martes, 29 de noviembre de 2016

SÍ, LO ERA

Varias personas me han escrito cuestionando algunos de los comentarios que hice en mi anterior entrada sobre Fidel Castro (para leerla, presione aquí). Algunos piensan que a pesar de ser ciertas las afirmaciones que hago, también lo es que el líder cubano tenía aspectos positivos que no deben dejar de tenerse en cuenta. Otros señalan lo que consideran son logros sociales del líder cubano en temas como la salud y la educación. Algotros intentan defender a Fidel mencionando los crímenes de los líderes latinoamericanos que odian.
Creo que estas objeciones son o fácilmente debatibles o ameritan una discusión mucho más larga de la que permite una entrada en un blog. Por ejemplo, es cierto que hay otros líderes latinoamericanos que han cometido crímenes iguales o peores, pero eso no exonera a Fidel de sus actuaciones, eso sólo muestra que él es uno más de la larga historia de criminales que ha gobernado a este continente. Por lo demás, es extraño que se quiera defender a Fidel comparándolo con algunos de los peores líderes latinoamericanos. Es como si uno dijera, en realidad esa persona no es tan mala, mire que asesinó menos que aquel sicópata. Que Hitler haya cometido crímenes atroces no exonera ni a Stalin, ni a Mao, ni a Pol Pot, por sólo mencionar unos ejemplos.

Por otro lado, muchos de los logros de Castro también son cuestionables. Augusto Ramírez Ocampo (¡Qué falta hace en estos días!) solía decir: Fidel resolvió tres problemas en Cuba: la educación, la salud y el deporte. Creó, sin embargo, otros tres: el desayuno, el almuerzo y la comida.  Es cierto que la salud es gratis en Cuba, pero hay hospitales sin yeso para curar fracturas, por sólo mencionar uno de muchos ejemplos.  Por otro lado, es cuestionable la admiración que despierta un sistema educativo en el que hay libros prohibidos y no se pueden debatir con libertad las ideas. Ahora bien, sé que este es un punto que amerita una discusión muchísimo más larga, por lo que voy a dar por  hecho que sí, que Castro tiene algunos méritos en su favor.

No obstante, esos méritos no legitiman sus crímenes ¿Por arreglar la salud, es correcto que Fidel haya perseguido a los homosexuales? Todo dictador tiene algunos méritos, pero ellos no justifican que se conculquen los derechos fundamentales. Pinochet redujo la indigencia, Hitler construyó el sistema de autopistas más desarrollado de Europa, pero fueron terribles dictadores y horrendos criminales. Nada justifica en lo más mínimo los ríos de sangre y destrucción que dejaron sus gobiernos.

Hay, sin embargo, una crítica más difícil de contestar que quisiera responder en lo queda de esta entrada. Algunos amigos sugieren una mezcla de las siguientes premisas: 1. Las actuaciones de Fidel eran necesarias dado el contexto político (guerra fría, embargo, presión por parte de los Estados Unidos). 2. Los derechos humanos no son más que herramientas que permiten al capital expandirse. En otros términos, los absolutos morales con los que yo juzgo a Fidel no son más que talanqueras creadas por los grupos dominantes para retardar o impedir los cambios sociales necesarios.
Yo no estoy de acuerdo con la tesis (2) del anterior párrafo, pero en aras de fomentar una buena discusión, la voy a dar por aceptada. Si no podemos evaluar a Fidel por las violaciones a los derechos humanos durante su gobierno en la isla, al menos podemos juzgarlas en términos de sus practicidad; es decir, podemos preguntarnos si su gobierno era efectivo para lograr los fines revolucionarios que proclamaba.

¿Lo eran? Uno podría justificar (no lo hago, nótese el condicional) algunos crímenes como la constantes violaciones a la intimidad o algunas ejecuciones en la presión de los Estados Unidos, pero, ¿podemos justificar todo lo demás? ¿En qué sentido era necesario perseguir a los homosexuales? ¿Es la orientación sexual contrarrevolucionaria? ¿Iban los Beatles a causar una revolución popular? ¿No podían tomarse algunas de las medidas económicas que hoy se están tomando luego de décadas y que han aliviado, en algo, la pobreza de la gente cubana? ¿Era necesario prohibir la libre circulación en Cuba? ¿Se necesitaba prohibir la libertad de expresión? ¿No podían enviarse los prisioneros a cárceles con mejores condiciones que los muladares en los que Castro enterró a la disidencia política? ¿Eran necesarios todos los fusilamientos? ¿Era peligroso que se crearan medios de comunicación que no fueran controlados por el gobierno?

No sé qué piensen ustedes, pero a mí el retrato que Fidel que se forma luego de responder estas preguntas no es la de un gran estadista que se vio forzado a contravenir algunas normas por el bien de su pueblo, sino la de un ególatra, enceguecido por el poder, temeroso de perder hasta una pizca de su dominio. Un ser sin escrúpulos para asesinar, enviar a campos de concentración, torturar, criminalizar a todo aquel que pensara distinto. Un sátrapa, uno de tantos, y no el gran líder que todos esperan ver en irreales virtudes y falsas buenas obras.

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