domingo, 11 de diciembre de 2016

BOLEROS, REGGAETÓN Y MACHISMO


Después del escándalo que produjo la canción Cuatro Babyes, cantada por Maluma, muchos comentaristas han sugerido que las letras de reggaetón no se diferencian de las de otros géneros que escuchamos desde hace varias décadas. Algunos advierten, con razón, que la música escuchada por los jóvenes siempre ha sido criticada por las generaciones mayores y que el reggaetón es sólo uno más de muchos géneros que han sido machistas y que han defendido horribles crímenes como el feminicidio y el abuso de menores.
A mí me parece que comparar las letras de reggaetón con las de bolero es no sólo un sinsentido, sino una afirmación que se justifica en claras falacias y errores interpretativas. Quienes defienden la anterior tesis, por ejemplo, a menudo caen en una clara falacia de secundum quid. Señalar que algunos boleros contienen letras de un claro contenido machista no significa que el género como tal lo sea, o que la mayoría de sus canciones presentan este tipo de contenidos.
Para afirmar sin incurrir en falacias que el bolero es comparable al reggaetón, habría que hacer una profunda investigación en la que se discutiera el contenido de una gran cantidad de canciones en ambos géneros y se hiciera un análisis estadístico de la frecuencia en las que la invitación al feminicidio o la cosificación de la mujer se presentan en el bolero y el reggaetón. A la fecha, lo que que uno lee en artículos de prensa y comentarios de crítica que se presume calificada son referencias esporádicas a una que otra canción. Jamás la evidencia necesaria para sostener una afirmación tan fuerte.
En segundo lugar, la crítica en ocasiones parte de interpretaciones bastante sesgadas y no contextualizadas de las letras de los boleros. Doy dos ejemplos que son citados en ocasiones para sugerir que las letras de los boleros son tan machistas como las del reggaetón.
La copa rota, compuesta por el boricua Benito de Jesús, es considerada por unos como una invitación al feminicidio, porque dice: “Mozo, sírvame la copa rota/ quiero sangrar gota a gota/ el veneno de su amor” ¿Una invitación al feminicidio?, ¿no? Bueno, sólo si uno no lee la canción. La sangre a la que se refiere es la del bohemio que está bebiendo en una cantina y que está destrozando su propia boca al beber de una copa rota. La sangre es la propia, como queda más que claro en el siguiente verso: “No te apures compañero si me destrozo la boca/ No te apures que es que quiero con el filo de esta copa/ borrar la huella de un beso, traicionero que medio.”
Se requiere un mínimo nivel de comprensión para entender que el bolero no está sugiriendo un feminicidio, sino relatando la historia de un borracho que se rompió la boca en una cantina. Además, el bolero no está cantado en la voz del bohemio, sino de su amigo, “Aturdido y abrumado, por la duda de los celos/ Se ve triste en la cantina a un bohemio ya sin fe.” El bolero está reportando una historia, una de muchas que pasan a diario en los bares del mundo. Jamás sugiere que esa sea la conducta correcta o festeja la actitud del bohemio. De hecho, lo único que celebra la canción es el consejo que le da el mejor de sus amigos, dejar el alcohol y el llanto.
La segunda canción es Cosas como tú. Para los críticos del bolero, la canción es una invitación a la cosificación de la mujer, porque se refiere a la amada como una cosa. Aquí todo depende de la interpretación y de cómo usamos el lenguaje. Una cosa no es un objeto, es todo lo que existe, “Lo que tiene entidad,” dirá la RAE. Por tanto, usted y yo somos cosas, así como el computador desde el cual escribo y la canción que escucho en este momento.
Por lo demás, si se lee bien la canción, verá que a la mujer no se le compara con objetos, sino con momentos que despiertan ciertos sentimientos, “Un rayo de luna que nos acaricia… el perfume de una rosa desmayada” Y no son objetos para atesorar, sino para llevar en el alma, como deja claro el estribillo de la canción. Es importante resaltar, que la comparación en sí no se hace con los objetos, sino con lo que ellos despiertan, la caricia del rayo de luna, la frescura de la fuente del patio.
La canción jamás trata a la mujer como un objeto, lo que hace evocar su recuerdo con referencia a ciertos objetos. En el fondo, ese es uno de los motivos de la poesía. Cuando no somos capaces de narrar algo, lo comparamos con objetos. Uno dice, era firme como una roca. Lo cual, no quiere decir que para uno la persona sea un mineral. Igual, uno puede decir, sus ojos eran como el mar, pero con eso no se quiere decir que sólo sean los ojos lo que lo atrae a uno de la persona, o que se pretenda que uno trate a la persona como a una playa.
Ahora bien, supongamos que mi interpretación es errada y que los textos sí son una invitación a las conductas machistas que encuentran los críticos ¿Tienen el mismo nivel de cosificación de la mujer el bolero que letras de reggaetón que invitan de forma directa a la violación? ¿Si sigues con esa actitud voy a violarte, así que no te pongas alzadita es comparable con decirle a una mujer que se parece a la caricia de un rayo de luna? ¿Alardear de querer enviar a una mujer a cuidados intensivos (Ella se vuelve loca cuando le metro agresivo, cuando la cojo por el pelo, la pego a la pared y le digo la voy a mandar pa’intensivos) se parece en algo a querer destrozar uno su propia boca por la tristeza que le dejó la partida de una mujer?

No caigamos en engaños. La sociedad de los boleros fue sin duda menos justa e incluyente y mucho más sexista que la actual. Aun así, fue capaz de dejarnos bellas canciones, muchas de las cuales son boleros. 

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