sábado, 7 de diciembre de 2013

MANDELA Y ABAD FACIOLINCE VAN A CARULLA

Confieso que no me gusta Angosta, la popular obra de Héctor Abad Faciolince, sus personajes me parecen planos, el final me parece amañado y predecible. Aun así, creo que la novela tiene una trama maravillosa, es una ingeniosa forma de decirnos a los colombianos lo que no queremos oír, que en nuestro país se vive un Apartheid, que la exclusión social es tan brutal como común entre nosotros.
Me acordé de Angosta y Mandela cuando leí sobre el alboroto causado por los celadores que golpearon injustamente al comediante Leguizamón en una Carulla de Bogotá. (Para un resumen de la noticia y el video del incidente, presione aquí) No voy a defender lo indefendible, la cansina actitud del administrador del negocio, la beligerancia de los guardias, las agresiones a las que fueron sometidos los dos clientes.
Ese  no es el tema que quisiera tratar. Lo que me parece pavoroso es que Leguizamón considere que ser muy pobre es un insulto. “Pobretón H.P.” dijo repetidamente el comediante para agraviar al celador, como si no tener dinero fuera una afrenta, como si se tuviera una mayor dignidad sólo por tener más dinero. Me parece aún más temible que nadie opine sobre el tema, que en los periódicos, medios de comunicación y redes sociales se considere que ese es un insulto adecuado, que se tiene razón en proferirlo, que está bien en humillar a quienes han tenido una peor suerte en esta competencia brutal que se ha convertido la vida.

El incidente en Carulla demuestra que Faciolince tiene la razón. En Colombia se vive un silencioso Apartheid. No sólo las facturas están divididas por estratos, también las universidades, los restaurantes, los clubes sociales, la dignidad con que tratamos a los otros seres humanos. El incidente en Carulla comenzó cuando la compañera de Leguizamón se negó—ni siquiera hizo un gesto—a limpiar su vomito.  “Hay gente de mantenimiento que hace eso,” dijo el comediante. Tiene razón, en nuestra cultura limpiar los excrementos de los otros es una labor que corresponde a una clase, una clase a la que se puede insultar sólo por su condición social.