lunes, 22 de abril de 2013

VALENCIA, EXPLÍQUELE A VIVANCO


En un reciente artículo, el columnista León Valencia critica a varios de quienes se oponen a los diálogos con las Farc, porque, según él, “los mismos que defendieron la ley de alternatividad penal y hundieron sin compasión el proyecto de ley sobre las víctimas, sean quienes ahora adelantan una cruzada nacional contra la impunidad y se autonombran defensores de los vejados por este largo conflicto.”
Lo dicho por Valencia es en parte cierto, algunos de los que buscaban un sistema que dejara en la impunidad las atrocidades cometidas por los paramilitares ahora sí parecen interesados en reivindicar derechos que antes desconocían, los de la verdad, la justicia y la reparación. Aun así, el artículo de Valencia es falaz, hipócrita y obtuso.
Es falaz, porque es una crítica ad hominem, las posiciones de Uribe y Compañía son criticadas no por su fundamento, no porque tengan razón o no, sino por la calidad de las personas que las esgrimen. En lugar de explicar por qué es correcto considerar que crímenes tan horrendos como el secuestro y el reclutamiento forzado de menores No son crímenes de lesa humanidad, Valencia simplemente nos dice que esa posición no es válida, porque hoy la defienden quienes antes se oponían.
Es contradictoria, porque lugar alaba a quienes se opusieron a la impunidad en el caso de los paramilitares, pero critica a quienes lo hacen en el caso de las Farc. Valencia no ofrece ningún argumento para explicar por qué unos crímenes deben perdonarse y los otros no.
Finalmente, es obtusa porque desconoce todas las críticas contra el proceso de paz que provienen de personas que también se opusieron a los diálogos con los paramilitares. Sería muy bueno, por ejemplo, que Valencia nos dijera qué opina de las declaraciones de Vivanco sobre el tema.
CODA
Entre el sartal de argumentos tontos en respaldo de Maduro, el de William Ospina ayer merece un sitial especial. Para defender el proceso democrático venezolano, Ospina sostiene que Venezuela es un país muy democrático porque votan en promedio más personas que en Colombia. Según el columnista, debemos creer que las elecciones en Venezuela fueron transparentes, porque allá vota mucha gente y porque la oposición no es capaz de reconocer los logros del chavismo. Parece que a Ospina no le importa por quién vote la gente, sino que voten mucho ¡Qué interesante doctrina!
Por último, sería bueno que Gutiérrez Sanín leyera el último artículo de Rodrigo Uprimny sobre la importancia de la transparencia electoral, así, de pronto, deja de creer que la estabilidad regional implica que apoyemos a Maduro sin saber a ciencia cierta qué fue lo que pasó en las últimas elecciones. 

viernes, 19 de abril de 2013

BUSH Y LA GRANDEZA DE LAS FARC


No, no soy yo quien lo dice, es Rodolfo Arango. Para él, en su último artículo, las Farc demostrarían  su “grandeza,” “si los cabecillas de la guerrilla aceptan reducidas penas de cárcel para delitos de lesa humanidad debidamente demostrados y aplazara un tiempo su posible llegada al Congreso.” Es decir, las Farc demostrarían su “elevación de espíritu, excelencia moral,”—pues esto significa ‘grandeza’ para la RAE—si pagan reducidas penas, muy seguramente inferiores a las que pagan otros colombianos por delitos que no son de lesa humanidad, y posponen su ingreso al Congreso por un “reducido” tiempo.
Digámoslo de nuevo, de otra forma. Los cabecillas de las Farc, según el profesor Rodolfo Arango, demostrarían su excelencia moral si luego de secuestrar, reclutar menores, asesinar civiles, realizar desplazamientos, aceptan una pena pequeña que, incluso, les permitiría hacer política electoral en un poco tiempo. Extraña noción de grandeza, ¿No les parece?
A mí, por lo menos, me parece que la grandeza viene exclusivamente de las víctimas, ellos son los únicos que estarían haciendo un gesto generoso—en palabras también de Arango—y heroico, el perdón. Las Farc, por su parte, sólo estarían aprovechando la oportunidad que la incapacidad e irresponsabilidad del Estado les brinda. Oportunismo no es grandeza, silenciar el clamor de justicia de las víctimas no es excelencia moral, es cobardía.
Bueno, confieso, a lo mejor el equivocado soy yo. Al fin de cuentas, parece que la tendencia ahora es a callar a las víctimas y a la población civil en aras de mantener la estabilidad y el statu quo. En un reciente artículo, el profesor Francisco Gutiérrez Sanín criticó la posición de Kerry de pedir el reconteo de votos en Venezuela:
“Pero es que los Estados Unidos no pueden pontificar en este terreno. Son un alumno (uno que se raja), no un profesor. De hecho, Kerry pertenece a un partido, el demócrata, al que le hicieron un tongo decisivo en Miami en el 2000, cuando el candidato era Gore.”

Uno pensaría que si lo correcto es aceptar sin cuestionamientos la victoria de Maduro, entonces no habría por qué criticar a los estadounidenses por aceptar el triunfo de Bush. En ambos casos, dejó de escrutarse el procedimiento electoral con el fin de garantizar la estabilidad amenazada por el reconteo. Si lo correcto hubiera sido, por el contrario, no aceptar el triunfo de Bush, entonces no entiendo por qué Gutiérrez Sanín propone que se haga algo “no edificante” (en sus propias palabras) y se acepte a un gobierno que no ha sido elegido democráticamente.
De todos modos, es curioso que Gutiérrez Sanín compare la elección de Maduro con la de Bush. En mi opinión, más que la ficticia estabilidad de un gobierno elegido de forma cuestionada, a la región le hace falta más respeto por los procesos democráticos. Creo, además, que Estados Unidos habría estado mejor sin Bush y Venezuela con un gobierno que diera más transparencia a las elecciones. Pero bueno, a lo mejor estoy malinterpretando todo, al fin de cuentas, Rodolfo Arango ya nos enseñó que negarse a aceptar las consecuencias de crímenes atroces es una muestra de grandeza, ¿Por qué no pensar entonces que la verdad democracia es aquella en la que los procesos de elección se hacen turbios para garantizar la estabilidad regional­? Esas son, al menos, las enseñanzas de Arango y Gutiérrez en esta semana. 

miércoles, 17 de abril de 2013

13 FRASES SABIAS Y PREGUNTAS A SUS AUTORES



1.        “Por esa vía, señala, los ‘máximos responsables’ podrían quedar a salvo de la justicia, supuestamente en aras de la paz: “El Congreso tendría la potestad de permitir que los máximos jefes guerrilleros responsables de atrocidades, como ‘Timochenko’ o ‘Iván Márquez’, no pasen ni un solo día en presión. (Pero) Colombia tiene la obligación jurídica de imponer penas por violaciones a los derechos humanos y estas deben ser proporcionales a la gravedad del abuso cometido.”
2.      “Los crímenes atroces, el despojo y el destierro forzados son manifestaciones que ‘entrañan el mal del prójimo’ bajo la forma de la crueldad. En su presencia de pesadilla, ninguno de esos excesos podrá inscribirse en su totalidad en lo simbólico de los códigos legales por mucho que alguno de éstos lograra con justeza calibrar las lógicas del perdón y la reconciliación con las lógicas de la justicia, entre las que se debate la llamada ‘justicia transicional’. No se trata, en absoluto, de que el derecho agote el problema. Pero la impunidad es otra cosa.”
3.      “Se ha puesto de moda lo que llaman ‘visibilizar a las víctimas.’ La pregunta que debe hacerse es qué imagen se quiere proyectar de ellas. Se quiere una imagen ‘discreta’ de seres suficientes que se resignan a la ayuda benevolente y a la compasión. Para […], las víctimas que se resisten a entrar en ese juego son un obstáculo. Sus protestas son indignas, sus exigencias de verdad y justicia son vengativas, pues sostienen autónomamente posiciones críticas y no se acomodan a la manipulación externa de su dolor. Dije que […] no está capacitado ni es idóneo para el cargo que desempeña, porque no respeta ni valora adecuadamente a las víctimas. Me reitero en el escrito: debe renunciar.”
4.      “Durante la visita del fiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo, los representantes de […] le solicitamos que abriera pronto un primer proceso emblemático contra alguno de los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad en Colombia. Le dijimos que esa sería una señal inequívoca de apoyo a los jueces nacionales.”
5.      “Desde la década de 1980, las FARC optaron por el secuestro. Primero lo hicieron como método selectivo de financiación, y negaron públicamente que lo estuvieran cometiendo. Luego lo admitieron y comenzaron a secuestrar de manera masiva. No sólo como negocio para costear la guerra. Justificaron esta práctica también como método de presión política. Exigieron que los cautivos fueran parte de un canje. Pero los utilizaron paulatinamente como instrumento para obtener protagonismo y reconocimiento político en el país e internacionalmente. De esta forma, el secuestro se convirtió en un modo de acción permanente que se fue prolongado en el tiempo. La concentración y movilidad de los secuestrados por un largo período en zonas inhóspitas se logró empleando técnicas de sumisión por medio de tratamientos inhumanos. La degradación de los métodos de guerra a través del irrespeto de los principios básicos de la dignidad de las víctimas llevó a una degradación proporcional de sus captores.”
6.      “Hay un momento en que esas manos podrían ser estrechadas: cuando se hayan entregado a la justicia, cuando hayan reparado a las víctimas, cuando hayan llegado a un acuerdo de paz y convivencia, cuando se hayan comprometido a no matar nunca más. En ese momento serán manos lavadas, manos que se puedan estrechar. Antes no.”
7.      “Si […] se va, quedará el dolor de decenas de miles de parientes de los asesinados que no olerán la verdad de conocer dónde están los restos de los suyos. No habrá justicia y, desde luego, tampoco reparación. No tendrán ni la oportunidad de lidiar con la rabia, sentimiento inevitable que puede ser destructivo o que, como lo hicieron los Andoque, podría contribuir a la paz. ¿Cómo manejar la rabia?”
8.     “En el 2018 los problemas eran otros. Había dos escenarios: en el primero, Colombia tenía que lidiar de nuevo con una alta tasa de homicidios porque, a pesar de que algunos frentes de las Farc habían aceptado la negociación con el gobierno, otros se dedicaron al bandidaje, al igual que algunos grupos reciclados de antiguos paramilitares. Había frustración por la ausencia de verdad, justicia y reparación. Aunque las exportaciones, a pesar de un bajonazo mundial posterior al 2010, seguían repuntando, el 45% de su valor seguía dependiendo de productos tradicionales. Los partidos políticos carecían de la confianza ciudadana. El otro escenario del 2018 fue el resultado de acuerdos políticos y ciudadanos para tratar el período de posconflicto, garantizando que la política de seguridad fuera fortalecida con elementos de cultura ciudadana. Se logró pensar a Colombia como una sociedad del conocimiento con visión de largo plazo. La tasa de homicidios se redujo aún más y hubo planes efectivos de reinserción. A pesar del dolor, hubo un nivel aceptable de verdad, justicia y reparación. El nivel de optimismo era alto. La confianza en los partidos políticos había renacido.”
9.      “Razones de conveniencia política pesan más que los derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición. La falta de voluntad política para investigar la verdad del […] disfraza con nobles propósitos de reconciliación y de presunta lucha contra los cabecillas de la máquina de la muerte. Nada de lo dicho legitima las decisiones legislativas ante la justicia internacional.”
10.  “En Colombia, luego de largas luchas y de algunos avances legislativos, comienza a abrirse paso el reconocimiento de este derecho. No obstante, encuentra aún numerosos obstáculos para su realización universal y plena. La impunidad generalizada es tal vez el mayor de ellos. Pero además existen múltiples formas de distorsionar o estigmatizar la reparación. Las políticas del actual gobierno pretenden convertir medidas de asistencia social en actos que supuestamente repararían de manera satisfactoria a las víctimas. La concepción subyacente a esa clase de políticas consiste en convertir un derecho y un deber en una especie de concesión generosa del Estado.”
11.   “Cursa en el congreso un proyecto para prorrogar indefinidamente la Ley 975 de 2005 (llamada ‘de Justicia y Paz’) que permitiría continuar reduciendo hasta cinco a ocho años, en vez de sesenta, las penas a paramilitares o guerrilleros que sigan masacrando gente de aquí en adelante. Supuestamente, la justificación es que el Gobierno ha logrado desmovilizar, después de la vigencia de la Ley 975, más paramilitares de los que esperaba. Arguye que no sería justo con las víctimas que estos criminales no recibieran los beneficios judiciales que los incentiven a contar la verdad y facilitar que se haga justicia.” Difícil concebir mayor cinismo: la justicia no consiste en reducir las penas a los victimarios, sino en garantizar verdad, sanción y reparación a las víctimas.”
12.  “La verdad es la base para que haya justicia y reparación. En países como Guatemala, El Salvador y Colombia son demasiados los muertos de la última parte del siglo XX y muchos los autores materiales e intelectuales que andan sueltos por ahí. La verdad, escurridiza, es una necesidad imperiosa para quienes han sobrevivido a la muerte violenta de sus seres queridos y requisito para la reconciliación.”
13.  “Nada atraerá tanto no sólo la confianza, sino el respaldo del mundo entero, como la superación a fondo de la violencia, la derrota de la impunidad y la corrupción, una estrategia de legalidad democrática, la modernización física y espiritual del país y una política responsable frente a la naturaleza.”

Las anteriores son afirmaciones hechas por varios columnistas, en su mayoría en torno a los “procesos de paz” que se llevaron a cabo con los grupos paramilitares. He borrado alguna referencia particular, para que el lector no sepa sobre qué grupos se está hablando. Los vínculos donde pueden leer los textos citados pueden encontrarse al final.
Confieso que estoy de acuerdo con lo dicho por estos autores. Creo que el mar de impunidad sobre el que se construyó el proceso con los paramilitares facilitó el nacimiento de las “bacrim,” además de impedir que se develarán los vínculos entre el Estado y los delitos de lesa humanidad cometidos por los grupos armados. En este sentido, me parece que sus clamores fueron valientes, oportunos y acertados.
Hoy, en una coyuntura política distinta, quisiera preguntarles si sostienen la misma defensa del derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Aceptando que dada la vinculación estrecha de ciertos estamentos del Estado con el paramilitarismo, el proceso con la guerrilla tiene que ser diferente, creo que todavía es pertinente preguntarse:

a.      ¿Cree Iván Cepeda que las víctimas de la guerrilla estarán, al menos, visibilizadas, tal como él lo pidió en el caso de los paramilitares, en un proceso en el que el secuestro, el desplazamiento, la tortura, no son consideradas como delitos de lesa humanidad, según declaraciones del Fiscal General de la Nación? ¿Existe algún foro para visualizar a las víctimas de la FARC en la Habana?
b.      ¿Estaría de acuerdo Iván Cepeda con pedirle al Fiscal de la CPI que investigue y castigue a los guerrilleros que cometieron delitos de lesa humanidad y que serán amnistiados por el gobierno, así como lo hizo con los paramilitares?
c.       ¿La crueldad de los secuestros cometidos por las FARC, denunciados por Cepeda, constituyen o no delitos de lesa humanidad?
d.      ¿Cree Héctor Abad que las manos de la guerrilla están limpias para ser estrechadas? ¿Se entregaron a la justicia? ¿Hubo justicia?
e.      ¿Cree Orduz que en el actual ‘proceso de paz’ a las víctimas de la guerrilla le han dado mecanismos para ‘lidiar con la rabia’? ¿Negando el carácter de ‘lesa humanidad’ a los actos cometidos por la guerrilla se logra ese cometido?
f.        ¿Cree Orduz que hay un nivel mínimo de justicia, verdad y reparación para lograr el escenario de desarrollo que cree se dará en el 2018?
g.      ¿No cree Rodolfo Arango que las mismas razones de utilidad son usadas hoy para conculcar los derechos a la verdad y a la reparación? ¿Por qué eran censurables antes, ahora no?
h.     ¿Cree Gustavo Gallón que un proceso en el que los líderes de las Farc no recibirán condenas privativas de la libertad es menos violatorio del derecho a la justicia que una ley que, al menos, garantizaba penas de cinco años?
i.        ¿Cree Orduz que la verdad necesaria para la reconciliación, según sus palabras, está siendo honrada en La Habana?
j.        ¿Pensará William Ospina que la derrota a la impunidad, necesaria según él para el desarrollo del país, se da afirmando que las Farc no han secuestrado, no han cometido delitos de lesa humanidad?

Sólo pregunto. Por mi parte, creo que la paz no se construye con pactos de silencio entre un gobierno celoso por negar sus pasadas alianzas con los grupos paramilitares y una guerrilla ansiosa por justificar sus atrocidades con una supuesta lucha por la justicia social.



3, Iván Cepeda sobre Luis Carlos Restrepo, aquí

lunes, 15 de abril de 2013

Entre los diálogos imaginados y la paz real


Algunos de los más importantes columnistas en Colombia se han manifestado en los últimos días a favor de los diálogos de paz. Confieso que leí sus artículos con detenimiento, tranquilo, esperando encontrar algún argumento que hiciera cambiar mi posición. Lo extraño es que luego de leerlos, no sólo me ratifiqué en mi rechazo al proceso llevado en la Habana, sino que me convencí que ellos están de acuerdo con la postura que defiendo, aunque no se han dado cuenta.
Aldo Cívico (para leer el artículo, presione aquí), sostiene que, “Enterrar el hacha de la guerra significa abrir el espacio a la reconciliación, que no es olvido sino la conjugación de verdad, justicia y reparación.” De acuerdo, enterrar el hacha de la guerra, en las poéticas palabras de Cívico, implica reconciliarse sin darle la espalda a la historia y al país. Algo, de paso, muy distinto a la continua serie de negaciones que vienen ocurriendo en La Habana. La verdad necesaria para enterrar el hacha de la guerra no es aquella en la cual se afirma, como dijo el fiscal, que las Farc no han cometido delitos de lesa humanidad, como si las torturas y asesinatos llevados a cabo por el grupo guerrillero fueran productos de la imaginación de las víctimas. La verdad es que las Farc han secuestrado, han torturado, han reclutado menores, delitos atroces que han sido constantemente negados por los guerrilleros y sus interlocutores.
El profesor Francisco Guitérrez Sanín a su vez (para leer el artículo, presione aquí), enseña como ejemplo de un proceso de paz el llevado a cabo en Sudáfrica, uno en el que las confesiones cometidas por los perpetuadores de crímenes fue divulgada en el programa de más difusión del país.  Algo distinto a lo sucedido en Colombia,  país en el que en el proceso de paz no ha habido ni un solo reconocimiento a los crímenes cometidos por los bandos en conflicto. De La Habana, no se sabrá, por ejemplo, cuál fue la participación de los líderes de la Farc en el reclutamiento de menores, en la desaparición de dirigentes políticos. Por otro lado, seguiremos ignorando cuál fue la responsabilidad de Santos en los falsos positivos, cuál fue su vinculación con las chuzadas del DAS mientras era ministro de defensa. Nada de eso se sabrá, porque aquí la paz no es un, “Tema político por excelencia,” como también sugiere Gutiérrez Sanín en otra columna, sino uno que se negocia entre conciliábulos y componendas.
Finalmente, Rafael Orduz, afirma con razón que “Son víctimas… los miles de secuestrados, los niños reclutados por todos los grupos armados ilegales.”  Sin embargo, las Farc han manifestado continuamente que ellos no secuestran, que ellos sólo retuvieron a prisioneros.
Ordúz, Gutiérrez y Cívico apoyan un proceso de paz que parece estar más en la imaginación y en el deseo que en la realidad. Por mi parte, creo que la paz se construye con lo que dicen cada uno de ellos, con procesos en los que se abra espacios para la verdad, con diálogos que no sean usados para ocultar los crímenes de parte y parte. El proceso de paz dista mucho de ser lo que ellos imaginan, de lo que con tanto ardor defienden.  Yo prefiero quedarme con su diagnóstico certero y no con la medicina maravillosa que imaginan, mas no existe en la realidad. 

lunes, 8 de abril de 2013

LOS HOMOSEXUALES, LA BIBLIA Y PETRO


Un grupo de cristianos y católicos han creado una coalición para boicotear el proyecto de ley que garantizaría el derecho al matrimonio igualitario. Muchos de los argumentos se fundamentan en sus creencias religiosas, en especial, en la lectura que hacen de la Biblia.
Aunque es claro que este tipo de argumentos no debería tener mayor peso en una democracia pluralista o en estados no confesionales como el colombiano, me parece que es interesante contestar sus argumentos en sus propios términos. Es decir, preguntarse si la Biblia, como ellos dicen, sugiere prohibir legalmente el matrimonio entre las personas del mismo género.
Para defender su posición, la coalición de Ordoñez generalmente cita los siguientes apartes de la Biblia:
1.       Génesis capítulos 18-19. En este aparte se relata la destrucción de Sodoma y Gomorra como castigo por, según la interpretación de Ordoñez y Cia, los actos homosexuales con dos ángeles.

Esta es una interpretación común entre grupos radicales cristianos y algunos católicos. El problema es que parte de una lectura parcializada del texto bíblico. Los habitantes de Sodoma intentaron violar a los ángeles, así que uno en realidad no sabe si el castigo es por la violación o por los actos homosexuales. Ahora bien, ¿No es más grave una violación que un acto sexual consentido?
Por lo demás, quienes sugieren, con base en este texto, que la humanidad sufrirá calamidades increíbles si se aprueba el matrimonio igualitario, desconocen que en el mismo Génesis se establece que la ciudad se salvará si existen varios “justos.” Dado que el matrimonio igualitario no exige, sino que permite la relación entre personas del mismo género, no se entiende por qué vaya a darse un castigo divino.
Ahora bien, sería interesante de todos modos que Ordoñez y Cia nos dijeran si tienen alguna base científica que demostrara la existencia de catástrofes en aquellos países tolerantes al homosexualismo. También sería bueno que nos explicaran por qué consideran como un ideal ético, un libro como la Biblia que considera justo a Lot, a pesar de que entregara a sus hijas para que fueran violadas, o, como bien señala Saramago en Caín, por qué Dios castigó también a los niños en Sodoma, ¿No eran ellos inocentes? Pero bueno, como dije al inicio del texto, en este escrito no discuto la validez de apelar a la Biblia como argumento ético en una discusión constitucional.

2.      Levítico 18, 22.

En este texto Yahvé supuestamente da unas recomendaciones que deben seguir los israelitas, entra ellas, se afirma que, “No te acostarás con varón como con mujer.” Para Ordoñez y Cia, este es un claro fragmento en el que la Biblia censura el homosexualismo, lo que probaría que es un acto inmoral que debe ser prohibido por el Estado.
La verdad es que los ordoñistas tienen problemas de lectura, primero porque la prohibición es sólo a los homosexuales, mas no a las lesbianas. Si ellos fueran coherentes con sus biblias, entonces deberían atacar sólo el matrimonio entre hombres, mas no entre mujeres. Por otro lado, también deberían prohibir que los hombres se acerquen a las mujeres que están menstruando (Lev 18, 19), o deberían quemar los animales inmolados luego de tres días (Lev 19, 6), o no segar hasta el borde del camino (Lev 19, 9), o recoger los frutos del suelo, (Lev 19, 10), etc… Dado que estas conductas también son señaladas por Yahvé como impuras, me pregunto por qué la obsesión de los ordoñistas con el matrimonio igualitario y no con las frutas que se recogen del suelo ¿Si una conducta puede ser legal, por qué no la otra? ¿Si se permite segar hasta el borde del camino, por qué no el matrimonio igualitario? Aún más, ¿Por qué Ordoñez y Cia, no se refieren al pasaje del Levítico que ordena no oprimir al prójimo (Lev 19, 13)? ¿Alguna vez ellos se han manifestado sobre el salario mínimo? ¿Por qué estos derechos no figuran en la diatriba de los ordoñistas? ¿Por qué Ordoñez y Cia no piden que se declare ilegal recoger los frutos por tres años, tal como ordena el Levítico (19, 23) ¿Por qué Ordoñez y Cia no piden que se prohíba la astrología o el consumo de Morcilla, tal como lo ordena también el Levítico? (19, 26) ¿Por qué Ordoñez se rasura, si el Levítico le ordena no cortar los bordes de la barba? (19, 27)
Tal parece que no es el Levítico lo que inspira a los ordoñistas, sino su parcializada selección de una de las tantas prohibiciones que se encuentran en ese libro. Sería muy interesante que los ordoñistas nos dijeran por qué debemos obedecer sólo unos pasajes de la Biblia y los otros  no ¿No está eso en contra de su radicalismo religioso?
3.      Romanos 1.
Este es el pasaje en el que, quizás, la Biblia de forma más clara censura las relaciones entre personas del mismo género. A ellos, se les indica, incluso, que su castigo debería ser la muerte (Rom 1, 32).
Quizás los ordoñistas creen que este fragmento justifica con claridad el repudio al matrimonio igualitario, pero en realidad, lo que sugiere es que las relaciones entre personas del mismo género deberían sufrir la pena de muerte, y no sólo ellos, sino los que las aprueban.
Ahora bien, dado que Ordoñez y Cia no están pidiendo que se condene a homosexuales y lesbianas, entonces debe entenderse que ellos, si seguimos la Biblia, deberían sufrir la pena de muerte. No entiendo, entonces, porqué Ordoñez no pide ser ejecutado y sí se opone al matrimonio igualitario. Debería, al menos, ser consecuente con el libro que eligió para determinar la moralidad de su conducta ¿No les parece?
4.      1 Corintios 6.
En esta carta, supuestamente San Pablo nos dice que los (1 Cor 6, 9-10) homosexuales no irán al reino de los cielos. Tal vez, ¿Quién lo sabe? Ahora bien, suponiendo que eso fuera cierto, el hecho de por sí tampoco es un argumento contra el matrimonio igualitario. De hecho, en el mismo versículo se afirma que los borrachos y los avaros tampoco irán al cielo y, hasta donde sé, los ordoñistas no han sugerido una ley que penalice la beodez o la avaricia.

Dicho de otro modo, más que la Biblia, la prohibición del matrimonio igualitario proviene de una interpretación parcializada de algunos fragmentos. Una en la que se seleccionan precisamente aquellas conductas que Ordoñez y Cia no aceptan y se rechazan aquellos versículos que están en contra de sus convicciones morales. Si la Biblia es el parámetro para juzgar la vida pública, como piensan los ordoñistas, entonces deberíamos penalizar incluso el afeitarse, o el recoger los primeros frutos. De lo contrario, cualquier referencia a la Biblia es parcializada, manipulada, utilizada para encubrir los instintos homofóbicos que son los que en últimas atizan la cruzada de odios que alimenta a Ordoñez.
CODA
Me sorprende que Petro haya pedido a Ordoñez disculparse con la comunidad LGBT. Me asombra que lo haga, sin antes pedir él perdón por elegir a Ordoñez ¿Acaso Petro no sabía que Ordoñez quemaba los libros de Nietzsche en la UIS? ¿Ignoraba sus posiciones respecto a la Biblia? Es posible que Petro no sepa quién era Ordoñez, así como jamás se enteró que el M-19 secuestraba. De pronto Petro sigue a Francisco Gutiérrez (ver aquí) y a Natalia Springer (ver aquí) en que eso de la paz implica apostarle a diálogos en los que se olvida el pasado, así que no tenemos por qué acordarnos de sus actuaciones cuando era congresista. Parafraseando a Pizarro, la impunidad es el camino.




viernes, 5 de abril de 2013

EL PROCESO CON LAS FARC Y LAS FALACIAS DE FRANCISCO


En la columna titulada, “Ya para qué,” (para leerla, presione aquí) el profesor Francisco Gutiérrez Sanín defiende los procesos de paz mediante argumentos que aunque comunes son falaces. En mi opinión, flaco favor le hace a la discusión académica, el que uno tema tan importante como los diálogos de paz sea tratado de una forma tan superficial y sesgada.
El profesor Gutiérrez Sanín comienza afirmando que quienes nos oponemos a los diálogos con la guerrilla, lo hacemos, porque tenemos la creencia errónea, “de que en las actuales circunstancias eso les dará réditos políticos.” Aún más, sostiene que la oposición se hace con el fin de legitimar una razón de Estado, “para torturar, incendiar, o destruir.”
Es cierto, muchos de los opositores a los diálogos con las FARC lo hacen buscando réditos electorales y con el fin de legitimar una actuación del Estado que desconozca algunas de las normas básicas del Derecho Internacional Humanitario. El problema está en que no toda la oposición puede circunscribirse a esta perspectiva, también estamos quienes pensamos que los diálogos, tal como se están llevando, constituyen una dramática violación a la justicia y la consolidación de un status quo que fomenta la guerra.
Lo anterior me lleva a la segunda falacia de la columna del profesor Gutiérrez Sanín. En su opinión, no debemos caer en la ilusión de una paz pura, angelical, sino en una posible, al estilo de las de Tayikistán, Sierra Leona y Sudáfrica. En especial, Gutiérrez Sanín sostiene que a pesar de los horrendos crímenes en Sudáfrica, “un sector de los liderazgos de esos países—a ambos lados de la barricada—tuvo la inteligencia y la grandeza de guiar a sus sociedades a una nueva situación, cualitativamente diferente, no basada en la amnesia, pero tampoco gobernada por las cuentas de cobro.”
Como en el caso anterior, Gutiérrez Sanín dice la verdad… a medias. Es cierto que en las experiencias mencionadas, procesos de paz resultaron efectivos para terminar largos conflictos sociales, mucho más que otros intentos basados sólo en la represión y en la fuerza de las armas. Lo que calla Gutiérrez Sanín son las profundas diferencias entre los diálogos colombianos y los casos mencionados, así como las múltiples experiencias en las que la paz de papel con grupos armados generó postconflictos más violentos y más atroces. En el caso de Sudáfrica, por ejemplo, el proceso no se hizo de espaldas a la comunidad, sino mediante audiencias públicas en las que los responsables se vieron obligados a confesar sus crímenes o a ser encarcelados, algo totalmente opuesto los conciliábulos entre las FARC y el gobierno, de los que sólo sabemos que  el grupo insurgente afirma no haber secuestrado, no haber torturado, no haberse apropiado de tierras. Defender los diálogos de paz colombianos comparándolos con el proceso de Sudáfrica es similar a defender el puente de la 90 que hizo Pastrana, porque al fin y al cabo es también un puente como el Golden Gate.
Por útlimo, algunos de los que nos oponemos a los procesos de paz no lo hacemos, como afirma el profesor Gutiérrez Sanín, porque nos dejemos dominar por “cuentas de cobro.” También lo hacemos, porque creemos que la paz no se construye sin justicia, sin el respeto a los derechos mínimos de los ciudadanos, sin una sociedad que condene como prácticas atroces el secuestro, la tortura, el reclutamiento de menores. La Constitución que usted cita profesor Gutiérrez, también le da un valor fundamental a estos temas. No se le olvide.

jueves, 4 de abril de 2013

El cielo de Pi (A propósito de Life of Pi de Ang Lee, 2012)


En ocasiones, se dice que al ir a cine, uno en realidad ve al menos dos películas, la que proyectan en el teatro y la que uno continúa dirigiendo entre el recuerdo y el deseo. Esta afirmación quizás nunca sea tan verdadera como en el caso de Life of Pi, porque el filme de Ang Lee es mejor cuando se medita que cuando se ve, cuando se construyen las múltiples posibilidades que sugiere que cuando uno sólo se delita con las bellas imágenes creadas por el talento del chileno Claudio Miranda.       
La verdad es que si no fuera por la maestría de Miranda y Lee, la historia que vemos en Life of Pi sería aburrida. La primera parte de la película es una versión ramplona de Amelie (Jeunet, 2001), una historia que se cuenta con los colores de la cinta francesa, pero sin el carisma que inunda Audrey Tautou. PI Patel (Suraj Sharma) es un niño que se siente atraído por las más difundidas religiones universales y que comparte con su madre Gita (Tabu) un extraño amor por los animales, al punto que cuando conoce a Richard Parker—un tigre recién adquirido para el zoológico de su padre—decide acariciarlo. Por suerte, su hermano que presencia toda la escena, le alcanza a retirar a tiempo de la jaula, antes de que el tigre lo ataque con ferocidad.
De un momento a otro, la película nos cuenta que el zoológico del padre de Pi dejó de ser rentable y que por tanto tienen que vender todos los animales a un comprador en Canadá. En el viaje al continente americano, naufraga el barco que cargaba con los animales, Pi y su familia. En el bote de rescate, el joven vegetariano tiene que convivir con una cebra, una hiena, un orangután y un tigre. Luego de que la hiena asesinara al orangután y a la cebra, el tigre mata a la hiena. Al final y durante el resto de la película, Pi se ve obligado a compartir su bote con el tigre. La historia sobre cómo sobreviven es el tema principal de la cinta… bueno, al menos de la que vemos.
Aunque Lee no cae en la tentación de tantas películas de humanizar a los animales—Richard Parker siempre es un tigre que causa miedo y que Pi se ve forzado a domar—el filme, al menos el que uno ve,  no deja de ser una aburrida fábula, cuyo único interés radica en los mágicos paisajes creados por Miranda, en las fabulosas luces en las que el mar confluye con el cielo y los peces se confunden con las estrellas. En esta extraña película, el telón de fondo, los efectos especiales, es la historia principal que da ritmo a un predecible y monótono cuento.
Desde el inicio de Life of Pi, sabemos que el protagonista sobrevivirá, porque la historia es contada por un adulto Pi (Irrfan Khan), quien le relata su naufragio a un escritor canadiense (Rafe Spall) a quien le dijeron que la vida de Pi lo convencería de la existencia de Dios. Aun así, el final del filme es inesperado. En él, el adulto Pi nos dice que existe otra posible hisotria, (SPOILER ALERT),  una en la que Pi naufragó con su madre, un cocinero y un joven, una en la que el cocinero asesinó a Gita y Pi al cocinero. Una en la que Pi no es Pi, sino Richard Parker.
¿Cuál es la historia verdadera? La película nunca lo dice. La verdad, es que yo llevo varias semanas recreando diferentes historias, imaginando, por ejemplo, qué fue la isla de la que Pi tuvo que escapar, especulando sobre lo animales que somos los humanos, cuando el destino nos muestra lo insignificante que somos en medio de la majestuosidad del océano.
Life of Pi es una invitación personal a crear cada cual su propia historia y a escoger la versión de los hechos que más le guste. A mí, por ejemplo, me recuerda a “El cielo ganado”, uno de los cuentos breves y extraordinarios recopilados por Borges y Bioy Casares. En el día del juicio final, un hombre le dice a Dios, “Es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado.” A lo que Dios, le responde: “Entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.”
Mi película de Pi es una versión del “Cielo Ganado”, pero a la inversa. Una en la que los seres humanos se hallan en un tipo de infierno, un planeta con terremotos, volcanes, enfermedades penosas e intratables, una en la que eventos inesperados como un naufragio nos puede convertir en asesinos. Los seres humanos, sin embargo, no sólo ignoran que viven en el infierno, sino que imaginan que su mundo es perfecto, un paraíso creado por un Dios superior que los protege de todos los males. Ellos, al igual que el protagonista del “Cielo ganado”, viven en el infierno, pero nunca se dan cuenta, o, al igual que Pi, traicionan sus más profundas convicciones, pero jamás se enteran, al fin de cuentas todo es obra de un tigre, o de un Dios que nos cuida amablemente desde las alturas.