lunes, 21 de enero de 2013

TARANTINO DESANGRADO. A propósito de "Django Unchained" de Tarantino (2012)


Lo que dicen es original, en realidad lo es poco. La idea de contar historias serias revisitando géneros desprestigiados es quizás tan antigua como los intentos de la Nueva Ola francesa por redescubrir a Hitchcock, tan famosa como la recreación que hiciera Benigni de sus farsas en un campo de concentración o tan exitosa como el deleitoso caramelo de cine mudo que es The Artist (Hazanavicius, 2011). A diferencia de lo que los fanáticos de Tarantino creen, Django unchained es sólo una más de muchas películas que intentan hacer un homenaje a géneros ya olvidados, otra de las tantas obras que intenta colmar con nuevas historias los odres viejos.
Aunque inusual, tampoco es original la idea de dar a un afroamericano el papel protagónico en una película de aventuras o suspenso. Ya el infatigable George Romero había hecho lo mismo en 1968 con su opera prima, The night of the living dead (1968) y westerns tan planos como Wild West (Sonnenfeld, 1999) habían dado a un afroamericano, Will Smith, el rol de héroe.
Aún así, Tarantino con su habitual fanfarria y el casi unánime coro de sus admiradores resaltan a Django unchained como una gran obra maestra en la que por fin se atreven a relatar los horrores de la esclavitud a través de una reconstrucción detallada e inteligente de los westerns spaguettis.[1] Tienen razón en parte, Django unchained es una entretenida versión de algo de lo mejor de la obra de Sergio Corbucci e, incluso, de populares series de televisión como Bonanza.
Digo que tienen razón en parte, por dos razones. Primero, porque Django, el héroe de la película, a pesar de la gran actuación de Jamie Foxx, es uno de los personajes más anodinos del género. Django no tiene la profundidad de Blondie (Clint Eastwood) en The good, the bad and the ugly (Leone, 1966) o el humor de Butch Cassidy (Paul Newman) en Butch Cassidy and the Sundance kid (Roy Hill, 1969) Es un serio esclavo que a pesar de una larga serie de privaciones, se convierte en el pistolero más rápido del oeste y en un estratega excelente en solo un invierno.
Pero si sus dotes son sobrenaturales, su lucha es individualista y simple, ni siquiera un tinte de humanidad es capaz de dibujar Tarantino en su héroe. Liberado por King Schultz (Cristoph Waltz), un cazador de recompensas alemán, Django decide rescatar a su esposa Broomhilda (Kerry Washington) de la finca de Calvin Candie, (Leonardo DiCaprio) un despiadado esclavista famoso por lucrarse del negocio de la pelea de esclavos. Cuando las cosas salen mal y Django tiene que asesinar a todos los integrantes de la familia Candie, el héroe, a diferencia de otras películas, jamás piensa en la condición de otros esclavos, jamás se preocupa por su futuro, jamás se atreve a buscar ayuda, sus acciones son solas, su liberación es personal, su triunfo es el del héroe privado, no el del luchador social capaz de mejorar las condiciones sociales de un grupo explotado y torturado.
También digo en parte, porque Django unchained es cualquier cosa, menos una película que trate con seriedad, siquiera respeto, el holocausto que la esclavitud fue. En lugar de mostrar los horrores verdaderos que se cometieron, Tarantino recrea a sus espectadores con la práctica de la lucha de esclavos, una actividad sobre la que no hay una sola evidencia histórica, y mostrando a los asesinos del Ku Klux Klan como entretenidos tontarrones que disputan sin cesar sobre la comodidad de tener un saco sobre la cabeza.
A diferencia de lo que dice el muy laureado Tarantino, Hollywood sí se ha atrevido a mostrar los horrores de la esclavitud. Películas como Amistad (Spielberg, 1997) o The Autobiography of Miss Jane Pittman (Korty, 1974), incluso, obras de televisión como Roots (Chomsky et al, 1977) denunciaron lo más despiadado de la esclavitud sin invitarnos a recrearnos en sus horres, como lo hace la última película de Tarantino.
Django Unchained no denuncia la esclavitud, la utiliza como postal sobre la cual tejer una historia divertida, Tarantino ni siquiera tiene la decencia de contar los horrores con un mínimo de fidelidad histórica. Lo importante para él, lo ha dicho miles de veces, es el entretenimiento, es que disfrutemos viendo los caudales de sangre rodar por el piso, es que gocemos con sus malabares cinematográficos sin importar que la humanidad jamás pueda entreverse en ninguno de sus personajes. Al final, aplaudiremos su gracia, su vasto conocimiento sobre la historia del cine y su respeto por los derechos de los animales, mientras la barbarie de la esclavitud será convertida, quizás alguna vez más, en una simple anécdota de un “entretenido” filme de vaqueros.

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[1] Ver: http://www.telegraph.co.uk/culture/film/starsandstories/3664742/Quentin-Tarantino-Im-proud-of-my-flop.html

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