martes, 21 de julio de 2015

Imaginando 118 días (A propósito de "Rosewater" de John Stewart, 2014)

En el año 2009, mientras hacía un reportaje especial para la revista Newsweek sobre las elecciones en Irán, Maziar Bahari confesó que era un espía en una entrevista a Jason Jones para el Daily Show. Cualquiera que conozca a Jones y al programa presentado por John Stewart, el famoso cómico del canal Comedy Central, sabrá que todo se trata de una parodia, de un buen chiste político para, quizás, el público más liberal de los Estados Unidos. El problema es que nuestras palabras no siempre toman el curso que esperamos y lo que era un simple chiste terminó convertido en evidencia en contra del reportero, una más de las que lo llevarían a estar recluido en solitario por 118 días. Compungido por el sufrimiento que causó de forma indirecta a Bahari, John Stewart decidió contar la historia del periodista iraní en su primera película, 118 días.
 Bahari (Gael García Bernal, en la película), sin duda, no sólo fue arrestado por el malentendido causado por la broma del Daily Show. Su principal  crimen fue filmar y difundir los atropellos cometidos por el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad durante la famosa revolución verde. Por eso, Stewart hace bien en comenzar la película contando de nuevo la historia de cómo el gobierno iraní persiguió con violencia a quienes reclamaron en contra del fraude en las elecciones que permitieron a Ahmadinejad derrotar al liberal Hossein Mousavi. En unos breves minutos, de la mano de Bahari y de quien lo guiará a través del movimiento verde, Davood (Dimitri Leonidas), uno se entera de las luchas por elegir un nuevo gobierno, de los intentos por tener una sociedad más libre, una en la que las antenas satelitales no tengan que esconderse de la inquisidora mano del gobierno.
La historia de las elecciones en Irán es, sin embargo, sólo un breve prólogo al verdadero tema de la película: la heroica forma en la que Bahari sobrevivió 118 días de encierro y tortura física y sicológica. Porque lo verdaderamente interesante, aquello que hace a 118 días una película digna de ser vista, es el íntimo y bello relato de Bahari en la cárcel, la historia de un hombre que logra vencer a su torturador a partir de dejarse perder por los recónditos e interminables recovecos que la imaginación crea cuando la dejamos libre.
Al igual que Selma (Björk) en Dancer in the dark, o Pi Patel (Suraj Sharma) en Life of Pi, Bahari sobrevive a los más momentos más difíciles de su vida tergiversando la realidad, soñando, imaginando que su celda no era un solitario espacio de reclusión, sino un extraño punto de encuentro con su padre (Haluk Bilginer) y su hermana Moloojoon (Shohren Agdshloo). Son ellos, los fantasmas de sus familiares que también sufrieron el infortunio del encierro, los que lo aconsejan y le enseñan cómo sobreponerse a la soledad, a los golpes y, lo más importante, como mantener la esperanza intacta durante las horas más oscuras de nuestras vidas. De la mano de la imaginación, Bahari baila con su esposa al ritmo de o Dance me to the end of love, inventa fantásticas historias sexuales que seducen a su torturador, Rosewater, sueña el reencuentro con su esposa.

Rosewater es no sólo el nombre de la película en inglés, sino el que Bahari inventa para su torturador (Kim Bodnia). Es curioso que el título del filme no sea el del héroe, sino el del villano. La razón quizás está en que en ese imaginativo acto de nombrar, de atribuir una palabra para llamar a una cosa, o a un hombre, está el secreto de ganar la guerra. Por eso, también, los regímenes represivos persiguen tanto a los artistas. Ellos tienen un poder contra el que ni la cárcel ni la tortura pueden. 

martes, 7 de julio de 2015

DIOS CREÓ HOMBRE Y MUJER

Al menos eso dicen mis amigos para justificar su rechazo al matrimonio igualitario. Lo dicen con solemnidad, como si estuvieran predicando una verdad irrefutable, algo tan evidente como que el agua moja o el fuego quema.
Yo escucho y callo, pero, por más que me esfuerzo, no sólo no entiendo lo qué dicen, sino por qué gente inteligente con grandes y merecidos éxitos profesionales y académicos se deja convencer de este argumento.
La verdad es que tal como se enuncia, tal como se esgrime es una clara falacia iusnaturalista, un ejemplo de esos que uno enseña en clase para que todos entiendan. Una cosa es el ser (Dios creó al hombre y mujer), otra el deber ser. De el uno no se puede desprender el otro, así como no puede decirse que Dios creó a la viruela y por eso debemos aceptarla como parte integrante de nuestras vidas, o como es un claro error afirmar que Dios hizo los huracanes y, por tanto, no deberíamos acabarlos en el eventual caso que eso fuera posible.
Claro, mis amigos que han leído la explicación aristotélica que en ocasiones acompaña el argumento de la creación dirán que los estoy malinterpretando, porque Dios no creó al hombre y a la mujer punto, sino que Dios creó al hombre con la finalidad de amar a la mujer, o viceversa. Dirán que en el ser está la finalidad y que en ella, de alguna u otra forma, está el realizarse con una persona del género opuesto.
A mí, el argumento sigue sin convencerme, porque para aceptar la versión aristotélica de la Biblia (por otro lado, qué curioso que la versión que permite censurar al matrimonio igualitario se fundamente en un filósofo prohibido por la Iglesia durante una gran parte de la Edad Media), tenemos que negar todo lo que sabemos de los géneros. Porque lo cierto es que los seres humanos no nos dividimos en hombres y mujeres, sino en hombres, mujeres e intersexuales. Así que uno tendría que decir que Dios creó al hombre y a la mujer y a otros, pero esos otros no merecen amar, no merecen casarse, porque el plan de Dios es sólo para los primeros. También podrían decir que los intersexuales no son intersexuales, sino hombres o mujeres, porque la ciencia se equivoca, lo sabemos porque Dios creó a hombres y mujeres. Obvio, este es un argumento inválido, porque es un claro círculo vicioso, uno que parte de una afirmación que hoy sabemos errada, los seres humanos no nos dividimos en dos separados géneros, sino en un continuo. No somos hombres y mujeres, sino hombres con algo de mujeres, mujeres con algo de hombres, mujeres con mucho de hombres, hombres con mucho de mujeres. Entre la diversidad de seres humanos, los hay con testículos y senos, genitales ambiguos y tantas variedades que no basta este simple artículo para hablar de ellas. Negar el continuo de géneros que somos los humanos, sólo puede hacerse a partir de la tesis que deseamos probar, que Dios creó al hombre y a la mujer; es decir, incurriendo en un claro círculo vicioso.
Por lo demás, si se desea censurar al homosexualismo desde el punto de vista de la creación, hay que saber poco de biología, o no pensar mucho en el tema. Si el homosexualismo es común entre varios mamíferos, uno debería preguntarse ¿Por qué Dios creo ese comportamiento en muchos animales, pero no en el ser humano? ¿Será que los animales son libres y cometen pecado cuando incurren en actividades homosexuales? ¿No afirma el cristianismo que sólo los humanos somos libres y sólo nosotros podemos pecar? Y si es así, entonces, ¿Quiso Dios que los animales fueran homosexuales? ¿Dios favorece ese tipo de homosexualismo?

En todo caso, me dirán con razón, que el argumento es sobre el matrimonio, y no tiene sentido fundamentar el matrimonio igualitario en las preferencias sexuales de los animales. Tienen toda la razón, repito. Eso no es, sin embargo, lo que pretendo. Lo que deseo sugerir es que la creación no es ese blanco y negro de géneros que muchos suponen cuando afirman sin ambages que Dios creó al hombre y a la mujer, no lo es entre los seres humanos—como la ciencia moderna lo explica—ni lo es entre los animales.
Otros amigos, me dicen que Dios creó la primera familia de Adán y Eva, por tanto todas las demás deben imitar esa unidad social ¿De verdad? ¿Dónde lo afirma la Biblia? ¿Hay algún lugar en la Biblia donde se diga que todas las familias deben ser iguales a la de Adán y Eva? Por otro lado, el argumento sigue siendo una clara falacia iusnaturalista, porque el hecho de que la primera familia esté conformada por un hombre y una mujer no significa que todas deben ser iguales. Si esa lógica fuera válida, uno podría decir que Eva y Adán eran blancos, por tanto sólo los blancos pueden casarse, o que Eva y Adán tenían determinada edad, luego sólo quienes hayan cumplido esos años pueden contraer matrimonio y así sucesivamente.

Sé bien que quienes atacan y quienes defienden el matrimonio igualitario ofrecen otros argumentos.  Para empezar, uno debería señalar la inconveniencia de defender una prohibición jurídica en una creencia religiosa. En todo caso, antes de decir que Dios creó al hombre y a la mujer, los opositores del matrimonio igualitario deberían saber de qué están hablando.