sábado, 19 de noviembre de 2016

Los otros minutos de Arrival (A propósito de Arrival, Villeneuve, 2016)

Hay quien dice que a los quince minutos sabemos si nos gustará o no una película. Si tuvieran razón, ahora no estaría escribiendo sobre Arrival. Al fin de cuentas, no sólo el primer cuarto de hora, sino gran parte del filme es una repetición de los elementos que se encuentran en casi todas las películas de extraterrestres y que las hacen unos filmes predecibles y anodinos: unas misteriosas naves llegan y se posan sobre grandes ciudades del planeta; la nave nodriza volará sobre los Estados Unidos, y serán ellos quienes nos rescaten y quienes salven al mundo, como siempre lo hacen… en las películas.
Aun así, decidí quedarme a ver el final, porque hay dos cosas en Arrival que es difícil encontrar en otros filmes: Amy Adams (Louise Banks) y el hecho de que el lenguaje y el problema de la comunicación sean los ejes sobre los que gira la película. En Arrival, Amy Adams hace, quizás, uno de sus mejores papeles. A través de susurros produce una imagen íntima y convincente que da credibilidad y sensibilidad a lo que de otra forma sería una fría y distante película de ciencia ficción. El milagro del lenguaje, sus condiciones, sus limitaciones, sus dificultades son un tema que Arrival aborda con ingenio y profundidad. Algo que también es extraño en las películas de su género.
La verdad, no recuerdo película alguna en la que el lenguaje entre extraterrestres y humanos sea un problema. En Arrival, al contrario, lo es desde el comienzo. Louise Banks, una profesora lingüística, es contratada junto con Ian Donnelly (Jeremy Renner) para que interpreten el lenguaje de los extraterrestres y, sin darles a conocer el inglés, averigüen para qué nos visitan.
Cada 18 horas, los visitantes abren las compuertas de sus naves y dejan entrar a los humanos. Ian y Louise son llevados en el momento oportuno a través de una rendija que conduce a una pantalla, detrás de la cual se encuentran los extraterrestres rodeados de un gas blanco. Como en casi todas las películas de su género, los extraterrestres parecen mezclas de especies terrestres, en este caso algo así como árboles y crustáceos.
El lenguaje de los visitantes es gráfico, son una especie de círculos que perduran uno segundos en el tiempo antes de disolverse en el aire. Ian y Louise no son los únicos que intentan descifrar los símbolos, también lo hacen los otros once países sobre los que flotan las naves extraterrestres. Al principio, la cooperación es sólida y parece que el proyecto de saber qué es lo que quieren los visitantes es una tarea conjunta de la humanidad. Sin embargo, cuando los humanos son capaces de traducir uno de los mensajes, “usa tu arma”, la cooperación es destruida por la desconfianza. Los chinos, en especial dan un ultimátum de 24 horas a los visitantes.
Al final, nos enteramos de que los extraterrestres sólo querían que Louise usará su arma especial, ver el futuro. Y que querían ayudarnos, porque en el futuro necesitarán de nuestra ayuda, pero que sólo seremos capaces de entender el regalo para la humanidad, si las doce ciudades cooperan juntas.
Louise utiliza el arma, ver el futuro, y le dice a un general chino algo que sólo él sabía y, de esta forma, lo convence de parar el ataque a los extraterrestres y convencer a la humanidad de cooperar juntos. Al final de la película, vemos a Louise y a Ian abrazados.
En ese momento, uno se da cuenta de que Ian y Luise serán pareja, tendrán una niña que morirá de cáncer. Lo sabemos, porque así empieza la película, con imágenes que creemos del pasado, pero que son del futuro que Louise puede ver. También sabemos que Ian dejará a Louise, quizás porque ella decidió tener a su hija, a pesar de que sabía cuál sería su trágico destino.
Y bueno, se preguntarán ustedes, ¿no es esta la trama repetida que describí al comienzo? Sí, lo es. Pero mezclada con la repetida hasta el cansancio historia de extraterrestres hay un bello intento de relatar algo que se ha venido contando desde los griegos y que Arrival narra de una forma original y encantadora. El drama de nuestro destino, la pregunta sobre si nuestro futuro está escrito, sobre si en realidad podemos hacer algo por cambiarlo, sobre si vale la pena el sufrimiento de vivir y morir en esta tierra.

Decía que hay gente que cree que a los quince minutos se puede saber si nos gustará o no una película. En un cuarto de hora también, en ocasiones proferimos nuestro juicio final sobre situaciones y personas. El lenguaje en ocasiones demuestra que estábamos equivocados. Demuestra que hay razones que no consideramos o circunstancias que ignorábamos. En Arrival el lenguaje permitió dar cuenta de las inexpugnables complejidades del tiempo. A mí me costó casi una hora para darme cuenta de ello.   

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