores, en la desaparición de dirigentes políticos. Por otro lado, seguiremos ignorando cuál fue la responsabilidad de Santos en los falsos positivos, cuál fue su vinculación con las chuzadas del DAS mientras era ministro de defensa. Nada de eso se sabrá, porque aquí la paz no es un, “Tema político por excelencia,” como también sugiere Gutiérrez Sanín en otra columna, sino uno que se negocia entre conciliábulos y componendas.
Finalmente, Rafael Orduz, afirma con razón que “Son víctimas… los miles de secuestrados, los niños reclutados por todos los grupos armados ilegales.”  Sin embargo, las Farc han manifestado continuamente que ellos no secuestran, que ellos sólo retuvieron a prisioneros.
Ordúz, Gutiérrez y Cívico apoyan un proceso de paz que parece estar más en la imaginación y en el deseo que en la realidad. Por mi parte, creo que la paz se construye con lo que dicen cada uno de ellos, con procesos en los que se abra espacios para la verdad, con diálogos que no sean usados para ocultar los crímenes de parte y parte. El proceso de paz dista mucho de ser lo que ellos imaginan, de lo que con tanto ardor defienden.  Yo prefiero quedarme con su diagnóstico certero y no con la medicina maravillosa que imaginan, mas no existe en la realidad. 

lunes, 8 de abril de 2013

LOS HOMOSEXUALES, LA BIBLIA Y PETRO


Un grupo de cristianos y católicos han creado una coalición para boicotear el proyecto de ley que garantizaría el derecho al matrimonio igualitario. Muchos de los argumentos se fundamentan en sus creencias religiosas, en especial, en la lectura que hacen de la Biblia.
Aunque es claro que este tipo de argumentos no debería tener mayor peso en una democracia pluralista o en estados no confesionales como el colombiano, me parece que es interesante contestar sus argumentos en sus propios términos. Es decir, preguntarse si la Biblia, como ellos dicen, sugiere prohibir legalmente el matrimonio entre las personas del mismo género.
Para defender su posición, la coalición de Ordoñez generalmente cita los siguientes apartes de la Biblia:
1.       Génesis capítulos 18-19. En este aparte se relata la destrucción de Sodoma y Gomorra como castigo por, según la interpretación de Ordoñez y Cia, los actos homosexuales con dos ángeles.

Esta es una interpretación común entre grupos radicales cristianos y algunos católicos. El problema es que parte de una lectura parcializada del texto bíblico. Los habitantes de Sodoma intentaron violar a los ángeles, así que uno en realidad no sabe si el castigo es por la violación o por los actos homosexuales. Ahora bien, ¿No es más grave una violación que un acto sexual consentido?
Por lo demás, quienes sugieren, con base en este texto, que la humanidad sufrirá calamidades increíbles si se aprueba el matrimonio igualitario, desconocen que en el mismo Génesis se establece que la ciudad se salvará si existen varios “justos.” Dado que el matrimonio igualitario no exige, sino que permite la relación entre personas del mismo género, no se entiende por qué vaya a darse un castigo divino.
Ahora bien, sería interesante de todos modos que Ordoñez y Cia nos dijeran si tienen alguna base científica que demostrara la existencia de catástrofes en aquellos países tolerantes al homosexualismo. También sería bueno que nos explicaran por qué consideran como un ideal ético, un libro como la Biblia que considera justo a Lot, a pesar de que entregara a sus hijas para que fueran violadas, o, como bien señala Saramago en Caín, por qué Dios castigó también a los niños en Sodoma, ¿No eran ellos inocentes? Pero bueno, como dije al inicio del texto, en este escrito no discuto la validez de apelar a la Biblia como argumento ético en una discusión constitucional.

2.      Levítico 18, 22.

En este texto Yahvé supuestamente da unas recomendaciones que deben seguir los israelitas, entra ellas, se afirma que, “No te acostarás con varón como con mujer.” Para Ordoñez y Cia, este es un claro fragmento en el que la Biblia censura el homosexualismo, lo que probaría que es un acto inmoral que debe ser prohibido por el Estado.
La verdad es que los ordoñistas tienen problemas de lectura, primero porque la prohibición es sólo a los homosexuales, mas no a las lesbianas. Si ellos fueran coherentes con sus biblias, entonces deberían atacar sólo el matrimonio entre hombres, mas no entre mujeres. Por otro lado, también deberían prohibir que los hombres se acerquen a las mujeres que están menstruando (Lev 18, 19), o deberían quemar los animales inmolados luego de tres días (Lev 19, 6), o no segar hasta el borde del camino (Lev 19, 9), o recoger los frutos del suelo, (Lev 19, 10), etc… Dado que estas conductas también son señaladas por Yahvé como impuras, me pregunto por qué la obsesión de los ordoñistas con el matrimonio igualitario y no con las frutas que se recogen del suelo ¿Si una conducta puede ser legal, por qué no la otra? ¿Si se permite segar hasta el borde del camino, por qué no el matrimonio igualitario? Aún más, ¿Por qué Ordoñez y Cia, no se refieren al pasaje del Levítico que ordena no oprimir al prójimo (Lev 19, 13)? ¿Alguna vez ellos se han manifestado sobre el salario mínimo? ¿Por qué estos derechos no figuran en la diatriba de los ordoñistas? ¿Por qué Ordoñez y Cia no piden que se declare ilegal recoger los frutos por tres años, tal como ordena el Levítico (19, 23) ¿Por qué Ordoñez y Cia no piden que se prohíba la astrología o el consumo de Morcilla, tal como lo ordena también el Levítico? (19, 26) ¿Por qué Ordoñez se rasura, si el Levítico le ordena no cortar los bordes de la barba? (19, 27)
Tal parece que no es el Levítico lo que inspira a los ordoñistas, sino su parcializada selección de una de las tantas prohibiciones que se encuentran en ese libro. Sería muy interesante que los ordoñistas nos dijeran por qué debemos obedecer sólo unos pasajes de la Biblia y los otros  no ¿No está eso en contra de su radicalismo religioso?
3.      Romanos 1.
Este es el pasaje en el que, quizás, la Biblia de forma más clara censura las relaciones entre personas del mismo género. A ellos, se les indica, incluso, que su castigo debería ser la muerte (Rom 1, 32).
Quizás los ordoñistas creen que este fragmento justifica con claridad el repudio al matrimonio igualitario, pero en realidad, lo que sugiere es que las relaciones entre personas del mismo género deberían sufrir la pena de muerte, y no sólo ellos, sino los que las aprueban.
Ahora bien, dado que Ordoñez y Cia no están pidiendo que se condene a homosexuales y lesbianas, entonces debe entenderse que ellos, si seguimos la Biblia, deberían sufrir la pena de muerte. No entiendo, entonces, porqué Ordoñez no pide ser ejecutado y sí se opone al matrimonio igualitario. Debería, al menos, ser consecuente con el libro que eligió para determinar la moralidad de su conducta ¿No les parece?
4.      1 Corintios 6.
En esta carta, supuestamente San Pablo nos dice que los (1 Cor 6, 9-10) homosexuales no irán al reino de los cielos. Tal vez, ¿Quién lo sabe? Ahora bien, suponiendo que eso fuera cierto, el hecho de por sí tampoco es un argumento contra el matrimonio igualitario. De hecho, en el mismo versículo se afirma que los borrachos y los avaros tampoco irán al cielo y, hasta donde sé, los ordoñistas no han sugerido una ley que penalice la beodez o la avaricia.

Dicho de otro modo, más que la Biblia, la prohibición del matrimonio igualitario proviene de una interpretación parcializada de algunos fragmentos. Una en la que se seleccionan precisamente aquellas conductas que Ordoñez y Cia no aceptan y se rechazan aquellos versículos que están en contra de sus convicciones morales. Si la Biblia es el parámetro para juzgar la vida pública, como piensan los ordoñistas, entonces deberíamos penalizar incluso el afeitarse, o el recoger los primeros frutos. De lo contrario, cualquier referencia a la Biblia es parcializada, manipulada, utilizada para encubrir los instintos homofóbicos que son los que en últimas atizan la cruzada de odios que alimenta a Ordoñez.
CODA
Me sorprende que Petro haya pedido a Ordoñez disculparse con la comunidad LGBT. Me asombra que lo haga, sin antes pedir él perdón por elegir a Ordoñez ¿Acaso Petro no sabía que Ordoñez quemaba los libros de Nietzsche en la UIS? ¿Ignoraba sus posiciones respecto a la Biblia? Es posible que Petro no sepa quién era Ordoñez, así como jamás se enteró que el M-19 secuestraba. De pronto Petro sigue a Francisco Gutiérrez (ver aquí) y a Natalia Springer (ver aquí) en que eso de la paz implica apostarle a diálogos en los que se olvida el pasado, así que no tenemos por qué acordarnos de sus actuaciones cuando era congresista. Parafraseando a Pizarro, la impunidad es el camino.




viernes, 5 de abril de 2013

EL PROCESO CON LAS FARC Y LAS FALACIAS DE FRANCISCO


En la columna titulada, “Ya para qué,” (para leerla, presione aquí) el profesor Francisco Gutiérrez Sanín defiende los procesos de paz mediante argumentos que aunque comunes son falaces. En mi opinión, flaco favor le hace a la discusión académica, el que uno tema tan importante como los diálogos de paz sea tratado de una forma tan superficial y sesgada.
El profesor Gutiérrez Sanín comienza afirmando que quienes nos oponemos a los diálogos con la guerrilla, lo hacemos, porque tenemos la creencia errónea, “de que en las actuales circunstancias eso les dará réditos políticos.” Aún más, sostiene que la oposición se hace con el fin de legitimar una razón de Estado, “para torturar, incendiar, o destruir.”
Es cierto, muchos de los opositores a los diálogos con las FARC lo hacen buscando réditos electorales y con el fin de legitimar una actuación del Estado que desconozca algunas de las normas básicas del Derecho Internacional Humanitario. El problema está en que no toda la oposición puede circunscribirse a esta perspectiva, también estamos quienes pensamos que los diálogos, tal como se están llevando, constituyen una dramática violación a la justicia y la consolidación de un status quo que fomenta la guerra.
Lo anterior me lleva a la segunda falacia de la columna del profesor Gutiérrez Sanín. En su opinión, no debemos caer en la ilusión de una paz pura, angelical, sino en una posible, al estilo de las de Tayikistán, Sierra Leona y Sudáfrica. En especial, Gutiérrez Sanín sostiene que a pesar de los horrendos crímenes en Sudáfrica, “un sector de los liderazgos de esos países—a ambos lados de la barricada—tuvo la inteligencia y la grandeza de guiar a sus sociedades a una nueva situación, cualitativamente diferente, no basada en la amnesia, pero tampoco gobernada por las cuentas de cobro.”
Como en el caso anterior, Gutiérrez Sanín dice la verdad… a medias. Es cierto que en las experiencias mencionadas, procesos de paz resultaron efectivos para terminar largos conflictos sociales, mucho más que otros intentos basados sólo en la represión y en la fuerza de las armas. Lo que calla Gutiérrez Sanín son las profundas diferencias entre los diálogos colombianos y los casos mencionados, así como las múltiples experiencias en las que la paz de papel con grupos armados generó postconflictos más violentos y más atroces. En el caso de Sudáfrica, por ejemplo, el proceso no se hizo de espaldas a la comunidad, sino mediante audiencias públicas en las que los responsables se vieron obligados a confesar sus crímenes o a ser encarcelados, algo totalmente opuesto los conciliábulos entre las FARC y el gobierno, de los que sólo sabemos que  el grupo insurgente afirma no haber secuestrado, no haber torturado, no haberse apropiado de tierras. Defender los diálogos de paz colombianos comparándolos con el proceso de Sudáfrica es similar a defender el puente de la 90 que hizo Pastrana, porque al fin y al cabo es también un puente como el Golden Gate.
Por útlimo, algunos de los que nos oponemos a los procesos de paz no lo hacemos, como afirma el profesor Gutiérrez Sanín, porque nos dejemos dominar por “cuentas de cobro.” También lo hacemos, porque creemos que la paz no se construye sin justicia, sin el respeto a los derechos mínimos de los ciudadanos, sin una sociedad que condene como prácticas atroces el secuestro, la tortura, el reclutamiento de menores. La Constitución que usted cita profesor Gutiérrez, también le da un valor fundamental a estos temas. No se le olvide.

jueves, 4 de abril de 2013

El cielo de Pi (A propósito de Life of Pi de Ang Lee, 2012)


En ocasiones, se dice que al ir a cine, uno en realidad ve al menos dos películas, la que proyectan en el teatro y la que uno continúa dirigiendo entre el recuerdo y el deseo. Esta afirmación quizás nunca sea tan verdadera como en el caso de Life of Pi, porque el filme de Ang Lee es mejor cuando se medita que cuando se ve, cuando se construyen las múltiples posibilidades que sugiere que cuando uno sólo se delita con las bellas imágenes creadas por el talento del chileno Claudio Miranda.       
La verdad es que si no fuera por la maestría de Miranda y Lee, la historia que vemos en Life of Pi sería aburrida. La primera parte de la película es una versión ramplona de Amelie (Jeunet, 2001), una historia que se cuenta con los colores de la cinta francesa, pero sin el carisma que inunda Audrey Tautou. PI Patel (Suraj Sharma) es un niño que se siente atraído por las más difundidas religiones universales y que comparte con su madre Gita (Tabu) un extraño amor por los animales, al punto que cuando conoce a Richard Parker—un tigre recién adquirido para el zoológico de su padre—decide acariciarlo. Por suerte, su hermano que presencia toda la escena, le alcanza a retirar a tiempo de la jaula, antes de que el tigre lo ataque con ferocidad.
De un momento a otro, la película nos cuenta que el zoológico del padre de Pi dejó de ser rentable y que por tanto tienen que vender todos los animales a un comprador en Canadá. En el viaje al continente americano, naufraga el barco que cargaba con los animales, Pi y su familia. En el bote de rescate, el joven vegetariano tiene que convivir con una cebra, una hiena, un orangután y un tigre. Luego de que la hiena asesinara al orangután y a la cebra, el tigre mata a la hiena. Al final y durante el resto de la película, Pi se ve obligado a compartir su bote con el tigre. La historia sobre cómo sobreviven es el tema principal de la cinta… bueno, al menos de la que vemos.
Aunque Lee no cae en la tentación de tantas películas de humanizar a los animales—Richard Parker siempre es un tigre que causa miedo y que Pi se ve forzado a domar—el filme, al menos el que uno ve,  no deja de ser una aburrida fábula, cuyo único interés radica en los mágicos paisajes creados por Miranda, en las fabulosas luces en las que el mar confluye con el cielo y los peces se confunden con las estrellas. En esta extraña película, el telón de fondo, los efectos especiales, es la historia principal que da ritmo a un predecible y monótono cuento.
Desde el inicio de Life of Pi, sabemos que el protagonista sobrevivirá, porque la historia es contada por un adulto Pi (Irrfan Khan), quien le relata su naufragio a un escritor canadiense (Rafe Spall) a quien le dijeron que la vida de Pi lo convencería de la existencia de Dios. Aun así, el final del filme es inesperado. En él, el adulto Pi nos dice que existe otra posible hisotria, (SPOILER ALERT),  una en la que Pi naufragó con su madre, un cocinero y un joven, una en la que el cocinero asesinó a Gita y Pi al cocinero. Una en la que Pi no es Pi, sino Richard Parker.
¿Cuál es la historia verdadera? La película nunca lo dice. La verdad, es que yo llevo varias semanas recreando diferentes historias, imaginando, por ejemplo, qué fue la isla de la que Pi tuvo que escapar, especulando sobre lo animales que somos los humanos, cuando el destino nos muestra lo insignificante que somos en medio de la majestuosidad del océano.
Life of Pi es una invitación personal a crear cada cual su propia historia y a escoger la versión de los hechos que más le guste. A mí, por ejemplo, me recuerda a “El cielo ganado”, uno de los cuentos breves y extraordinarios recopilados por Borges y Bioy Casares. En el día del juicio final, un hombre le dice a Dios, “Es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado.” A lo que Dios, le responde: “Entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.”
Mi película de Pi es una versión del “Cielo Ganado”, pero a la inversa. Una en la que los seres humanos se hallan en un tipo de infierno, un planeta con terremotos, volcanes, enfermedades penosas e intratables, una en la que eventos inesperados como un naufragio nos puede convertir en asesinos. Los seres humanos, sin embargo, no sólo ignoran que viven en el infierno, sino que imaginan que su mundo es perfecto, un paraíso creado por un Dios superior que los protege de todos los males. Ellos, al igual que el protagonista del “Cielo ganado”, viven en el infierno, pero nunca se dan cuenta, o, al igual que Pi, traicionan sus más profundas convicciones, pero jamás se enteran, al fin de cuentas todo es obra de un tigre, o de un Dios que nos cuida amablemente desde las alturas.

viernes, 15 de marzo de 2013

UNA CRÍTICA AL NUEVO PAPA


En las redes virtuales de tres amigos que son o han sido académicos, y a los que admiro y respeto mucho, encontré una foto de Francisco con el siguiente mensaje:
“El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso”.
En sus polémicas declaraciones, el arzobispo de Buenos Aires agregó que “hay que tener memoria; tuvimos una mujer como Presidente de la Nación y todos sabemos qué pasó”, refiriéndose a la ex presidente Estela María Martínez de Perón.
Confieso que me impresionaron tanto las declaraciones, que estuve a punto de comentarlas y empezar a denunciar a Bergoglio por sus opiniones misóginas. Estuve a punto, porque antes quise escuchar el contexto de las declaraciones. Todos podemos decir cosas tontas en determinados contextos. Para poner un ejemplo, Bruno Ganz hizo los peores comentarios antisemitas, pero no porque creyera en ellos, sino porque estaba interpretando a Hitler en Der Untergang (Hirschbiegel, 2004).
Así que comencé a buscar las declaraciones de Francisco y me encontré en que las fuentes casi todas son espurias. No existen referencias en El Clarín o en Página 12, el periódico que más ha criticado a Bergoglio. Aunque no puedo probarlo—es imposible probar que algo no existe—estoy convencido que el nuevo obispo de Roma jamás se expresó de forma tan misógina. Al menos, hasta que algún amigo o amiga me señalen una fuente confiable donde, de paso, se indique el contexto de las supuestas declaraciones.
Bergoglio ha dicho cosas que me parecen escandalosas. Su posición respecto al matrimonio igualitario me parece inmoral, retrograda y absurda. Aún así, no pienso que esto legitime atacar al Papa por lo que no ha dicho y, muy probablemente, no cree.
La Academia, al menos en mi opinión, debería liderar con seriedad la discusión de temas tan complicados como la religión. Los profesores universitarios deberíamos ser más precavidos al momento de difundir nuestras críticas, al momento de cuestionar a otros seres humanos, aun si estamos en profundo desacuerdo con ellos o con las instituciones que representan. Para cuestionar a la Iglesia, no es necesario difundir mentiras ¿No les parece?

martes, 12 de marzo de 2013

La feria de los argumentos tontos


Cada vez que a un senador se le ocurre hacer algo tan justo y tan elemental como proponer un proyecto de ley para permitir el matrimonio entre las parejas del mismo sexo, cada vez que la Corte debe decidir sobre la materia, comienza un carnaval, un concurso, una feria de los argumentos más tontos e insulsos en contra de lo que es un importante derecho.
Empecemos por las declaraciones de  Claudia Wilches,
detrás de todo esto existe el debate del origen de la familia como tal, ya que desde el propio orden natural solo puede existir con la unión de un hombre y una mujer 
¿Qué quiere decir Wilches por natural? Si por natural quiere decir naturaleza, entonces el argumento debería ser a favor del matrimonio homosexual, o mejor, en contra de todos los matrimonios, porque ese tipo de contractos es tan artificial como la mayoría de las instituciones humanas. Si por natural quiere decir de la esencia del ser, en términos aristotélico-tomistas, entendiendo que el fin del matrimonio es la procreación y, por tanto, las parejas del mismo sexo no podrían casarse—aunque no creo que Wilches haya leído a Finnis, el mayor defensor de este argumento—entonces, su argumento es falaz, porque el fin del matrimonio es la vida en amor, no la procreación ¿Acaso las parejas que no pueden procrear no pueden casarse? ¿Acaso es menos válido el matrimonio de una pareja que decide planificar toda su vida? ¿Por qué ellos sí pueden casarse y no los homosexuales?  Lo natural es que quienes se amen, quieran vivir juntos y compartir una vida, y que tengan derecho a hacerlo.
se está desconociendo la naturaleza de la unión de la pareja humana, perjudica y discrimina los derechos de las personas casadas y afecta a los nuevos habitantes que nacen de la pareja humana (hombre + mujer) y de los futuros ciudadanos que habrán de poblar esta nación”
¿Cómo se discriminan a las parejas heterosexuales? ¿Cómo se afectan? Hasta que la senadora Wilches, o demás proponentes, justifiquen esta afirmación, sus palabras carecen de sentido. Es como si yo me opusiera a la aprobación de una ley que crea un parque natural en Quindío, por poner sólo un ejemplo, porque me afectaría y me discriminaría, al igual que a los futuros ciudadanos. Hasta que yo no explique cómo me perjudica y cómo me discrimina, no habría razón para hacerme caso. Si continuara repitiendo el mismo argumento en contra del parque, debería ser tratado como un orate que discute sin razones, sólo esperando que la repetición logre lo que la verdad no puede ¿Será ese el método de la Wilches?
que fortalecer la familia es el deber y procurar su protección ha de ser una política de Estado sin mediación alguna, así como la defensa de los derechos de los niños y las niñas, considerados en el artículo 44 de la Constitución Política de Colombia, que legitiman el poder disfrutar de una familia constituida por un hombre y una mujer, por lo que el matrimonio es un elemento de conservación de la humanidad, 
Quizás el matrimonio sea un elemento de conservación de la humanidad, pero ¿Por qué sólo el de las parejas heterosexuales? Si la senadora Wilches no ofrece ningún argumento, su posición cae en un vacío argumento circular: 1. Deben prohibirse los matrimonios homosexuales, porque son malos, 2. Son malos porque hacen daño a la familia. 3. Hacen daño a la familia porque son malos ¿Será que la senadora Wilches nos cree tan tontos?
Por lo demás, ¿Cómo se perjudican los niños y las niñas con los matrimonios entre las parejas del mismo sexo? De nuevo, el mismo argumento circular, típico de la Wilches, 1. El matrimonio entre parejas del mismo sexo es malo, porque afecta a los niños. 2. Afecta a los niños porque es malo. 3. Es malo porque es entre parejas del mismo sexo…
Las falacias argumentativas no son, sin embargo, privilegio de la Wilches. Con anterioridad, Monseñor Córdoba había dicho:
la familia en Colombia es entre hombre y mujer…que se reúnan a vivir tres hombres juntos, eso no es familia; que se reúnan dos amigas a vivir juntas, eso no es familia; eso se llama grupos de amigos viviendo juntos
En otras palabras, 1. Se debe prohibir el matrimonio entre parejas del mismo sexo porque eso no es familia. 2. No son familia porque son del mismo sexo… ¡Qué brillante es Córdoba!
Qué tal esta joya del mismo Monseñor:
 “con los homosexuales no tenemos problemas, son hijos nuestros, son parte de la Iglesia, tiene dignidad y son colombianos con derechos y deberes. Si quieren vivir juntos que vivan, que hereden su salud y derechos patrimoniales; otra cosa es que un grupo minoritario nos haga leyes para todos los colombianos”.
En otras palabras, las parejas del mismo sexo tienen derecho al matrimonio, pero porque no nos gusta a la mayoría, entonces neguémosle el derecho ¡Que visión tan moral la de Monseñor! ¡Muy respetuosa de los derechos de las minorías!
El premio de la estulticia, sin embargo, se la lleva el presidente del PIN Edgar Espíndola, para quien,
 "en virtud del modernismo utilizado por otras naciones, nosotros no podemos copiar esos modelos y llegar un día aquí a Colombia con ese tipo de proyectos".
Obvio, en la antigüedad jamás existieron sociedades que bendijeran la unión entre las parejas del mismo sexo. Fue en la modernidad donde este matrimonio comenzó a bendecirse ¡Qué profundos son los conocimientos históricos del senador! Seguro que para él, el mundo se hizo en siete días, tal como sugiere toda la evidencia científica.
Pero si la historia dice lo que ellos deseen, el derecho natural también. Para el mismo senador Espíndola,
"Hay que defender la familia dentro del marco del derecho natural"
¿Por qué? No lo sabemos ¿Por qué el derecho natural prohíbe la unión entre personas del mismo sexo? Lo ignoramos. Jamás lo sabremos, porque el debate aquí es entre la discriminación disfrazada de argumentos vacuos y los derechos de las personas. 

lunes, 4 de marzo de 2013

Las Voces del Jueves


Hace más de 20 años, varios mayores adultos comenzaron a reunirse todos los jueves para volver a ser niños, para tejer historias, para emprender viajes a través de los capítulos de los libros. El lugar es la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, la excusa, El Taller de Literatura para Adultos Mayores.
Gracias a la dedicación y apoyo de Lucía Donadío, el grupo de adultos mayores acaba de publicar su tercera antología, Tardes de Jueves. Al leerlo, se escuchan voces que hablan de otras épocas, de la cosecha de café, de los internados en la Ceja, de las viejas imprentas que llenaban el aire de extraños olores y a las calles de ideas, de las bicicletas que cruzaban ciudades en las que existían espacios dedicados a algo distinto al tránsito de automóviles.
Somos marineros del viento/ bogando barquichuelos/ en ríos de tranquilo suceder; porque no queremos/ que nuestras voces/ se pierdan en el silencio, escribe Teresa Yáñez de Cuberos. Yo, por mi parte, agradezco la brisa que me trajo estas voces a la orilla de mi vida. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

La obediencia de García Villegas


Al leer la columna de Mauricio García Villeas en El Espectador el pasado sábado, me sorprendió el siguiente párrafo (para leer la columna, presione aquí):

En los Estados modernos se hace todo lo posible para evitar que las personas se vean sometidas a dilemas morales en donde tienen que escoger entre lo que dice la ley y lo que dice su conciencia. Eso se consigue fortaleciendo la obediencia que se debe a las leyes (en principio, todos deben cumplir la ley, incluso cuando de ello se derivan consecuencias indeseables o injustas), lo cual supone, claro está, que el Estado haga un esfuerzo grande por hacer leyes justas, tener funcionarios honestos y castigar a quienes abusan del derecho (Para continuar leyendo, presione aquí)

sábado, 23 de febrero de 2013

CUATRO COSAS INÚTILES QUE CUESTAN DINERO… Y TIEMPO


Cada vez que los gobiernos deciden ajustar el presupuesto y reducir el casi siempre creciente déficit fiscal, los gobiernos todas las veces miran a la inversión social. Hospitales, colegios, sueldos, pensiones son siempre los primeros sacrificados en aras de un presupuesto sano. En este escrito, no voy a discutir si estas medidas son o no necesarias, tan sólo me limitaré a señalar gastos en que incurren algunos Estados que no se justifican y cuya eliminación podría ayudar a las necesitadas arcas públicas.
1.                  Monarquías. Ya lo había expresado en otro escrito. La verdad, a mí siempre me parece el colmo de la ridiculez que un país en la crisis económica en que se encuentra España gaste más de ocho millones de euros anuales en la familia real (ver aquí el informe del periódico El Mundo) Claro, con este dinero no se resuelve el déficit fiscal, pero en parte si ayudaría. Yo no sé cuántas escuelas, cuántos profesores, cuántos de quienes están ahora en paro son más preparados que el rey Juan Carlos y no pueden contribuir a la economía del país, porque no hay con qué brindarles una oportunidad.
2.                 La moneda de un centavo en Estados Unidos. Hay estudios que sugieren (ver aquí) que se podrían ahorrar más de cien millones de dólares si se cambiara la fórmula para hacer pennys y nickels. Mucho más se ahorraría si se quitara al centavo de los precios, se dejarían de perder los millones que hay almacenados en cientos de miles de jarras o tirados por el piso, porque nadie sabe a ciencia cierta cómo gastarlos.
3.                 La criminalización del uso de la marihuana. Ya he hablado sobre lo ilógico e inmoral que es la penalización de la droga. Esta vez sólo quisiera referirme a las grandes cantidades de dinero que se ahorrarían los gobiernos, si dejaran de derrochar el presupuesto enviando a la cárcel a sujetos que consumen una sustancia menos dañina y adictiva que muchas otras que se encuentran libremente en el mercado.
4.                 Referencias bibliográficas. No sé cuánto se ahorraría, ni si ahorraría dinero, pero si se evitaría desperdiciar mucho tiempo ¿Por qué las revistas especializadas, las editoriales, las universidades, todos no se ponen de acuerdo en una sola forma de citación? ¿Por qué nos torturan con requisitos absurdos como la ciudad dónde fue publicado un libro? ¿Por qué tienen que cambiar las formas de citación cada año? ¿Por qué se inventan tipos de citas que sólo se aplican a un tipo de revista con tantas complicaciones que ni siquiera se pueden adaptar a los múltiples programas que existen para hacer menos tortuosa la referencia de textos?

Ya lo saben, la próxima vez que quieran aumentarnos los impuestos o reducir los beneficios por los que tanto tiempo la humanidad ha luchado, deberíamos protestar, decir que aceptaremos las medidas sólo cuando  el derroche termine, cuando  eliminen los pennys, o legalicen la marihuana, o no haya otro monarca ¿Qué opinan?

domingo, 17 de febrero de 2013

LOS EFECTOS SECUNDARIOS DEL CAPITALISMO (A propósito de “Side Effects” de Steven Soderbergh, 2013)


Hay muchas cosas de Side Effect, la película de despedida del cine de Steven Soderbergh, que recuerdan a Rosemary’s baby (Polanski, 1968): los edificios neoyorkinos en el plano general del inicio, las facciones de las protagonistas (Rooney Mara y Mia Farrow) y el que ambas sean thrillers sobre parejas jóvenes con problemas de empleo. El terror en Rosemary’s baby provenía del culto satánico que estaría preparando el nacimiento del diablo, en tanto que en Side Effect, el verdadero horror viene de una serie de hilos y madejas que nos rodean y que, las más de las veces, no podemos percibir.
Emily Taylor es una joven de 28 años cuyo esposo, Martin Taylor (Channing Tatum) está a punto de salir de la cárcel luego de cumplir su condena por uso ilícito de información privilegiada. Con flashbacks que parecen sacados de propagandas de medicamentes estadounidenses, Soderbergh nos cuenta sobre el aparente idilio que vivían Martin y Emily antes de la prisión, una mansión en los suburbios cerca a un lago, un bote, una vida de lujos e influyentes amistades.
La liberación de Martin, sin embargo, no produjo la felicidad esperada en Emily, al contrario, sus ataques depresivos se incrementan. Un día, decide suicidarse estrechando su carro contra una pared de su parqueadero. Con unas pocas heridas, Emily es tratada en un hospital cercano. El médico que la atiende, Jonathan Banks (Jude Law), decide no internarla en una unidad mental, con la condición de que ella asista a sus sesiones tres veces por semana.
Johnathan Banks es un personaje extraño. Al comienzo de la película, parece ser una buena persona, de aquellas de las que uno diría, “éste no es capaz de matar una mosca.” Aunque su esposa, Dierdre Banks (Vinessa Shaw), está sin trabajo, ambos deciden continuar con la vida de “comodidades” que la “sociedad” exige a los de su clase, colegio privado para sus hijos, carro de marca, ropa fina… Para obtener todo lo que han aprendido a necesitar, Banks hace grandes esfuerzos, turnos dobles en el hospital, gran cantidad de pacientes en su consultorio, además de aceptar trabajar en un grupo de estudio de una farmacéutica.
Quizás sea sólo un pequeño desvío de la ética médica eso de recibir alguna contraprestación por prescribir alguna droga que, incluso sin el beneficio, de todas formas ordenarían. La verdad, conozco varios doctores que lo hacen, sin mayores escrúpulos morales. Lo importante de este desliz, sin embargo, es que gracias al dinero ofrecido a los médicos, en este caso cincuenta mil dólares, el centro de atención se traslada un poco, cuando menos, del paciente.
Banks parece no percatarse de lo cuestionable de su opción y continúa igual de cansado, pero contento, en su maratónico sacrificio por obtener lo que se necesitar para vivir… según su “sociedad,” al menos. Una de las pacientes a las que ordena Ablixa, la droga para la cual está haciendo el estudio, es Emily, pero, esta vez, fue a petición de la misma paciente que no toleraba los otros antidepresivos.
Gracias a Ablixa, la vida cambia para Emily, su apetito sexual se renueva y las nubes tristes de propaganda farmacéutica son remplazadas por días claros y sonrientes. El problema está en que uno de los efectos secundarios de Ablixa es la parasomnia. Así las cosas, Emily, aparentemente bajo los efectos de su antidepresivo, asesina a su esposo mientras estaba dormida.
ALERTA DE SPOILER
En el proceso a la conyugicida, Emily es declarada incapaz y confinada en un hospital mental, mientras se determine que no es un peligro para la sociedad. La vida de Banks, mientras tanto, da un giro de 180 grados, sus compañeros de oficina le piden que se retire, porque los periodistas lo persiguen de forma tal que está espantando a todos sus clientes, es retirado del grupo de estudio de Ablixa, por la mala fama que da el que uno de los pacientes que toma la medicina haya matado a su pareja bajo los efectos de la droga.
Banks sufre su primera transformación, de ser un simpático doctor, se convierte en un ser obsesionado por encontrar la verdad de los hechos, uno que no duerme, no presta atención a su hijo y bebe licor. Al final, los frutos de su desvelo dan resultado y Banks descubre que todo fue una farsa, que en realidad Emily nunca tomó la pastilla y mató al esposo por dinero, en un plan conjunto con su ex siquiatra y amante, la doctora Victoria Siebert (Catherine Zeta-Jones). Emily y Victoria sabían que si dañaban la reputación de Ablixa, las acciones de la competencia subirían y podrían ganar dividendos con el mercado accionario, es decir incurriendo en el mismo delito por el que había sido encarcelado Martin.
Al final de la película, él ahora vengativo Banks engaña a Emily y a Victoria, logra el arresto de la médica y el internamiento de Emily en un hospital mental. Como castigo final, Banks logra que su ex paciente sea sometida a un tratamiento de drogas siquiátricas, la medicna en Side Efects es la condena.
El mundo de side effects es uno común, pero extraño. Es el de todos los días, aquel en el que Martha Stewart se enriquece con el  uso ilícito de información privilegiada, pero sale a los pocos años, sin mayores consecuencias; es el mundo de Enron, de la crisis financiera de 2008, es el mundo que ya pintó Oliver Stone en Wall Street (1987) y Charles Ferguson en Inside Job (2010). Es un mundo extraño, sin embargo, porque es un mundo que no vemos, un mundo que aparece oculto a los no legos, tras las bambalinas del poder y los disfraces de la tecnocracia.
Lo interesante de Side Effects es que acerca esos dos mundos. En él nos muestra como el afán de riqueza hace que se pierda la dignidad de los pacientes y como los seres humanos, en ocasiones, solo somos veletas al vaivén de las corrientes de ambición que despierta la sana competencia. 

jueves, 14 de febrero de 2013

DWORKIN ENCUMBRADO


Con la muerte de Dworkin, las hipérboles abundan para hablar de sus “grandes” e “importantes” contribuciones a la teoría jurídica contemporánea. Incluso, no falta quien diga que es el autor más influyente en Colombia, desde la Constitución de 1991.[1]
La verdad, Dworkin fue un autor muy leído, pero de ahí a probar que fue un gran teórico o un filósofo influyente hay trecho  muy grande. Cualquiera puede afirmar que uno u otro escritor han sido muy influyentes, pero eso, en realidad, no dice nada ¿Cómo podemos medir la influencia de uno u otro escritor?, ¿Por citas? ¿Por libros sobre el tema? Uno puede hablar y escribir mucho sobre un autor al que jamás ha entendido. En el caso de Dworkin, en Colombia hasta se han escrito, por ejemplo,  ladrillos extrañísimos como el que escribiera Rodolfo Arango[2] que tiene como característica más importante que carece casi por completo de citas de primeras fuentes cada vez que habla de Hart. Para entender a Dworkin, Arango creyó más conveniente leer a Gadamer. Pero eso no importa, ya Diego López nos enseñó que el misreading es la forma de entender la teoría jurídica, así que aquí todo vale.
Claro, no faltará quien diga que la influencia de Dworkin en la Corte Constitucional es grandísima y citarán sentencias tras sentencias en las que se hablan de principios y “ponderación.” Lo dirán quienes no se hayan percatado que la noción de principios de la Corte es la de Alexy y no la de Dworkin, y que al estadounidense le parecería absurdo eso de otorgar números en una extraña ecuación para decidir cuál principio deberá aplicarse. Pero bueno, eso tampoco importa mucho, porque gracias a muchos constitucionalistas colombianos, los principios en Dworkin, Alexy, MacCormick son lo mismo y no hay que preocuparse en ver las sutilezas y diferencias entre ellos, al fin y al cabo, aquí todos somos felices, porque todos ponderamos.
Ahora bien, tampoco es que Dworkin sea muy importante en otras latitudes, hoy en día. Como decía recientemente Brian Simpson en Reflections of the Concept of Law[3] Dwokrin era como una foca resbaladiza, cuando uno lo critica por una tesis que defiende, inmediatamente cambia de posición. Así sucedió en The Model of Rules I y II. Cuando uno lee el primero de los artículos,[4] uno descubre que todo lo dicho sobre Hart es falso, que el resumen que presenta del positivismo jurídico es peor que el que haría un mal alumno de primer semestre y que las que críticas que esgrime son contra un Hart que nunca existió. Cuando lo criticaron por sus afirmaciones, Dworkin escribió la segunda versión, una crítica totalmente diferente, aunque disfrazada del Model of Rules I, porque lo importante es no reconocer que se estaba equivocado. Dworkin es de hecho famoso por tergiversar los autores que ataca, incapaz de enfrentarse a autores sólidos, escoge la versión más débil de ellos, la caricatura contra la que sí se puede contradecir. Como dice Leiter en forma jocosa, Dworkin critica a Coleman por querer una teoría jurídica independiente, aislada de otras disciplinas, justo al revisar un ensayo en el que Coleman examina las bases filosóficas de la responsabilidad extracontractual,[5] pero bueno, así era Dworkin.
Tampoco es que Dworkin haya sido muy original. La crítica más importante a Hart, la que en realidad cuestiona los problemas metodológicos del positivismo, ya había sido planteada con muchos más sólidos fundamentos por esa obra clásica que es Natural Law and Natural Rights,[6] pero Dworkin parece tener una inclinación fácil para citar para criticar y no para reconocer sus influencias.
Quizás por todo eso Simpson y Nicola Licey[7] sugieren que en Oxford consideraron un gran error la elección de Dworkin, uno de los peores de Hart. Por eso, quizás su teoría cada vez pasa más al olvido en el mundo anglosajón, tal como reseña Thom Brooks en una muy interesante reciente reseña.[8]
Claro, a Dworkin hay que enseñarlo, porque como decía Brian Leiter[9]  hoy es necesario que la filosofía del derecho recoja la basura (debris) que regó . Pero de ahí a decir que era un gran teórico del derecho o una figura influyente, es tanto como creer que El Derecho de los Jueces no es una obra formalista, solo porque fue escrita por un autor que niega serlo, pero eso es otra historia sobre la que hablaré en otra oportunidad.


[1] Ver: http://www.ambitojuridico.com//BancoConocimiento/N/noti-130214-10(ronald_myles_dworkin_1931-2013)/noti-130214-10(ronald_myles_dworkin_1931-2013).asp
[2] Rodolfo Arango, Hay Respuestas Correctas en el Derecho? (Siglo del Hombre Editores, 1999).
[3] A. W. Brian Simpson, Reflections on «The Concept of Law» (Oxford University Press, USA, 2011).
[4] Ver el comentario de Shapiro al respect, Scott Shapiro, The «Hart-Dworkin» Debate: A Short Guide for the Perplexed, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 7 de marzo de 2007), http://papers.ssrn.com/abstract=968657.
[5] Brian Leiter, Beyond the Hart/Dworkin Debate: The Methodology Problem in Jurisprudence, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 23 de marzo de 2005), http://papers.ssrn.com/abstract=312781.
[6] John Finnis, Natural Law and Natural Rights, 2.a ed. (Oxford: Oxford University Press, USA, 2011).
[7] Nicola Lacey, A Life of H. L. A. Hart: The Nightmare and the Noble Dream (Oxford University Press, USA, 2006).
[8] Thom Brooks, «Dworkin and His Critics with Replies by Dworkin», The Modern Law Review 69, n.o 1 (2006): 140–142, doi:10.1111/j.1468-2230.2006.00579_8.x.
[9] Brian Leiter, Interview About Legal Philosophy, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 17 de mayo de 2007), http://papers.ssrn.com/abstract=986606.