viernes, 15 de marzo de 2013

UNA CRÍTICA AL NUEVO PAPA


En las redes virtuales de tres amigos que son o han sido académicos, y a los que admiro y respeto mucho, encontré una foto de Francisco con el siguiente mensaje:
“El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso”.
En sus polémicas declaraciones, el arzobispo de Buenos Aires agregó que “hay que tener memoria; tuvimos una mujer como Presidente de la Nación y todos sabemos qué pasó”, refiriéndose a la ex presidente Estela María Martínez de Perón.
Confieso que me impresionaron tanto las declaraciones, que estuve a punto de comentarlas y empezar a denunciar a Bergoglio por sus opiniones misóginas. Estuve a punto, porque antes quise escuchar el contexto de las declaraciones. Todos podemos decir cosas tontas en determinados contextos. Para poner un ejemplo, Bruno Ganz hizo los peores comentarios antisemitas, pero no porque creyera en ellos, sino porque estaba interpretando a Hitler en Der Untergang (Hirschbiegel, 2004).
Así que comencé a buscar las declaraciones de Francisco y me encontré en que las fuentes casi todas son espurias. No existen referencias en El Clarín o en Página 12, el periódico que más ha criticado a Bergoglio. Aunque no puedo probarlo—es imposible probar que algo no existe—estoy convencido que el nuevo obispo de Roma jamás se expresó de forma tan misógina. Al menos, hasta que algún amigo o amiga me señalen una fuente confiable donde, de paso, se indique el contexto de las supuestas declaraciones.
Bergoglio ha dicho cosas que me parecen escandalosas. Su posición respecto al matrimonio igualitario me parece inmoral, retrograda y absurda. Aún así, no pienso que esto legitime atacar al Papa por lo que no ha dicho y, muy probablemente, no cree.
La Academia, al menos en mi opinión, debería liderar con seriedad la discusión de temas tan complicados como la religión. Los profesores universitarios deberíamos ser más precavidos al momento de difundir nuestras críticas, al momento de cuestionar a otros seres humanos, aun si estamos en profundo desacuerdo con ellos o con las instituciones que representan. Para cuestionar a la Iglesia, no es necesario difundir mentiras ¿No les parece?

martes, 12 de marzo de 2013

La feria de los argumentos tontos


Cada vez que a un senador se le ocurre hacer algo tan justo y tan elemental como proponer un proyecto de ley para permitir el matrimonio entre las parejas del mismo sexo, cada vez que la Corte debe decidir sobre la materia, comienza un carnaval, un concurso, una feria de los argumentos más tontos e insulsos en contra de lo que es un importante derecho.
Empecemos por las declaraciones de  Claudia Wilches,
detrás de todo esto existe el debate del origen de la familia como tal, ya que desde el propio orden natural solo puede existir con la unión de un hombre y una mujer 
¿Qué quiere decir Wilches por natural? Si por natural quiere decir naturaleza, entonces el argumento debería ser a favor del matrimonio homosexual, o mejor, en contra de todos los matrimonios, porque ese tipo de contractos es tan artificial como la mayoría de las instituciones humanas. Si por natural quiere decir de la esencia del ser, en términos aristotélico-tomistas, entendiendo que el fin del matrimonio es la procreación y, por tanto, las parejas del mismo sexo no podrían casarse—aunque no creo que Wilches haya leído a Finnis, el mayor defensor de este argumento—entonces, su argumento es falaz, porque el fin del matrimonio es la vida en amor, no la procreación ¿Acaso las parejas que no pueden procrear no pueden casarse? ¿Acaso es menos válido el matrimonio de una pareja que decide planificar toda su vida? ¿Por qué ellos sí pueden casarse y no los homosexuales?  Lo natural es que quienes se amen, quieran vivir juntos y compartir una vida, y que tengan derecho a hacerlo.
se está desconociendo la naturaleza de la unión de la pareja humana, perjudica y discrimina los derechos de las personas casadas y afecta a los nuevos habitantes que nacen de la pareja humana (hombre + mujer) y de los futuros ciudadanos que habrán de poblar esta nación”
¿Cómo se discriminan a las parejas heterosexuales? ¿Cómo se afectan? Hasta que la senadora Wilches, o demás proponentes, justifiquen esta afirmación, sus palabras carecen de sentido. Es como si yo me opusiera a la aprobación de una ley que crea un parque natural en Quindío, por poner sólo un ejemplo, porque me afectaría y me discriminaría, al igual que a los futuros ciudadanos. Hasta que yo no explique cómo me perjudica y cómo me discrimina, no habría razón para hacerme caso. Si continuara repitiendo el mismo argumento en contra del parque, debería ser tratado como un orate que discute sin razones, sólo esperando que la repetición logre lo que la verdad no puede ¿Será ese el método de la Wilches?
que fortalecer la familia es el deber y procurar su protección ha de ser una política de Estado sin mediación alguna, así como la defensa de los derechos de los niños y las niñas, considerados en el artículo 44 de la Constitución Política de Colombia, que legitiman el poder disfrutar de una familia constituida por un hombre y una mujer, por lo que el matrimonio es un elemento de conservación de la humanidad, 
Quizás el matrimonio sea un elemento de conservación de la humanidad, pero ¿Por qué sólo el de las parejas heterosexuales? Si la senadora Wilches no ofrece ningún argumento, su posición cae en un vacío argumento circular: 1. Deben prohibirse los matrimonios homosexuales, porque son malos, 2. Son malos porque hacen daño a la familia. 3. Hacen daño a la familia porque son malos ¿Será que la senadora Wilches nos cree tan tontos?
Por lo demás, ¿Cómo se perjudican los niños y las niñas con los matrimonios entre las parejas del mismo sexo? De nuevo, el mismo argumento circular, típico de la Wilches, 1. El matrimonio entre parejas del mismo sexo es malo, porque afecta a los niños. 2. Afecta a los niños porque es malo. 3. Es malo porque es entre parejas del mismo sexo…
Las falacias argumentativas no son, sin embargo, privilegio de la Wilches. Con anterioridad, Monseñor Córdoba había dicho:
la familia en Colombia es entre hombre y mujer…que se reúnan a vivir tres hombres juntos, eso no es familia; que se reúnan dos amigas a vivir juntas, eso no es familia; eso se llama grupos de amigos viviendo juntos
En otras palabras, 1. Se debe prohibir el matrimonio entre parejas del mismo sexo porque eso no es familia. 2. No son familia porque son del mismo sexo… ¡Qué brillante es Córdoba!
Qué tal esta joya del mismo Monseñor:
 “con los homosexuales no tenemos problemas, son hijos nuestros, son parte de la Iglesia, tiene dignidad y son colombianos con derechos y deberes. Si quieren vivir juntos que vivan, que hereden su salud y derechos patrimoniales; otra cosa es que un grupo minoritario nos haga leyes para todos los colombianos”.
En otras palabras, las parejas del mismo sexo tienen derecho al matrimonio, pero porque no nos gusta a la mayoría, entonces neguémosle el derecho ¡Que visión tan moral la de Monseñor! ¡Muy respetuosa de los derechos de las minorías!
El premio de la estulticia, sin embargo, se la lleva el presidente del PIN Edgar Espíndola, para quien,
 "en virtud del modernismo utilizado por otras naciones, nosotros no podemos copiar esos modelos y llegar un día aquí a Colombia con ese tipo de proyectos".
Obvio, en la antigüedad jamás existieron sociedades que bendijeran la unión entre las parejas del mismo sexo. Fue en la modernidad donde este matrimonio comenzó a bendecirse ¡Qué profundos son los conocimientos históricos del senador! Seguro que para él, el mundo se hizo en siete días, tal como sugiere toda la evidencia científica.
Pero si la historia dice lo que ellos deseen, el derecho natural también. Para el mismo senador Espíndola,
"Hay que defender la familia dentro del marco del derecho natural"
¿Por qué? No lo sabemos ¿Por qué el derecho natural prohíbe la unión entre personas del mismo sexo? Lo ignoramos. Jamás lo sabremos, porque el debate aquí es entre la discriminación disfrazada de argumentos vacuos y los derechos de las personas. 

lunes, 4 de marzo de 2013

Las Voces del Jueves


Hace más de 20 años, varios mayores adultos comenzaron a reunirse todos los jueves para volver a ser niños, para tejer historias, para emprender viajes a través de los capítulos de los libros. El lugar es la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, la excusa, El Taller de Literatura para Adultos Mayores.
Gracias a la dedicación y apoyo de Lucía Donadío, el grupo de adultos mayores acaba de publicar su tercera antología, Tardes de Jueves. Al leerlo, se escuchan voces que hablan de otras épocas, de la cosecha de café, de los internados en la Ceja, de las viejas imprentas que llenaban el aire de extraños olores y a las calles de ideas, de las bicicletas que cruzaban ciudades en las que existían espacios dedicados a algo distinto al tránsito de automóviles.
Somos marineros del viento/ bogando barquichuelos/ en ríos de tranquilo suceder; porque no queremos/ que nuestras voces/ se pierdan en el silencio, escribe Teresa Yáñez de Cuberos. Yo, por mi parte, agradezco la brisa que me trajo estas voces a la orilla de mi vida.