sábado, 1 de agosto de 2015

PARA ELEGIR A UN BUEN DECANO

Alguna vez, un sacerdote amigo me contó una historia sobre la elección del capellán de un exclusivo colegio en Bogotá.  En aquella ocasión, las madres acudieron ante el Arzobispo de la ciudad y le exigieron que el nuevo capellán debería reunir una larga lista de cualidades. Abrumado con las exigencias que le hacían, el arzobispo contestó: “Si encuentran alguien así, me lo traen, yo lo nombro sacerdote y lo hago capellán de inmediato.”
La verdad es que uno espera tanto para quienes ama, que las más de las veces uno tiene que contentarse, mas no alegrarse, con las rutas que para ellos traza el destino.  Quizás por esta razón, los padres esperan casi siempre que sus hijos encuentren una pareja mejor que la tiene, un trabajo más rentable, o una vida más cercana a la de sus sueños.
Esto me sucede, por ejemplo, con el decano de la Facultad de Jurisprudencia de mi alma máter, la Universidad del Rosario. Yo desearía, por ejemplo, que él fuera un gran académico, una persona que hubiera contribuido, de alguna u otra forma, al desarrollo del pensamiento jurídico en el país, que hubiera escrito libros o artículos, y que estos no fueran, como en muchas ocasiones, una ramplona exposición de ideas foráneas mal traducidas a la realidad colombiana, sino productos de investigaciones concienzudas y serias.
También me gustaría que fuera un buen docente, uno capaz de comunicar los más difíciles conceptos de forma cercana y amena, uno con el ingenio suficiente para acercar la, en ocasiones, lejana teoría a la realidad práctica que viven los abogados día a día. Uno que no sólo dé buenas lecciones sobre importantes doctrinas, sino que enseñe, practique y profese la virtud, como sugería Antonio Rocha Alvira .
Además, por ser el Rosario, me encantaría uno que no sólo recordara, sino que viviera las obligaciones éticas que para con la sociedad tienen quienes ejercen la abogacía y que plasmó en la definición del Colegio, el fundador, Fray Cristóbal de Torres. Uno con un firme compromiso con la verdad y con la justicia, con el corazón siempre atento para defender a quienes más lo necesitan, uno que sepa que el fin de lucro jamás será más importante que el respeto y promoción de los derechos de todos los individuos.
Finalmente, me encantaría que fuera una persona alegre, una que con su humor hiciera más llevadera la, en ocasiones, difícil realidad que nos rodea. Uno que fuera amable con todas las personas, que jamás niegue un saludo, que siempre tenga un comentario acertado y positivo, que, en una palabra, trate con respeto a todos los que le rodean.
Imagino que ahora, al igual que el arzobispo interpelado por las madres del exclusivo colegio bogotano, dirán que esa persona no existe, que si existiera habría que nombrarlo de inmediato decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario. La verdad es que ya no hay necesidad de hacerlo. Una persona con semejantes cualidades existe, se llama Juan Carlos Forero y, gracias al gran acierto del señor Rector José Manuel Restrepo, desde el 28 de julio, es el nuevo decano ¡Enhorabuena!


3 comentarios:

  1. La frase no es de Echandia, sino de Antonio Rocha. Linda columna.

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  2. MARAVILLOSO! desde su posesión los estudiantes hemos podido sentir el gran cambio y avance de la facultad. Era el rayito de luz que tanto hacia falta en la facultad, una apología a la lógica, coherencia y lo más importante a la ética que se había perdido en la burocracia. Sin duda alguna la mejor decisión

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