sábado, 26 de noviembre de 2016

MURIÓ EL CANALLA

Murió el canalla. El que se perpetuó en el poder por décadas, el de los UMPA y los campos de concentración para homosexuales, el que persiguió a Lezama Lima y a Reinaldo Arenas, el que fusiló a decenas sin previo juicio, el que ordenó al pueblo leer sólo los periódicos de su gobierno, el que prohibió a los Beatles por décadas, el que impidió que los cubanos escucharan estaciones de radio de otros países y envío a cientos a la cárcel por tener las antenas en sus casas orientadas hacia Miami, el que resguardó en Cuba a los guerrilleros colombianos culpables de secuestros y torturas, el que sin ambages declaró que él habría lanzado bombas nucleares así se hubiera acabado la humanidad, el que amasó una gran fortuna mientras su pueblo se moría de hambre, el que obligaba a la gente a escuchar por horas sus discursos a cambio de puntos para intercambiar granos de comida, el que hizo de Cuba una cárcel enorme en la que dejó de existir el derecho a la intimidad, el que ordenó que se chuzaran teléfonos y que hizo de todos los cubanos posibles espías, el que condenó a la muerte a miles de cubanos al obligarlos a salir de su isla en precarias balsas, el que lleno a La Habana de casas en ruinas, el que fomentó el nepotismo y eligió a su hermano como heredero de su dictadura, el homófobo, el intolerante, el genocida, el patrocinador de genocidas, el tirano, el déspota, el criminal, el canalla: Ha muerto Fidel Castro.
La izquierda latinoamericana lo llorará, sin duda. Lo hará, porque ella ha estado siempre dispuesta a denunciar las violaciones a los derechos humanos de todos los regímenes que no sean los suyos. Por eso, Piedad Córdoba pide el matrimonio igualitario en Colombia, pero celebra que Correa se oponga a ellos en Ecuador, por eso denunciaban los macabros ritos aprendidos por los generales en la Escuela para las Américas, pero silenciaban sus voces ante las técnicas de secuestro y muerte que aprendieron en la isla del canalla dictador. Castro ingresará pronto al Olimpo de la izquierda. Allí donde se encuentra el Ché, a pesar de todos los muertos que dejaron sus fusilamientos y su desprecio por quienes pensaban distinto, allí reposa Mao y los millones que dejó la ola de odio que despertó con su mal llamada revolución cultural, allí descansa Pol Pot y el casi entero pueblo camboyano que masacró por delitos tan absurdos como tener gafas o haber estudiado medicina, allí Castro se dará la mano con Stalin, quien desapareció poblaciones enteras para imponer su absurda versión del Capital.

Murió Castro, pero sus guerrillas, sus ejércitos de secuestros, minas antipersonales, reclutamientos forzados de menores quedan. Algunos dirán que sus ideas sobrevivirán. Ojalá eso no sea cierto. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario